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Dinamarca da con la clave: crea un invento que logra que la fruta y la verdura se mantengan frescas más tiempo en casa

La solución al desperdicio diario de comida se encuentra en un elemento natural, abundante y barato capaz de bloquear el gas que pudre tu compra.

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¿Cuántas veces has ido a preparar una ensalada o a comer un plátano y te has encontrado con que se ha echado a perder antes de tiempo? El desperdicio de frutas y verduras en los hogares y supermercados es un problema tan invisible como frustrante.

Sin embargo, un equipo de científicos daneses parece haber encontrado una solución revolucionaria, económica y sorprendentemente sostenible utilizando un elemento que está literalmente bajo nuestros pies.

El gran responsable de que un aguacate pase de estar duro como una piedra a completamente negro en cuestión de horas es el etileno. Esta hormona vegetal, liberada de forma natural por los alimentos en forma de gas, funciona como un acelerador del reloj biológico de las plantas.

Durante el transporte en barcos, camiones y almacenes, el etileno se acumula de forma masiva, provocando que toneladas de comida lleguen a las tiendas al límite de su vida útil o directamente inservibles.

Hasta ahora, la industria dependía de complejos sistemas de refrigeración industrial o de conservantes artificiales costosos. Pero la Universidad de Copenhague ha decidido cambiar drásticamente de estrategia emulando a la propia naturaleza.

La clave de este avance científico es la montmorillonita, una arcilla común, barata y extremadamente abundante en casi cualquier rincón del planeta.

En su estado natural, este mineral apenas interactúa con los gases ambientales. No obstante, los investigadores daneses desarrollaron un tratamiento químico muy suave capaz de expandir de forma precisa los canales internos de su estructura microscópica.

Aguacates abiertos encima de un plato y aguacates enteros.

Aguacates abiertos encima de un plato y aguacates enteros. jcomp freepik

El resultado es un material superabsorbente que atrapa el etileno y bloquea su liberación de forma permanente. Lo mejor de todo es que no se necesitan componentes escasos ni procesos industriales contaminantes.

Al tratarse de una arcilla natural con bajísima toxicidad, su uso es completamente seguro para estar en contacto indirecto con lo que comemos.

¿Cómo llegará esto al consumidor final? El equipo científico imagina una aplicación sumamente práctica y familiar: pequeñas bolsitas de polvo de arcilla parecidas a los sobres de gel de sílice que encuentras habitualmente en las cajas de zapatos o dispositivos electrónicos.

Estos discretos parches se colocarían de forma masiva en los contenedores de transporte logístico, en los estantes de las tiendas o directamente dentro de las bandejas de fruta que compramos a diario.

Más allá de reducir las alarmantes cifras de desperdicio alimentario —donde la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que un tercio de la comida mundial termina directamente en la basura—, esta tecnología tiene un beneficio colateral que entusiasmará a los consumidores: el sabor de los alimentos.

Actualmente, para que una fruta resista semanas de viaje internacional, se recolecta de forma prematura. Esto impide que el alimento desarrolle todos sus aromas y azúcares naturales en la propia planta.

Al poder controlar el etileno de manera eficaz con estas nuevas bolsas de arcilla, los agricultores tendrán un margen de tiempo precioso para retrasar la cosecha. Esto se traducirá en mangos, melocotones y tomates recolectados en su punto óptimo, con texturas perfectas y un sabor mucho más auténtico.