Sánchez y Merz en La Moncloa.

Sánchez y Merz en La Moncloa. Omicrono

Tecnología

España y Alemania plantan cara a la UE: rechazan la prohibición a una de las compañías chinas más potentes del mundo

España y Alemania frenan el veto de Bruselas a Huawei, defendiendo su soberanía y el vínculo económico con Pekín frente a la UE.

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España y Alemania encabezan la oposición frente a los planes de la Comisión Europea para vetar a los proveedores tecnológicos chinos en las redes de telecomunicaciones. Ambas naciones defienden el mantenimiento del control estatal sobre estas infraestructuras críticas frente a las directrices de Bruselas.

Los funcionarios de estos países expresaron su preocupación por las posibles represalias comerciales que Pekín podría aplicar si se ejecuta el veto. Además, advirtieron que esta exclusión podría encarecer significativamente los planes europeos para el desarrollo de infraestructuras de inteligencia artificial.

La Comisión Europea calificó previamente a las empresas Huawei Technologies y ZTE como proveedores de alto riesgo para la conectividad. Por esta razón, el órgano ejecutivo de la Unión Europea presiona a los Estados miembros para que excluyan a ambas firmas.

Actualmente, las decisiones sobre infraestructuras corresponden de forma exclusiva a los gobiernos nacionales de cada país. Sin embargo, Bruselas busca centralizar esta supervisión mediante una profunda revisión de la actual Ley de Ciberseguridad.

Las modificaciones propuestas expandirían las evaluaciones de seguridad para incluir los riesgos de influencia por parte de estados extranjeros. La intención última de la comisión es lograr que sus recomendaciones tengan un carácter legalmente vinculante.

Los gobiernos europeos se encuentran en una posición compleja debido a las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China. Las capitales intentan equilibrar los beneficios económicos del comercio con la necesidad de vigilar sus redes críticas.

El canciller alemán, Friedrich Merz, ha modificado su postura previa respecto a la dependencia comercial con el gigante asiático. El mandatario germano anunció recientemente un nuevo esfuerzo diplomático destinado a fortalecer las relaciones bilaterales sino-alemanas.

La Unión Europea también evalúa levantar de forma temporal las sanciones impuestas a un proveedor de chips de origen chino. Esta medida busca proteger y garantizar el suministro de componentes esenciales para la cadena automotriz continental.

Legisladores y expertos de seguridad de Occidente sostienen desde hace años que las firmas chinas podrían instalar accesos no autorizados. Según estas advertencias, estas herramientas ocultas permitirían el control remoto de datos personales de los usuarios.

Tanto Huawei como ZTE rechazaron de forma tajante estas acusaciones sobre la seguridad de sus equipos de conectividad. Un portavoz de Huawei afirmó que la exclusión basada en el origen viola los principios legales de equidad.

Un portavoz de la Comisión Europea evitó realizar comentarios específicos sobre las posturas individuales adoptadas por cada país. No obstante, el representante institucional enfatizó que Europa no puede dejar desprotegidas sus redes estratégicas de comunicación.

El organismo comunitario calcula que las operadoras de telefonía móvil deberán asumir un coste económico muy elevado. Reemplazar esta tecnología asiática supondrá un desembolso estimado de entre 3.400 y 4.300 millones de euros.

El Ministerio del Interior de Alemania confirmó que las deliberaciones internas sobre la Ley de Ciberseguridad continúan activas. Las consultas formales entre los diferentes ministerios implicados en la decisión comenzaron durante esta misma semana.

Un representante del gobierno de España manifestó el respaldo de su país a la reforma general de la normativa. Sin embargo, el portavoz español defendió que los Estados miembros deben conservar una participación adecuada en el proceso.

Madrid considera indispensable que las administraciones nacionales decidan si un proveedor o producto específico presenta riesgos estructurales reales. La diplomacia española ha mostrado una postura más abierta hacia los intereses de Pekín últimamente.

El presidente Pedro Sánchez visitó la capital china en cuatro ocasiones durante los últimos cuatro años de mandato. Estos viajes oficiales buscan atraer inversiones extranjeras para el sector de los vehículos eléctricos y las energías limpias.

Alemania se sumó a este enfoque de acercamiento a pesar de las discrepancias internas en su coalición. Existen diferencias de criterio notables entre los distintos ministerios encargados de gestionar esta transición tecnológica.

Antena de telefonía

Antena de telefonía Omicrono

Ciertas facciones del ejecutivo germano apoyan la reducción drástica de la dependencia comercial con el mercado asiático. En cambio, otros sectores políticos describen esta propuesta de ruptura como una verdadera bomba política desestabilizadora.

El gobierno alemán acordó retirar los componentes de Huawei y ZTE de sus redes centrales de telefonía móvil. Este proceso de desmantelamiento técnico se fijó para completarse antes del cierre del presente año.

La ministra de Economía de Alemania, Katherina Reiche, hizo un llamamiento a la prudencia comercial en el bloque. La política afirmó que las restricciones no deben perjudicar las exportaciones europeas hacia el país asiático.

Reiche recordó la condición de Alemania como una potencia eminentemente exportadora que debe proteger sus propios intereses comerciales. La ministra realizó estas declaraciones ante la prensa durante una visita oficial a Pekín.

La posición alemana busca contrarrestar la competencia desleal en sectores tradicionales como el acero mediante medidas compensatorias. Al mismo tiempo, el ejecutivo germano prioriza que sus empresas mantengan el acceso al mercado exterior.

La pugna regulatoria refleja el dilema del continente ante la transición hacia la nueva infraestructura digital global. Las decisiones que se adopten en los próximos meses determinarán el futuro de las telecomunicaciones europeas.

La división entre las instituciones de Bruselas y las principales economías del euro dificulta un consenso rápido. El debate sobre la soberanía tecnológica frente a la globalización económica sigue abierto en la Unión.