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Dentro del laboratorio que Apple tiene en el centro de Madrid: así mejora la conexión a los iPhone de todo el mundo

En una céntrica calle de la capital, Apple dispone del pionero Laboratorio de Innovación Inalámbrica donde trabajan más de 80 ingenieros.

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Cuando sacas el iPhone del bolsillo para enviar un whatsapp, realizar un pago sin contacto o simplemente conectar al WiFi de casa esperas que todo funcione al instante, casi mágicamente. Para lograrlo, Apple realiza un enorme trabajo de ingeniería y diseño detrás de cada dispositivo y uno de sus laboratorios más avanzados del mundo está en pleno centro de Madrid.

En la comodidad de un céntrico barrio de Madrid se encuentra el Laboratorio de Innovación Inalámbrica de Apple, un punto clave en el desarrollo de las antenas que tienen los productos de Apple.

Se trata de un enclave discreto, sin pompa, y es la primera vez que la compañía lo abre a personal ajeno a la empresa. Sin embargo, en su interior alberga máquinas punteras y un talentoso equipo de 80 ingenieros que logran exprimir y probar las últimas tecnologías inalámbricas de la empresa reportando directamente a Cupertino.

En EL ESPAÑOL - Omicrono hemos podido entrar en este laboratorio y ver de primera mano cómo se trabaja desde Madrid en el diseño y algunas de las pruebas de comunicaciones a las que someten a los dispositivos que llevan millones de usuarios en el bolsillo.

Y es que el trabajo que se realiza en pleno corazón de Madrid impacta en los usuarios de todo el mundo. Sus investigaciones y desarrollos contribuyen de forma directa al diseño de los dispositivos que se compren EEUU, China o —por supuesto— España.

Laboratorios con este grado de especialización son rara avis a nivel mundial, existiendo algunas —pocas— instalaciones similares en EEUU, Alemania o enclaves de Asia.

Cámara anecoica del Laboratorio de innovación inalámbrica de Apple en Madrid

Cámara anecoica del Laboratorio de innovación inalámbrica de Apple en Madrid Apple Omicrono

Así por ejemplo, el laboratorio de Madrid desempeñó un papel clave en las pruebas del N1, el chip de red inalámbrica diseñado por Apple que estrenó en los últimos iPhone Air, iPhone 17 Pro y iPhone 17, y el cual permite la conectividad WiFi 7, Bluetooth 6 y Thread.

"Nuestras instalaciones de Madrid se encuentran entre los laboratorios de innovación inalámbrica más avanzados de Apple", explica Tom Marieb, vicepresidente de Ingeniería de Hardware de la compañía.

Obsesión por lo invisible

Para Apple hay una máxima fundamental irrenunciable y que le obsesiona: la experiencia de usuario.

Hay una fijación absoluta por lograr esa sensación de usar un dispositivo y que todo funcione de una forma fácil y sencilla. Casi mágica. Se lleva a todos los apartados, incluyendo las conexiones inalámbricas.

Dentro del laboratorio que Apple tiene en el centro de Madrid

Para lograrlo, el trabajo en el laboratorio madrileño se divide en dos grandes áreas de trabajo: chips y antenas. Es decir, la electrónica interna y el hardware que procesan las señales; y por otro, el diseño y optimización de las propias antenas.

Y es que atrás quedaron los años en los que las antenas sobresalían en los teléfonos y hoy en día se encuentran en esas pequeñas franjas laterales que puedes observar en la parte superior e inferior del teléfono, o rodeando al plató —el módulo de cámaras— del iPhone 17 Pro Max.

Hay que tener en cuenta que el ecosistema inalámbrico que se encuentra dentro de un dispositivo es tremendamente complejo y todo influye en la señal.

En el interior de un teléfono conviven la red celular para hablar por la calle, el WiFi para casa, el Bluetooth para conectar accesorios, el NFC para los pagos, la tecnología de banda ultraancha para localizar objetos con precisión e incluso la conectividad satelital para emergencias o el GPS.

Antenas en el iPhone 17 Pro Max

Antenas en el iPhone 17 Pro Max Chema Flores Omicrono

El gran reto de la industria, y el quebradero de cabeza de estos 80 ingenieros en Madrid, es conseguir empaquetar todas estas tecnologías junto a pantallas, cámaras y baterías sin que las antenas sean visibles y haciendo que todo funcione a la perfección y en cualquier escenario.

"Los ingenieros realizan miles de pruebas para replicar las condiciones del mundo real a las que se enfrentan miles de millones de dispositivos cada día, desde redes urbanas saturadas hasta entornos de baja cobertura. Es en laboratorios como estos donde garantizamos la experiencia inalámbrica fluida y fiable que esperan nuestros clientes", detalla Marieb.

iPhone Air

iPhone Air Chem Omicrono

Este nivel de exigencia se intensifica con cada salto generacional. El desarrollo de nuevos estándares globales y, la ambición por ser cada vez mejores, obliga a un trabajo constante de adaptación de los componentes electrónicos y el rendimiento de los equipos.

Así por ejemplo, el laboratorio madrileño tuvo un papel destacado en las pruebas del reciente chip N1 que se encuentra en los iPhone 17 y iPhone Air, pero que se pueden seguir ampliando a otros dispositivos. Y es que con estos chips propios Apple busca ser cada vez más independiente y eficaz, ofreciendo más capacidades con más rendimiento y menos consumo de recursos.

Un completo campo de pruebas

La medición de las ondas inalámbricas conlleva una abrumadora complejidad técnica en la que no sólo se necesita a un grupo de ingenieros expertos en telecomunicaciones de primer nivel, sino también de una maquinaria que marque la excelencia.

Por eso impresiona al ver todo lo que Apple dispone en la planta inferior de su laboratorio madrileño. Una ambición técnica conformada por una cámara de campo cercano, una cámara anecoica de campo lejano y una cámara de reverberación. Tres equipos que impresionan al verlos en marcha.

La primera de las pruebas que pudimos ver fue una medición en campo cercano centrada en el GPS.

Aquí, un ingeniero nos muestra cómo trabaja con un iPhone Air abierto y conectado directamente a los equipos para aislar la antena del resto de componentes.

El objetivo es crítico el teléfono debe ser capaz de recibir la señal de un satélite situado a 20.000 kilómetros de altura, independientemente de cómo esté orientado y sin importar la posición en la que lo sostenga el usuario. Debe funcionar siempre.

Esta cámara está equipada con un anillo naranja lleno de probes, o mini antenas, que transmiten señales desde diferentes ángulos de llegada. El sistema rota el dispositivo y realiza un barrido automático en todas las direcciones del espacio.

Cámara anecoica del Laboratorio de innovación inalámbrica de Apple en Madrid

Cámara anecoica del Laboratorio de innovación inalámbrica de Apple en Madrid Apple Omicrono

Las paredes de esta estructura están forradas con un material absorbente que evita cualquier tipo de rebote o reflexión interna; ya que se busca medir la señal pura y sin distorsiones.

El ingeniero utiliza gráficos 3D en tiempo real desde el que visualizan los patrones de transmisión de las antenas para medir el rendimiento en bruto.

La ventaja de estos equipos es que los ingenieros pueden realizar modificaciones milimétricas y volver a medir hasta alcanzar la perfección.

La segunda de las pruebas es aún más impresionante.

Se trata de una cámara anecoica de campo lejano de gran tamaño, donde caben sin problemas dos personas en su interior. Al cruzar el umbral de la misma, se hace el silencio y la percepción del sonido cambia por completo ya que paredes, suelo y techo están forrados de material absorbente para crear un entorno electromagnéticamente inerte. La idea es emular que el iPhone está sólo en el universo, que la señal que transmite no regrese.

Durante la demostración encontramos un iPhone 17 Pro Max ensayando conexiones celulares reales y sistemas automatizados de posicionamiento 3D para probar la movilidad de los dispositivos y los escenarios de transferencia de red.

Para hacerlo, el teléfono gira sobre un mástil mientras un arco de antenas mide su capacidad de transmisión en 360 grados. Fuera, en los monitores, se observa un diagrama tridimensional con zonas de colores que indican dónde es más potente la transmisión, permitiendo así aislar el rendimiento de cada antena por separado o combinada.

En el laboratorio disponen de manos artificiales o maniquíes para probar los dispositivos en función de cómo se sujetan. Sin embargo, las grandes dimensiones de esta cámara permiten además jugar con más posiciones y escenarios ya que incluso se puede colocar dentro una persona y así probar escenarios más fieles aún.

Y es que el simple hecho de agarrar el teléfono con la mano puede tapar una de las antenas integradas en uno de los bordes, con lo que medir este impacto con precisión científica y repetible es clave para el desarrollo de los componentes.

Cámara anecoica del Laboratorio de innovación inalámbrica de Apple en Madrid

Cámara anecoica del Laboratorio de innovación inalámbrica de Apple en Madrid Apple Omicrono

Si estas dos cámaras buscan aislar la señal para que el teléfono lo reciba lo mejor posible, la tercera cámara del laboratorio busca todo lo contrario.

Se trata de la cámara de reverberación cuyo objetivo es simular el caos de señales del mundo real en el que viven los usuarios. Así por ejemplo, cuando estamos en casa, las ondas rebotan en las paredes, suelo y techo, llegando al dispositivo completamente distorsionadas.

Para replicar ese entorno Apple dispone de una cámara de reverberación construida íntegramente en metal que cuenta con unos grandes paneles capaces de moverse para evaluar así la experiencia diaria del usuario (latencia y velocidades) en entornos con múltiples reflexiones de señal.

Este movimiento mecánico de los paneles genera ecos que simulan, por ejemplo el efecto de una persona caminando por una habitación con el teléfono.

Un detalle a tener en cuenta es que en cualquiera de las cámaras se puede probar cualquier tipo de señal inalámbrica. Las tres están preparadas para hacerlo y cambiar los diferentes escenarios posibles a los que se enfrentaría un iPhone. Tanto es así que hay una estación base de telefonía 5G real conectada al laboratorio.

Una vez analizado todo y sacados los informes correspondientes, la información pasará a formar parte directa del desarrollo de los equipos que se hace en Cupertino. Por eso, no es de extrañar el orgullo que destila el equipo local. La satisfacción de saber que desde Madrid se trabaja en la excelencia.

Desde este discreto edificio en el corazón de Madrid, decenas de ingenieros aportan su granito de arena, realizando un trabajo invisible e hiperespecializado para que la tecnología que usamos a diario siga pareciendo, simplemente, magia.