Donal Trump, Úrsula Von der Layen y Xi Jinping

Donal Trump, Úrsula Von der Layen y Xi Jinping Omicrono

Tecnología

La UE y EEUU se alían contra China: crean un pacto contra el dominio del país asiático en materias primas críticas

Europa y EE. UU. sellan una alianza estratégica para romper el monopolio de China sobre los minerales críticos y asegurar el futuro tecnológico occidental.

Más información: Estados Unidos cambia las normas: Qué es Pax Silica, la nueva y potente apuesta geopolítica de Donald Trump

Publicada
Actualizada

La tecnología no es solo software y procesadores de última generación. El verdadero campo de batalla actual está bajo tierra, en las minas y en los depósitos de minerales que permiten que los teléfonos móviles, los coches eléctricos o la batería de los portátiles funcionen.

Durante décadas, Occidente ha mirado hacia otro lado mientras China tejía una red invisible pero indestructible sobre los materiales críticos. Pero eso va a cambiar.

La Unión Europea y Estados Unidos acaban de sellar un pacto que no es simplemente un acuerdo comercial más. El objetivo es claro: romper el monopolio de Pekín sobre las materias primas críticas, esos minerales que son el petróleo del siglo XXI y que, hasta ahora, pasaban casi obligatoriamente por manos chinas antes de llegar a nuestras fábricas.

Para entender la magnitud de este movimiento, hay que mirar las cifras. China controla una parte masiva del procesamiento de tierras raras, litio y cobalto. Si mañana Pekín decidiera cerrar el grifo, la transición energética europea y la industria tecnológica estadounidense se detendrían en seco. Es una vulnerabilidad que Bruselas y Washington ya no están dispuestos a tolerar.

Este nuevo foro de colaboración entre la UE y EEUU busca crear una cadena de suministro alternativa. No se trata solo de extraer más minerales en suelo propio, algo que siempre es complicado por las normativas medioambientales, sino de crear una red de países aliados que aseguren que el flujo de materiales no se detenga por tensiones geopolíticas. Es, en esencia, blindar el futuro de la tecnología occidental.

No es solo economía, es seguridad nacional

Lo que estamos viendo es un cambio de mentalidad radical. Durante años, la globalización nos hizo creer que no importaba dónde se fabricaran las cosas mientras fueran baratas.

La crisis de los microchips y la guerra de Ucrania nos han dado una bofetada de realidad: la dependencia es una debilidad que los rivales estratégicos no dudan en explotar.

El acuerdo establece mecanismos para que las inversiones en proyectos mineros y de procesamiento sean coordinadas. Europa pone sobre la mesa su Ley de Materias Primas Críticas y EEUU su Ley de Reducción de la Inflación (IRA).

Juntos, quieren incentivar que las empresas dejen de mirar a China como la única opción viable. Es un movimiento agresivo que busca reindustrializar Occidente bajo premisas de sostenibilidad y, sobre todo, de independencia.

El reto de la ejecución

Sin embargo, el papel lo aguanta todo, pero la realidad de la minería es distinta. Abrir una mina en Europa o en Estados Unidos es un proceso que puede durar una década entre permisos y protestas sociales.

China, por el contrario, no tiene esos problemas de burocracia ni de opinión pública, lo que le permite escalar su producción a una velocidad que nosotros no podemos seguir.

Presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Fred Guerdin Europa Press

Por eso, este pacto se centra tanto en la innovación. No basta con sacar piedras del suelo; hay que ser mejores reciclando y buscando sustitutos sintéticos. La UE y EEUU saben que no pueden ganar a China en su propio juego de volumen y costes bajos, así que la apuesta es ganar por inteligencia y diversificación.

Si logran que el reciclaje de baterías se convierta en una fuente primaria de materiales, el tablero de juego cambiará para siempre.

Esta guerra por los materiales críticos va a definir cuánto costarán nuestros próximos dispositivos y, lo más importante, si habrá stock suficiente. Si Europa y EEUU fracasan, seguiremos al dictado de los precios y las decisiones políticas de Pekín.

Estamos ante el inicio de una nueva era donde la soberanía tecnológica es la prioridad absoluta. Ya no se trata de quién diseña el mejor chip, sino de quién tiene el material para fabricarlo. Y por primera vez en mucho tiempo, Occidente parece tener un plan conjunto para no quedarse atrás en la carrera más importante del siglo.