Jensen Huang, cofundador y CEO de Nvidia.

Jensen Huang, cofundador y CEO de Nvidia. Europa Press Omicrono

Tecnología

El secreto del éxito de Jensen Huang con Nvidia: combina ser el 'reverso luminoso' de Elon Musk con una "ira incontenible"

Nvidia fue la primera compañía en romper el techo de los 5 billones de dólares, ahora una biografía disecciona cómo es realmente su CEO.

Más información: Nvidia comienza a vender su superordenador con IA de uso personal: un potente centro de datos en tu escritorio

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"Hago todo lo que puedo para no fracasar". Esta frase de Jensen Huang, cofundador y CEO de Nvidia desde hace más de 30 años, resume de la mejor manera posible su forma de entender el mundo y, por extensión, la tecnología.

Es un lema grabado a fuego desde los inicios de Nvidia, la empresa con mayor capitalización bursátil de la historia, la primera en alcanzar los 5 billones de dólares, que esta semana celebra su conferencia anual GTC (GPU Technology Conference) en San José (California).

El contexto es sorprendente y da pistas sobre el futuro. La escasez de memoria RAM y otros componentes ha llevado a Nvidia a renunciar al lanzamiento de una nueva tarjeta gráfica en 2026, la primera vez que eso ocurre en una compañía acostumbrada a lanzar al menos un producto así cada 6 meses.

Nvidia, que empezó su andadura en los años 90 fabricando el motor gráfico de los ordenadores en pleno boom de los videojuegos de PC, se ha convertido en el epicentro de la revolución de la IA, concentrando las necesidades y esperanzas de la industria tecnológica como ninguna otra empresa.

Por eso es tan importante leer, también entre líneas, lo que cuenta la biografía La máquina pensante. Jensen Huang, Nvidia y el microprocesador más deseado del mundo, recién publicada en España por Anaya.

El autor, el periodista Stephen Witt, define a este tecnoligarca, en la terminología de Pedro Sánchez, como lo más parecido al reverso luminoso de Jeff Bezos, Mark Zuckerberg y, sobre todo, Elon Musk, mucho más dados a los excesos, las bravuconadas y los escándalos de todo tipo.

La de Huang, por el contrario, es una historia de tozudez, estajanovismo laboral, intuición empresarial y, por qué no, algo de suerte. Su mayor excentricidad fue empezar a vestir chaquetas de cuero negro, que se han convertido en una de sus señas de identidad.

Sede de Nvidia en San José, California.

Sede de Nvidia en San José, California. Reuters Omicrono

El suyo es el triunfo de un tipo discreto en público y con cierta tendencia a los ataques de ira en privado que, a pesar de tener una fortuna estimada de 150.000 millones de dólares —y subiendo— (unos 126.445 millones de euros), sigue trabajando entre 12 y 14 horas diarias los siete días de la semana.

Witt describe a Jensen como alguien "encantador, divertido, autocrítico y a menudo contradictorio". Pero el adjetivo que mejor lo define, según el autor del libro, es "escurridizo". Y eso después de cerca de 200 entrevistas a empleados, cofundadores de Nvidia, sus principales rivales y al propio Huang. Entre todos dibujan un retrato coral y poco complaciente de líder visionario y jefe implacable que apostó por la IA cuando (casi) nadie creía en ella.

"Huang no piensa como un hombre de negocios, sino como un ingeniero. Descompone conceptos difíciles en principios sencillos y luego aprovecha esos principios para obtener grandes resultados", explica Witt. Y solo así se puede entender cómo ha conseguido que Nvidia vaya a sustituir a Apple como principal cliente de TSMC, el gigante taiwanés, en un insólito cambio de paradigma en la industria de los chips.

Los inicios de la leyenda

Jen-Hsun Huang nació en Taiwán en 1963, se crió en Tailandia y a los 10 años se mudó junto a su hermano a Kentucky (EEUU), donde estudió en un internado en el que sufrió bullying desde el primer día.

Sus progenitores, un ingeniero químico y una profesora de primaria, no eran los típicos 'padres tigre' asiáticos, estrictos, autoritarios y con altas expectativas sobre sus hijos. Sin embargo, el alto nivel de autoexigencia parecía impreso en el ADN del pequeño Huang desde que tuvo uso de razón.

Podía haber tenido una prometedora carrera como jugador profesional de ping-pong gracias a su agilidad y su capacidad de concentración, pero lo que de verdad le apasionaba era la informática desde que en 1977 un nuevo y reluciente Apple II llegó a su instituto. Su fascinación fue instantánea, el primer paso de los muchos que le llevaron a convertirse en el magnate que es hoy en día.

Jensen Huang en la primera oficina de Nvidia.

Jensen Huang en la primera oficina de Nvidia. Nvidia Omicrono

Sus estudios de ingeniería eléctrica en la Universidad Estatal de Oregón sentaron las bases de su imperio al frente de Nvidia pero también las de su vida personal: no sólo aprendió a diseñar circuitos y otros componentes de los microprocesadores, sino que allí conoció a Lori Mills, que luego se convertiría en su esposa y lo sigue siendo hoy en día, tras renunciar a su propia carrera en la industria tecnológica para criar a sus dos hijos en común.

Jensen pasó de trabajar como friegaplatos y camarero en Denny's, una cadena de restaurantes de EEUU, a entrar en AMD con solo 20 años. Un año después, fichó por LSI Logic, "una innovadora empresa de Silicon Valley que desarrolló las primeras herramientas de diseño de software para arquitectos de procesadores", cuenta Witt.

Según lo describe su biógrafo, aquella oficina de mediados de los años 80 en la que se curtió Jensen era casi una réplica de las de Lumon Industries en la serie de AppleTV Severance: "una cuadrícula de cubículos bajos que los empleados llamaban 'el foso'". Para Huang, aquel lugar "era el paraíso. No parecía haber ningún lugar en el mundo en el que prefiriera estar".

El rápido ascenso y la reputación del joven ingeniero taiwanés se forjaron a través de una "ética de trabajo surrealista", por la que estaba dispuesto a "sacrificar su vida personal y su cordura para resolver una serie interminable de difíciles problemas técnicos".

De lo que se trataba, resume Witt, era de "llevar las capacidades de los circuitos más allá de lo que nadie creía posible". Para ello, se alió con Chris Malachowsky y Curtis Priem, diseñadores de procesadores que trabajaban en Sun Microsystems. Ellos fueron los cofundadores de Nvidia y estaban tan convencidos de las capacidades de Huang que le dieron las riendas de la empresa. Desde entonces, las ha sujetado con tanta firmeza como convicción.

Un enorme comecocos

La leyenda de HP, Apple, Microsoft y otras empresas se forjó inicialmente en un garaje. En cambio, "Nvidia invirtió el cliché al trasladar los muebles de Priem al garaje y trabajar desde las dos habitaciones de la planta superior de su adosado situado en una urbanización".

La primera oficina de Nvidia en Sunnyvale (California), tampoco fue una entrada en el negocio por todo lo alto. Tenía una moqueta deshilachada y estaba junto a un restaurante chino, del que emanaban los olores de la comida para llevar. Desde las ventanas, los primeros trabajadores de la compañía eran testigos de los continuos atracos que sufría una sucursal bancaria.

Antes de la llegada de esta nueva y ambiciosa aspirante a hacerse un hueco en el sector, había hasta 35 compañías compitiendo por el incipiente nicho de negocio de las aceleradoras gráficas para PC, que no parecía ni de lejos tan lucrativo como acabó siendo.

La primera GPU de Nvidia.

La primera GPU de Nvidia. Nvidia Omicrono

Pero con la llegada de los FPS (videojuegos de disparos en primera persona) como Doom, todo cambió: el futuro pasaba por mundos 3D rápidos y actualizados en tiempo real, lo que hizo imprescindible la aceleración 3D por hardware.

Cuando el viento parecía soplar a su favor, la gran apuesta de Huang y su equipo por una arquitectura distinta para el procesado de gráficos supuso un severo traspiés. Su primer gran lanzamiento, la tarjeta NV1, apostó por una tecnología distinta a la que estaba imponiendo Microsoft... y tras vender 100.000 unidades que incluían una copia del primer Virtua Fighter, el mercado lo rechazó de forma tan rápida como cruel.

La práctica totalidad de los 250.000 chips que había comprado Diamond Multimedia, la distribuidora que se encargaba de comercializar esas primeras tarjetas gráficas, fueron devueltas, lo que dejó a Nvidia sin ingresos y con los almacenes llenos de un stock invendible.

Según revela el propio Huang, la compañía estuvo al borde de la bancarrota (no sería la última vez). Por eso despidió a 65 de los 100 trabajadores que tenía en plantilla, algo que no ha vuelto a repetir hasta la fecha, cuando la compañía suma cerca de 36.000 empleados a nivel mundial.

Pantallazo del primer Doom de PC.

Pantallazo del primer Doom de PC. id Software Omicrono

Los problemas no acabaron ahí. Tras firmar un contrato millonario con Sega para suministrar el chip gráfico de la consola Dreamcast, los técnicos de Nvidia se dieron cuenta de que su diseño no iba a cumplir el estándar DirectX y el proyecto parecía condenado al más absoluto y estrepitoso de los fracasos.

Sin embargo, esa derrota fue el principio del despegue de Nvidia. Jensen Huang viajó a Japón, admitió el fallo ante el CEO de la compañía de videojuegos y logró que los últimos 5 millones del contrato se reconvirtieran en inversión en su empresa, dándole oxígeno para desarrollar la RIVA 128, el chip de PC que sí triunfó y sacó a Nvidia de una más que probable quiebra.

Poco después llegó la GeForce 256, que consolidó la posición de la compañía. Desde ese momento y bajo la firme batuta de Huang, Nvidia se convirtió en lo más parecido a un inmenso e insaciable comecocos dispuesto a arrasar con todas las oportunidades que iba encontrando a su paso, pero también con los 'fantasmas' que pretendían comérselo a él.

Empezó a fichar talento de la competencia y, gracias a su éxito, fue comprando o llevando a la ruina, una detrás de otra, a la mayor parte de las compañías que solo unos años antes miraban por encima del hombro a Nvidia y al propio Huang.

CUDA y la era de la IA

Pese a algunas zozobras a inicios de la década de los 2000, cuando las acciones de Nvidia cayeron más de un 90% y el lanzamiento de la GeForce GX fue un sonoro fiasco por culpa de un ventilador defectuoso, los productos de la compañía se habían convertido en el objeto de deseo de todos los fanáticos de los juegos de PC.

La dificultad de representar gráficos cada vez más realistas en los videojuegos había puesto al límite los procesadores tradicionales, diseñados para ejecutar las instrucciones de forma serial y no en paralelo.

Para superar ese cuello de botella, Nvidia empezó a experimentar con chips capaces de realizar miles de operaciones simultáneamente, lo que se conoce como procesamiento paralelo, y de ahí nació la idea moderna de las GPU como procesadores especializados en tareas masivamente concurrentes.

El salto al procesamiento paralelo supuso un aumento espectacular de la potencia y la velocidad de cálculo, pero dejó un problema enorme: programar estas máquinas era terriblemente complejo.

Jensen Huang en un viaje a Taiwán.

Jensen Huang en un viaje a Taiwán. Reuters Omicrono

Para que esa capacidad no quedara reservada a unos pocos expertos, Nvidia puso en marcha en secreto un proyecto bautizado como CUDA (Arquitectura Unificada de Dispositivos de Cómputo), una plataforma de software que permitiera usar las GPU, hasta entonces pensadas solo para jugar, en cualquier tarea que necesitara fuerza bruta de computación.

CUDA fue el golpe maestro de Nvidia. Fue lo que abrió la puerta a aplicar las GPU a simulaciones científicas, análisis de datos, visión por ordenador o redes neuronales, ampliando de forma radical su mercado potencial. La genialidad es que, aunque el software era gratuito, solo funcionaba sobre hardware de la propia compañía, lo que significaba tener a un montón de clientes cautivos.

Las principales universidades, centros de supercomputación y grandes tecnológicas del mundo empezaron a optimizar su código para CUDA y, con ello, a depender casi en exclusiva de las GPU de Nvidia.

La última pieza que faltaba para el triunfo definitivo de Huang y Nvidia era un mercado con apetito infinito por los procesadores de altas prestaciones. Eso llegó con los modelos de IA a gran escala, especialmente los grandes modelos de lenguaje (LLM), cuyo entrenamiento devora cantidades descomunales de capacidad de cómputo.

La GPU Nvidia GeForce RTX50

La GPU Nvidia GeForce RTX50 Nvidia Omicrono

De repente, los gigantes tecnológicos desarrollaron una necesidad casi insaciable por las GPU de Nvidia, y la compañía se convirtió en el pilar que sustenta el enorme castillo de naipes de la infraestructura de IA que usan OpenAI, Anthorpic, Google y Amazon.

La ira de Huang

En esa escalada aparentemente sin fin, Huang se ha mantenido fiel a sus orígenes. Tampoco está exento de defectos, entre los que Witt señala "una extrema franqueza, que a veces le lleva al terreno del insulto".

Es algo que sus trabajadores y amigos conocen como 'la ira de Huang' y el propio autor de su biografía vivió en primera persona. En la sede actual de Nvidia, en Santa Clara (California), Witt se atrevió a citar las predicciones del escritor Arthur C. Clarke sobre una inteligencia artificial futura y preguntarle sobre qué puestos de trabajo podría crear la IA.

Acto seguido, Huang explotó. "Su ira parecía incontenible, omnidireccional y tremendamente inapropiada", escribe Witt. "Yo no era empleado de Jensen y él no ganaba nada enfadándose conmigo. Simplemente parecía cansado de que le preguntaran por los aspectos negativos de las herramientas que estaba creando. Pensaba que la pregunta era estúpida y que se la habían hecho demasiadas veces".

Sin embargo, poco antes del final y para remarcar la inteligencia de un tipo capaz de pensar en paralelo, como lo hacen las GPUs de Nvidia, Witt señala que el cabreo de Huang podría haber sido deliberado, no espontáneo. Quería dejar claro que Clarke, la ciencia ficción, y las visiones apocalípticas o utópicas de la inteligencia artificial no van con él, porque, ante todo, es un tipo serio.

"La posible extinción de la humanidad no era una cuestión de estrategia empresarial y, por lo tanto, para él era tan insensato planteársela como dibujar un dragón en la parte inexplorada de un mapa". Visto lo visto, no parece haber mapas ni dragones que se le resistan a Huang.