La miniaturización de la tecnología se ha vuelto cada vez más habitual, hasta casi convertirse en todo un meme de Internet. En España ya podemos comprar dispositivos enanos que, hace años, habrían ocupado habitaciones enteras. Ingenieros de la Universidad de Columbia han dado un paso más allá desarrollando el sistema de chip  único o SoC más pequeño del mundo.

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Un SoC (System on a chip) tan pequeño que se puede implantar en el cuerpo de una persona mediante una aguja hipodérmica. Se barajan numerosas aplicaciones, entre ellas, la capacidad de medir la temperatura del cuerpo de forma precisa.

Este implante es un circuito electrónico completamente funcional que tiene un volumen total de menos de 0,1 milímetros cúbicos. Es decir, que es tan pequeño como un ácaro de polvo y sólo es visible a través de un microscopio, y ya se están ideando técnicas para aprovechar las capacidades que ofrece esta nueva tecnología.

El SoC más pequeño

Pero ¿qué es un SoC? A efectos prácticos, se podría considerar como una tendencia de los fabricantes que pasa por integrar en un mismo módulo o chip todos los componentes (o, valga la redundancia, módulos) de un sistema informático o electrónico completo. Un buen ejemplo de ello serían los procesadores móviles que vemos en los iPhone o dispositivos Android, que integran la memoria RAM, la GPU en un diseño único.

Grace, un procesador de Nvidia. Nvidia Omicrono

Esto plantea la pregunta obvia. ¿Cómo demonios se ha conseguido construir un SoC tan rematadamente pequeño? El equipo detrás de este chip introdujo un transductor piezoeléctrico en su dispositivo a modo de antena para realizar una alimentación inalámbrica e incluir comunicaciones inalámbricas a través del ultrasonido.

Y es que estos SoC pueden incluir módulos de radiofrecuencia dedicados para transmitir y recibir señales de radio electromagnéticas. El problema es que las longitudes de onda que se barajan son demasiado grandes para un dispositivo de este tamaño. Las del ultrasonido por otra parte son mucho más pequeñas, ya que la velocidad del sonido es mucho menor a la de la luz que usan las ondas electromagnéticas.

Junto a este transductor se incluyó un sensor de temperatura de baja potencia que convertía a este chip en una sonda capaz de detectar la temperatura en tiempo real. También es capaz de controlar las fluctuaciones de temperatura derivadas de la aplicación de ultrasonidos de forma terapéutica. Las pruebas en ratones que realizó el equipo demostraron que el implante funcionaba, usando por el camino la neuroestimulación por ultrasonido.

La idea entonces es obvia; implantar este chip en el cuerpo (con sus obvias garantías de seguridad sanitarias) para que este transmitan de forma inalámbrica toda la información que miden mediante ultrasonidos. Por ahora, las mediciones están limitadas a la temperatura corporal, pero con ciertos ajustes se puede llegar incluso a poner sobre la mesa la medición de los niveles de glucosa o la presión arterial. Algo que de nuevo está reservado para el futuro.

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