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¿Cómo debemos hablar a nuestros pacientes de la medicina alternativa?

2 febrero, 2015 16:47

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En los últimos años se ha producido un boom de lo “natural” en todos los aspectos. Me refiero al afecto que existe a todos los productos denominados naturales, ya sea en el campo de la nutrición (como el famoso Pan Bimbo 100% natural que anunciaba Punset aunque, que yo sepa, ese alimento no cae de los árboles) o en el campo de la medicina con el uso de tratamientos naturales.

Si nos paramos a pensar qué significa que un producto sea natural, pronto nos daremos cuenta de que es difícil encontrar una correcta definición. Por ejemplo, el trigo que cultivamos hoy en día para nada se puede considerar un producto natural porque la mano del hombre la ha domesticado con el paso del tiempo; es decir, el trigo que conocemos no existiría si el hombre no hubiera intervenido.

Por otro lado, también tendemos a creer que lo natural siempre es mejor. Podríamos decir que la toxina botulínica, por ser completamente natural, es buena para la salud. Craso error, pues esta toxina es letal si se administra la dosis suficiente. Menos mal que es natural.

Podemos concluir que el aprecio excesivo que tenemos por los productos naturales se trata de un mito muy asentado en la población, y la medicina convencional no se salva de estos prejuicios. Aquí es cuando la medicina alternativa entra en acción y ofrece una serie de productos “naturales” que nunca han demostrado su eficacia.

Los médicos debemos hablar con el paciente sobre la medicina alternativa

El problema principal consiste en que los médicos no dan importancia a estas terapias a pesar de que pueden ser más peligrosas de lo que en principio aparentan. Hace poco hablamos en el blog sobre la relación que hay entre la muerte de Steve Jobs y las pseudociencias. Este es un ejemplo más de lo que puede ocurrir si confiamos en las terapias alternativas en lugar de la medicina convencional.

Ahí es donde radica el problema, en que los pacientes confían su salud a esas terapias que jamás han demostrado su eficacia dejando a un lado la medicina convencional. Esto puede agravar su enfermedad y para cuando llegan a consulta es posible que sea demasiado tarde.

Por ello, es fundamental hablar con el paciente y preguntarle si se está sometiendo a algún tratamiento alternativo. Os sorprendería saber la cantidad de gente que aún confía su vida en estas terapias. Parte de culpa también la tenemos que asumir los médicos, ya que a veces falla lo más primordial: la comunicación entre el médico y el paciente. Ya puedes ser el mejor médico del mundo, encontrar un diagnóstico certero a la primera y dar el tratamiento perfecto, pero como no sepas comunicarte con el paciente tus virtudes servirán de poco.

No hay que avasallar al paciente, pues tenemos que demostrar que somos capaces de ponernos en su piel; posiblemente se encuentra indefenso ante una enfermedad que no sabe cómo afrontar. Si le hablamos con calma y le explicamos los puntos clave a tener en cuenta, tanto el médico como el paciente se beneficiarán de esa sana relación.

Hay que explicar el método científico

Otro punto a tener en cuenta y que en parte explica por qué la gente suele acudir a la medicina alternativa es la ignorancia científica existente en la población. La diferencia fundamental entre la medicina convencional y la medicina alternativa es que la eficacia de la primera ha sido demostrada y la segunda no.

Es verdad que en ocasiones puedes escuchar de alguna persona que su dolor se curó tras un tratamiento alternativo; sin embargo, esto sucede por el llamado efecto placebo, un efecto que no se debe al tratamiento en sí, sino por un mero efecto psicológico (el cerebro hace maravillas cuando cree que esa terapia va a funcionar). Tan pronto como se le explica la realidad, los efectos positivos del placebo desaparecen.

Por ahora, hay que dejar claro que la medicina alternativa no ha demostrado un beneficio más allá del efecto placebo. Por el contrario, la cantidad de controles exhaustivos que tiene que pasar un tratamiento de medicina convencional hasta que sale al mercado es increíble. Hasta que se consigue la comercialización del fármaco, se han realizado numerosos estudios científicos que avalan su verdadera eficacia (en este blog compartimos muchos de esos estudios que se publican en las revistas científicas más prestigiosas). En la medicina alternativa no existe este control.

Demostrar la eficacia de un fármaco con diferentes pruebas se denomina aplicar el método científico, un concepto que a priori puede resultar abstracto, aunque en definitiva es muy trivial y está muy presente en nuestra vida diaria: no puedes utilizar aquello que no se haya demostrado, más simple imposible. El método científico funciona tan bien que ha llevado al ser humano a una etapa sin precedentes en el desarrollo tecnológico y ha salpicado a todos los campos: biología, química, medicina, informática, etc.

Llegado a este punto no me puedo resistir a dar un tirón de orejas al método de enseñanza en la carrera de medicina. No se enseña los principios del método científico aun sabiendo que los médicos siempre aplican este método y sus conocimientos dependen del progreso científico. De hecho, en algunas clases he visto de primera mano como la ciencia y la pseudociencia han llegado a solaparse ante mi estupefacción. De manera paradójica, el espíritu científico no suele estar presente en la carrera. Los médicos somos científicos, que no se nos olvide jamás.

Resumiendo un poco todo lo anterior, los médicos deben hablar con el paciente para que entienda las enormes barreras que separan la medicina convencional de la alternativa. Sinceramente, se trata de una asignatura pendiente de los médicos, de ahí la importancia de que cale este mensaje: debemos interesarnos por los posibles tratamientos alternativos que esté tomando el paciente y explicarle de manera cordial y con cercanía por qué no es recomendable confiar en la medicina alternativa.