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¿Por qué es malo creer que somos feos?

28 octubre, 2014 20:15
¿Cuándo fue la última vez que besaron un espejo? Ésta es una de las contundentes frases que Meaghan Ramsey, del proyecto Dove Self-Esteem Project en Inglaterra, utilizó en su reciente conferencia para TED, plataforma destinada a conferencias que desde 1987 se encarga de divulgar la ciencia y expandir nuevas ideas en todo el mundo. En su charla, de poco menos de media hora, Ramsey habló de los sorprendentes efectos que tiene una baja autoestima y la poca confianza en la imagen corporal externa, desde calificaciones más bajas a un mayor riesgo de comportamientos de riesgo relacionados con las drogas y el alcohol.

¿Cuándo dejamos de querernos?

En un inicio curioso, Ramsey nos habla del momento en el que dejamos de estar a gusto con nuestra apariencia. A los niños y niñas pequeños les gusta mirarse al espejo, y les gusta lo que ven. Se ríen, chillan y se dan besos gigantes a sí mismos. Esto cambia a medida que vamos creciendo y vamos enfrentándonos a una sociedad repleta de estereotipos y normas de cómo deberíamos ser y comportarnos. Y es el hecho de querer encajar en este espacio, que a veces no se ajusta a nuestra realidad, lo que nuestra seguridad y autoestima vaya minando, no en todos los casos, pero sí en una gran proporción.

Según la experta, cada mes 10.000 personas buscan en Google: “¿Soy fea?”. Entre lo que los jóvenes reciben en casa y lo que reciben en la escuela hay un abismo: “¿Cuál será la verdad, lo que dicen mis padres o lo que dicen mis compañeros?” “¿Soy de verdad guapa o soy fea?”. Más allá del surrealismo de que hoy en día esta pregunta se haya convertido en normalidad, el problema es que estas dudas generan miedo, confusión. ¿Y qué hacen muchos? Colgar un vídeo en Internet en el cuál preguntan a la audiencia, desconocida, que voten acerca del grado de belleza. El resultado: multitud de comentarios, algunos de ellos tan desagradables que no vale la pena comentar.

Como comenta Ramsey, estamos hablando de adolescentes sanos y corrientes, que comienzan a recibir estas respuestas “en una de las etapas de su vida más vulnerables emocionalmente”. ¿Qué les lleva a tener este comportamiento? Enumera dos razones principales:

  • La falta de división entre la vida “en línea” y la vida “real”, la falta de privacidad, la continua presión de estar en línea y disponibles todo el tiempo, hablando, chateando… con las presiones sociales que esta necesidad de “estar disponible” conlleva, como por ejemplo el “autoevaluarse” en base a los “me gusta” recibidos o la cantidad de amigos en las redes sociales.
  • La dificultad por discernir entre lo real y lo manipulado digitalmente. En una cultura obsesionada por la imagen, Ramsey dice: “las imágenes de las portadas de las revistas, modelos de talla cero, siguen dominando nuestras pasarelas, así como tendencias como: #thinspiration, #thighgap, #bikinibridge y #proana (proanorexia). Éstas están asociadas con los estereotipos y la objetivación escandalosa de las mujeres en la cultura popular de hoy”. Añade que los chicos no se salvan de la “obligación” de tener que aspirar a poseer una mandíbula prominente y abdominales marcados.

Peor rendimiento y mayores riesgos

¿Qué precio tiene todo esto? Ramsey también enumera varias consecuencias de esta cultura centrada en la imagen externa:

  • “Seis de cada 10 niñas prefieren no hacer algo porque piensan que no se ven lo suficientemente bonitas haciéndolo”. A estas edades, estas actividades que dejan de hacer son esenciales para su desarrollo, de modo que sus relaciones, sus capacidades físicas, sus estudios y otros aspectos comienzan a sufrir.
  • El 31% de los adolescentes no muestran interés en los debates de clase porque no quieren llamar la atención por su aspecto físico, e incluso uno de cada cinco asisten a la clase cuando no se sienten cómodos en términos físicos. Esto se agudiza en épocas de exámenes. Consecuencia principal: se reduce el rendimiento académico, algo que se ha generalizado en Finlandia, Estados Unidos y China.
  • Los adolescentes con poca autoestima realizan menos actividad física, comen menos frutas y vegetales, participan en más dietas no saludables que pueden llevarlos a un desorden alimenticio.
  • En general, los adolescentes que sufren de todo esto tiene una autoestima muy baja que les lleva a dejarse influenciar de forma más fácil. Presentan, asimismo, un mayor riesgo de depresión y de tomar decisiones más arriesgadas relacionadas con conductas de riesgo como las drogas o el alcohol.

Juzgar lo que somos, no como nos vemos

Para Ramsey, hay tres claves para comenzar a luchar con todo esto. Primero, inculcar confianza en el propio cuerpo, ayudando a los adolescentes a desarrollar estrategias para superar la presión de las imágenes perfectas y construir su autoestima. Para ello, es muy importante centrarse en la influencia de la familia, amigos y relaciones, y también en la cultura de los medios de comunicación. También hay que ayudarles a aprender a gestionar las burlas y el abuso, y la manera en que competimos y nos comparamos con otros basándonos en la apariencia.

Según esta experta, deberíamos comenzar asumiendo la responsabilidad por el tipo de imágenes y comentarios que publicamos en nuestras redes sociales. Asimismo, deberíamos elogiar a las personas basándonos en su esfuerzo y sus acciones, no en su apariencia. Así, deberíamos valorar a las personas en su individualidad, diversidad e inclusión, todo a la vez.

Fuente | TED

Imagen | Timothy Takemoto