Tecnología

Logran apagar (y volver a encender) la conciencia en el cerebro

3 julio, 2014 11:17

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¿Recordáis aquella vez donde se consiguió borrar y después restaurar la memoria a base de “chispazos” en el cerebro? Pues lo que os traemos hoy tiene bastante que ver con ese método, pues parece que la estimulación eléctrica de un área profunda cerebral es suficiente para provocar la pérdida (y posterior recuperación) de la conciencia humana.

Apagar y encender la conciencia mediante “chispazos”

Anteriormente, como ya os hemos comentado en varios estudios, se han logrado apagar y volver a encender diferentes áreas cerebrales mediante estimulación eléctrica profunda. Sin embargo, aún no se había conseguido detectar (y por supuesto tampoco apagar) la conciencia… hasta ahora. Eso sí, cabe destacar que solo se ha logrado con una persona, pero al menos ya sabríamos que área cerebral hay que “tocar”: El claustro cerebral.

Hasta el momento se desconocía la función de esta zona cerebral, aunque se creía que podría ser una parte integral que combinaría diferentes actividades cerebrales como pensamientos, sensaciones y emociones. De hecho, en un anterior estudio a cargo de Francis Crick (uno de los científicos que identificó por primera vez el ADN) y su colega Christof Kock, se plantearon la hipótesis de que debería haber una especie de “director de orquesta” que integraría toda la información de diferentes áreas cerebrales y la interpretaría, dando lugar a la conciencia (por ejemplo, el olor y color de una rosa, su nombre, su relevancia en nuestros recuerdos… todo formaría una experiencia consciente integrada dando lugar a la idea de la rosa en el día de San Valentín).

Y ahora, tras un tiempo, parece que esta teoría tiene consistencia. Gracias a un estudio a cargo de Mohamad Koubeissi y sus colegas, de la Universidad George Washington, se ha logrado estimular el área del claustro cerebral de una mujer y provocar el apagado y encendido de la conciencia. Cabe comentar que dicha mujer sufre de epilepsia, por lo que el uso de electrodos cerebrales profundos se debía al objetivo de identificar que regiones de su cerebro le provocaban los ataques epilépticos. Uno de los electrodos se colocó en el claustro, una zona que jamás se había estimulado antes.

Estimulación eléctrica por casualidad

Por lo visto, cuando este equipo de investigadores activó la estimulación eléctrica de los electrodos cerebrales de alta frecuencia, la mujer perdió el conocimiento: Dejó de leer y se quedó mirando al infinito, sin responder a órdenes auditivas o visuales, y ralentizando la respiración. Cuando la estimulación eléctrica se detuvo, la mujer recuperó rápidamente el conocimiento, sin recordar nada de lo que había sucedido. Se volvió a probar este tipo de estimulación durante dos días y siempre sucedió lo mismo.

Para comprobar que lo que se había conseguido era desactivar la conciencia, los investigadores pidieron a la mujer que repitiera la palabra “casa” o chasqueara los dedos antes de comenzar la estimulación. Si dicha estimulación hubiese alterado las áreas del movimiento o el lenguaje, ella habría dejado de hablar y de moverse de inmediato, y sin embargo lo que sucedió es que fue bajando gradualmente tanto la voz como el movimiento, hasta llegar a la inconsciencia. Y no, tampoco era un efecto secundario de una convulsión, pues no había actividad epiléptica cerebral.

Como curiosidad, también se detectó que la perdida de consciencia se asociaba con un aumento de la sincronización de la actividad eléctrica cerebral de las regiones frontal y parietal del cerebro que participan en la percepción consciente. Por lo visto, un exceso de sincronización es malo, ya que el cerebro no puede distinguir un aspecto de otro (cada lóbulo cerebral está hecho para procesar unas cosas determinadas).

De momento cabrá esperar a mucha más investigación, ya que hablamos de un único sujeto de estudio, que además sufre una enfermedad cerebral (epilepsia), y que en su momento ya se trato mediante la extirpación de parte de un área cerebral, el hipocampo. No es un cerebro que podamos llamar “estandar”, y tampoco hay más de un individuo estudiado. Aún así, puede que esta sea la base de nuevos conocimientos.

Vía | New Scientist.