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¡Bailemos el pogo! La física de los conciertos de Heavy Metal

21 febrero, 2013 20:38

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Empieza el concierto, la sala es pequeña y está llena de gente gritando al grupo. Cuando la música empieza a sonar todos cantan la canción al unísono con el cantante, pero al llegar al estribillo y aumentar la velocidad de la música, se produce un fenómeno extraño entre el público: empiezan a golpearse.

No se golpean como en una pelea, realmente es un tipo de baile. Este baile tiene muchos nombres, en España se llama Pogo pero también se le conoce como Mosh o Slam. El principio que sigue este tipo de baile es dejarse llevar por la música y mover todo el cuerpo con libertad, aunque sea chocando con los de tu alrededor. Realmente el Mosh y el Pogo no son idénticos, el Pogo se basa en saltar, ya sea en el mismo sitio o al alrededor; mientras que en el Mosh se agitan más los brazos y piernas. Aunque aparente ser un baile muy violento, realmente es un ritual típico de los conciertos de punk, heavy metal, hardcore, etc; y hay un gran compañerismo interno, por ejemplo, es habitual disminuir la intensidad del baile si hay un compañero caído y se le ayuda a levantarse rápidamente. A pesar de todo es muy fácil salir algo contusionado pero con una gran liberación de estrés.

Ahora este tipo de baile se ha convertido en el objeto de estudio de la física. Todo comenzó cuando Jesse Silverberg, un físico graduado en Cornell y aficionado al Pogo, llevó a su novia a su primer concierto de heavy metal. En mitad de la música y del caos, se dio cuenta de que los bailarines del Pogo (llamados en ingles moshers) realmente se movían de una manera colectiva similar a lo que se puede ver en la naturaleza en bancos de peces o bandadas de aves.

Siendo físico, Jesse compara el comportamiento de los moshers con el comportamiento de los gases. Los átomos de un gas tienen una gran libertad y velocidad de desplazamiento, pero su comportamiento también se ve influenciado por los choques que se producen entre ellos, exactamente igual que en un Pogo. Para demostrar su teoría, Jesse diseñó un programa junto con otros dos compañeros para analizar Pogos realizados en diferentes conciertos. Y no necesitó ir a ninguno, ya que analizaron vídeos de Youtube de estos conciertos y calcularon el movimiento de cada mosher de manera individual. Por ejemplo, el siguiente vídeo es uno de los que usaron para el análisis:

En este vídeo en concreto se observa un subtipo de Pogo llamado “pared de la muerte” en la que se forman dos grupos que se enfrentan justo al comenzar el Pogo. Después de procesar otros cuatro vídeos similares a este, Jesse tenía en su poder los datos suficientes para poder predecir el comportamiento de los Pogos. Tanto es así que ha creado un simulador de Pogos de libre acceso.

 

En el simulador se observan dos tipos de esferas, las esferas rojas son los moshers y se puede manipular su fuerza de empuje y de movimiento, en cambio las esferas negras son el resto de (sufridos) espectadores, que no colaboran en el Pogo pero están presentes. Todo es manipulable en la simulación, desde la proporción de moshers hasta el tamaño del campo de batalla.

Pero a pesar de todo esta simulación tiene trampa. Aunque hayan observado el comportamiento de diferentes Pogos y hallado algunas de sus características matemáticas, aún hay otras muy complejas para ser medidas, por eso la simulación se completa usando ecuaciones aplicadas por los físicos en el comportamiento de gases. De esta manera, la simulación no muestra exactamente un concierto de heavy metal humano, sino un concierto para híbridos gas-humano. Algo es algo.

Aun así, la simulación funciona bien, y es útil para estudiar cómo se comportan grandes grupos de personas en momentos de estrés. Si lo pensamos bien, un Pogo es similar al comportamiento de huida que puede llegar a darse justo antes de una avalancha humana. De esta manera podemos combinar esta simulación con el plano de un edificio (simulando un superconcierto de heavy metal) y ver si existen huecos cerrados que puedan favorecer una avalancha o un embotellamiento de gente.

Así que si vas a ir a un concierto de heavy metal y te metes en el centro del Pogo, recuerda. Tus movimientos no son tan aleatorios como parecen, realmente hay matemáticas detrás.

 

Fuentes | Arxiv, Popular Science

Imagen | Belami Cardenas