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Tecnología

Por qué la industria musical prefiere morir matando

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Cuando en la industria del cine se habla de piratería, se dice que la descarga de películas está acabando con el cine, que hay que controlar internet, que… muchos nos echamos las manos a la cabeza porque nos parece increíble que este sector vuelva a repetir los errores que ya cometió la industria musica,la que en vez de evolucionar hacia una nueva forma de mercado aprovechando las nuevas tecnologías se aferró al soporte físico, el cd, y a un modelo caduco de llegar a los consumidores. Y sin embargo, si alguien tiene esperanza de que esto cambie con el cine sólo hay que comprobar que la caduca industria musical sigue en las mismas.

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Los años han pasado, la batalla para el viejo dinosaurio musical está perdida desde hace mucho y sin embargo siguen lanzando dentelladas contra cualquier iniciativa que suponga un avance, una evolución, una nueva vida para la música. La industria musical recurre sin vergüenza al chantaje emocional arguyendo que la piratería matará la música, pero la única asesina de la música está siendo la propia industria musical.

Spotify, Megaupload, internet y disparar contra todo lo que se mueva

Como ese viejo defensa, si acudimos a un símil fubtolístico, la industria musical se ha convertido en quien perdidos los reflejos y la cintura ya no sabe ni por donde la superan y se aferra a pegar coces. Da igual que se haya demostrado el éxito de las tiendas musicales on-line como iTunes, que no sólo no han sabido subirse el carro y aprovechar ese impulso sino que han hecho todo lo posible por bloquearlo como ha sucedido con cada interminable negociación a la hora de lanzar nuevos servicios, como ha sido el caso de Google Music.

Y si todavía no son capaces de asimilar del todo las ventajas de prescindir del soporte físico para vender los archivos de canciones y discos a través de internet imaginaros lo difícil que les resulta el concepto de contenidos bajo demanda, el que se les pueda explicar que hay mucha gente, a la que ellos catalogan directamente como piratas, que no ven con malos ojos pagar por un servicio en el que puedan después escuchar música cuando quieran o soportar el bombardeo de publicidad. No son capaces de comprender y menos aún de aprovechar que precisamente, y por mucho que se les insulte, hay un amplio sector que si está de acuerdo en pagar a los creadores pero que simplemente lo harían de otra forma a la que se lleva empleando durante décadas, usando los avances tecnológicos encarnados en las posibilidades que brinda internet.

spotify

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Es por ello que un servicio conocido en todo el mundo como Spotify, que ha demostrado que se puede ganar una base de usuarios bastante amplia que pagan una cuota mensual por simplemente escuchar música, es decir, pagar por escuchar algo similar a la radio en un ordenador, ha tenido tantos problemas para poder empezar a funcionar en EE.UU. y que incluso a pesar de las concesiones en una mayor limitación para sus usuarios la industria musical está imponiendo unas condiciones que demuestran que “abrirle las puertas” a Spotify es sólo una decisión de cara a la galería mientras se le imponen condiciones difícilmente asumibles.

Podíamos leer en Alt1040 como se ha conocido los contratos firmados con las discográficas para poder poner a disposición de los usuarios sus catálogos de artistas, y como estos contratos son en realidad una soga que asfixia la posibilidad de que Spotify, y otros servicios que funcionan de forma similar, puedan llegar realmente a conseguir los beneficios que se le presuponen gracias a su éxito entre los usuarios.

El monopolio de las discográficas se asegura de no sólo ahogar cualquier avance solicitando pagos (por adelantado) por cada suscriptor, por cada escucha y por los beneficios generales del servicio independientemente de todo lo demás, teniendo que recibir obligatoriamente parte del capital social, etc, sino que además incluye una clausula de confidencialidad que impide que se conozcan los pagos que reciben bajo pena de revocar las licencias. Condiciones que más de uno podría catalogar de secuestro de la música por parte de unos pocos.

IllusionofChoice

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Y si aún así algo escapa de su control siempre se puede recurrir a las demandas, ya sean por motivos reales o muchas veces sin ellos, ya que todo vale para intentar frenar cualquier iniciativa que signifique que el negocio escapa de sus manos. Así pues nos encontramos con demandas contra otro de los servicios hermanos de Spotify, Grooveshark, en que se llegó a acusar a los directivos del servicio de que fueron ellos los que habían subido 100.000 canciones sin permiso.

Claro, muchos pensareis que es posible que Grooveshark incumpliera la ley pero todo se ve desde una nueva perspectiva cuando las propias multinacionales admiten que muchas veces presentan reclamaciones a ciegas contra cualquier tipo de contenido aunque no sea suyo, incluyendo software libre, ya que no son capaces de poder distinguir tan fácilmente los contenidos, algo que resulta contradictorio y realmente curioso cuando sí son capaces a la vez de desestimar demandas cuando estas se dirigen contra políticos, famosos y policías.

megakey

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Una práctica que ha llegado a tal punto que nos encontramos con el actual caso de Megaupload, ese servicio de descarga directa de archivos que hace poco presentó una campaña para mejorar su imagen con la ayuda de famosos, entre ellos  Alicia Keys, Snoop Dogg, Kanye West, Chris Brown con los que llegó a un acuerdo para que presentaran la canción  “Mega Song” que incluía un vídeo en Youtube. Esta campaña iba encaminada a la promoción del servicio MegaKey que permite acceder a las descargas sin límite de la versión Premium de Megaupload a cambio de ver publicidad de los anunciantes. Una nueva vía de obtener beneficios a través de las nuevas formas de distribución pero de nuevo una forma no controlada por el monopolio de las discográficas que en vez de llegar a un acuerdo para aprovechar esa vía volvían a lanzar un ataque casi de forma inmediata.

Así pues Youtube retiraba los vídeos de la campaña de Megaupload porque Universal presentaba una demanda argumentando que incluían material de su propiedad, algo totalmente falso ya que si bien los artistas que colaboraban tienen un contrato con la discográfica esa canción no formaba parte de su catálogo y como hemos dicho cada artista había llegado a un acuerdo con Megaupload para la campaña. Unas horas después y mientras la polémica seguía los vídeos volvían a estar disponibles mientras se explicaba que el contenido no pertenecía a Universal y que no se podía aprovechar de la identificación del cantante para solicitar el bloqueo del contenido, pero poco duraba la nueva situación, Universal reaccionaba con amenazas y Youtube volvía a bloquear los vídeos y también amenazaba con cerrar la cuenta de Megaupload lo que ha llevado al final a que Megaupload demande a Universal por abusar de las leyes a su favor para presentar demandas bajo falsas acusaciones.

Es bajo estas circunstancias de sumisión ante las multinacionales que se presentan propuestas como SOPA y Protect IP donde un país se apropia el derecho de controlar internet a nivel mundial o donde se presenta una de las campañas anti-piratería más rastreras que se puedan se recordar. Mientras tanto el dinosaurio hace tiempo que se extinguió pero se niega a aceptarlo.

Imagen Inicial | YouSayToo