Rafa Guerrero, psicoterapeuta.

Rafa Guerrero, psicoterapeuta. Rafa Guerrero Omicrono

Hardware

Rafa Guerrero, psicólogo (45 años): "El cóctel hormonal de las pantallas crea adicción, de forma más crítica en niños"

El psicólogo alerta sobre cómo el uso excesivo de dispositivos reduce la mielina, inhibe la corteza prefrontal y actúa como un peligroso "anestésico emocional".

Más información: España da una lección a Europa: los niños podrán llamar gratis desde las tiendas para retrasar la adopción de su primer móvil

N.C.
Publicada

Darle un móvil a un niño para que se calme o se entretenga se ha convertido en una escena habitual. Sin embargo, la neurociencia alerta de un peligro invisible.

Según detalla en un podcast el psicólogo español Rafa Guerrero (45 años), el uso abusivo de las pantallas no es solo un problema de mal comportamiento, sino un riesgo profundamente biológico: la tecnología está alterando la química y el desarrollo cerebral de los menores.

Vivimos en una sociedad hiperactiva, hiperestimulante y hedonista, donde la introducción temprana de móviles y tablets se ha normalizado hasta pasar desapercibida.

Pero el experto explica de forma contundente el mecanismo neuroquímico que se esconde detrás del brillo de las pantallas: "¿Qué ocurre en el cerebro cuando usamos un dispositivo tecnológico? Que libera endorfinas y dopamina".

Esta explosión química genera una sensación subjetiva de placer que incita a repetir la acción compulsivamente. La advertencia de Guerrero es clara: "este cóctel hormonal es el motor principal de la adicción, tanto en adultos como, de forma mucho más crítica, en niños y adolescentes".

Para comprender la magnitud de este impacto, es necesario mirar a la anatomía del cerebro. La corteza prefrontal —la región encargada de gestionar las emociones, planificar a futuro y controlar los impulsos— es una de las áreas de maduración más lenta, no alcanzando su máximo desarrollo hasta pasados los 20 años.

A nivel fisiológico, el abuso de las pantallas interfiere directamente en este delicado proceso de maduración.

Un niño usando un móvil.

Un niño usando un móvil. EFE/ J.M. García

Guerrero advierte de un daño físico cuantificable: "Aquellos adolescentes que tienen un uso abusivo de los dispositivos tecnológicos ven cómo la mielina está por debajo de los niveles normales".

La mielina es la sustancia blanca que recubre las conexiones neuronales y permite que la información viaje a la velocidad adecuada para favorecer el aprendizaje.

Si sus niveles caen, el rendimiento cognitivo queda por debajo de lo esperable. El resultado, recalca el psicólogo, es severo: "La corteza frontal se ve inhibida en aquellos niños y adolescentes que tienen un uso excesivo de los dispositivos".

"Chupete tecnológico"

Uno de los errores más normalizados en la crianza actual es el uso de dispositivos como herramienta de apaciguamiento. Es lo que los expertos denominan el "chupete tecnológico".

Infancia, alimentación y móviles.

Infancia, alimentación y móviles. cottonbro studio/Pexels

Guerrero describe esta práctica y sus graves consecuencias a largo plazo: "Si cada vez que nuestros hijos están tristes o enfadados lo que hago es darles un dispositivo para que se les pase, estaremos anestesiando sus emociones".

Al recurrir a una pantalla para cortar el llanto, se impide que el menor conecte con la emoción, la identifique y aprenda a gestionarla.

El mensaje que los adultos transmiten con este gesto .

Se les enseña que las emociones negativas. Por ello, el experto hace un llamamiento urgente: es vital desterrar los chupetes tecnológicos de la crianza

Las consecuencias de este daño neurobiológico y emocional tienen un reflejo directo en el día a día. Apoyándose en los estudios del reconocido pediatra Dimitri Christakis, Guerrero recuerda una máxima clínica: a mayor número de horas frente a una pantalla, mayor dificultad para concentrarse.

Consumir contenido en una tablet es una tarea pasiva que secuestra la atención involuntaria a base de estímulos rápidos. Por el contrario, la verdadera concentración exige "voluntariedad, consciencia y perseverancia", habilidades que las pantallas atrofian.

En los casos más extremos, este bucle desemboca en un drástico aislamiento social, encerrando a los adolescentes en sus habitaciones, absorbidos por videojuegos o redes sociales, y desconectados del mundo real.

"Cero pantallas hasta los 6 años"

Ante este panorama, las autoridades sanitarias intentan poner límites. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda actualmente evitar por completo las pantallas de 0 a 2 años, y limitarlas a un máximo de una hora diaria entre los 2 y los 5 años.

Sin embargo, Rafa Guerrero es mucho más estricto basándose en el desarrollo neurológico: "Mi recomendación es cero pantallas hasta los 6 años". Es a esta edad cuando la corteza frontal del niño empieza a tener una base neurológica lo suficientemente sólida.

Para las familias que decidan integrar la tecnología a partir de esa edad, el psicólogo recuerda que es innegociable establecer normas estrictas, fijar horarios y mantener los dispositivos fuera de los dormitorios y lejos de espacios comunes durante las comidas.

Pero la solución final pasa por la autocrítica adulta. "Los padres somos modelos", concluye Guerrero. "Nosotros debemos tener una relación sana y equilibrada con los dispositivos tecnológicos. Si no, ¿cómo vamos a pretender que nuestros hijos la tengan?".