Plato levitante en el restaurante Omicrono
China rompe las reglas: este restaurante utiliza imanes flotantes como los de los trenes Maglev para llevarte la comida
El restaurante Orbit One de Shenzhen es una experiencia gastronómica donde robots y raíles magnéticos sirven platos de fusión.
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Shenzhen es una ciudad realmente particular. Pocas urbes han sufrido un proceso de transformación tan acelerado como esta metrópolis china.
Mientras el resto del mundo sigue debatiendo sobre el alcance de la inteligencia artificial o el despliegue de la robótica en el sector servicios, esta ciudad que emerge del Delta del Río de las Perlas ya ha pasado de la teoría a la práctica.
Y en ningún lugar es tan evidente esa transición como en los pasillos de IN City Plaza, donde el restaurante Orbit One se ha convertido en un lugar casi de peregrinación.
Entrar en Orbit One no es simplemente cruzar el umbral de un establecimiento de restauración. Es, en términos estrictamente cinematográficos, dejarse caer en un set de rodaje que mezcla la estética de Blade Runner con el optimismo tecnológico de la era espacial.
Luces de neón azules, superficies metálicas que brillan bajo focos quirúrgicos y una coreografía de máquinas que se mueven con gran precisión .
El concepto que maneja este rincón de Futian es la automatización total llevada al extremo del espectáculo. En Orbit One, los platos no llegan de la mano de un humano, sino por raíles magnéticos, como cápsulas de un transporte de mercancías a escala reducida, o transportados por robots que esquivan obstáculos.
Es la culminación de esa obsesión asiática por eliminar la fricción en el servicio, convirtiendo el proceso logístico de la cocina a la mesa en un ballet mecánico.
Orbit One apuesta por una cocina de fusión occidental que no busca reinventar la rueda, sino ofrecer confort dentro de un entorno disruptivo.
Lo más fascinante de Orbit One no es solo la tecnología en sí, sino cómo esta se ha democratizado. A menudo asociamos estos despliegues robóticos con experiencias de lujo prohibitivas, pero en este enclave de Shenzhen, el precio es sorprendentemente razonable.
Es tecnología para las masas, un parque temático culinario donde las familias locales acuden a pasar la tarde mientras los más pequeños persiguen a las unidades robóticas con la mirada. Hay una sensación de normalidad en lo extraordinario que solo se respira en China.
La ubicación en el distrito de Futian, accesible desde la estación de Science Museum, sitúa a Orbit One en el epicentro de la vorágine urbana. Existe un segundo local en Yifang Tiandi, en el distrito de Longhua, lo que demuestra que el modelo de negocio no es un experimento aislado, sino una fórmula con capacidad de expansión.
Orbit One Restaurant Omicrono
Es inevitable preguntarse si este es el camino que seguirá la hostelería global. Mientras en Europa defendemos con uñas y dientes el valor del factor humano, de la charla con el tabernero y del servicio personalizado, en Shenzhen nos demuestran que existe otro público.
Un público que valora la rapidez, la precisión y, sobre todo, la inmersión en una estética que nos prometieron en las novelas de Asimov y que aquí se sirve caliente y en bandeja de metal.
Orbit One no es solo un restaurante, es una ventana a lo que vendrá. Quizás dentro de veinte años miremos atrás y nos parezca rudimentario este sistema de raíles y luces led, pero hoy por hoy, cenar en este rincón de Shenzhen es lo más parecido a realizar un viaje en el tiempo sin salir de la mesa.