Ilustración del nuevo reactor nuclear de Lockheed Martin para la Luna.

Ilustración del nuevo reactor nuclear de Lockheed Martin para la Luna. Lockheed Martin Omicrono

Aviación y Espacio

EEUU quiere un reactor nuclear en la Luna en 2030: la apuesta más firme genera 100 kW de energía y funciona a -170 ºC

El diseño modular de Lockheed Martin aspira a alimentar las bases, rovers y fábricas espaciales de la NASA durante 10 años en la superficie lunar.

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La NASA acaba de reestructurar por completo su calendario de las misiones Artemis. La esperada vuelta a la Luna se retrasa a finales de 2028 por los constantes problemas del cohete SLS y puede ser todavía peor, si se cumple el pronóstico de los astrónomos que recomiendan aplazar Artemis II por culpa de las grandes erupciones solares previstas para los próximos meses.

Pero si algo ha quedado claro estos días es la prioridad absoluta que supone el regreso de astronautas a la Luna para la Casa Blanca y el actual administrador de la NASA, Jared Isaacman. En una reciente entrevista con la CBS, afirmó con rotundidad: "Vamos a regresar a la Luna y vamos a quedarnos".

Con ese objetivo en mente, la energía nuclear se perfila como la pieza clave para mantener bases permanentes en el satélite terrestre, capaces de sobrevivir a noches de dos semanas sin luz solar y de alimentar futuras fábricas espaciales.

En este contexto, Lockheed Martin ha detallado su propuesta de sistema Fission Surface Power (FSP), una arquitectura modular de minirreactores pensada como columna vertebral energética del programa Artemis y de una economía lunar a largo plazo

El desafío es considerable: "Nuestra arquitectura general es flexible y se adapta a una amplia gama de cargas de usuario. Pero fabricar un reactor de 100 kW para operaciones en la Luna y Marte es más que simplemente ampliar un diseño más pequeño", sostiene Kerry Timmons, responsable de los programas espaciales nucleares de Lockheed Martin en un comunicado de prensa.

La noche lunar

Las noches lunares duran alrededor de 14 días terrestres, con temperaturas que pueden caer por debajo de los -170 °C, lo que hace tremendamente complejo depender solo de paneles solares y baterías.

Además, muchos de los recursos más valiosos, como el hielo para producir oxígeno y combustible, se encuentran en cráteres en sombra permanente, donde la energía solar es prácticamente inutilizable.

Por eso la NASA ha identificado la necesidad de tener energía nuclear en la superficie lunar, con el ambicioso objetivo de tener un reactor listo para el lanzamiento antes de 2030.

En paralelo, la agencia estadounidense ha culminado una primera fase de su proyecto Fission Surface Power, con contratos a empresas como Lockheed Martin, Westinghouse e IX para diseñar sistemas de unos 40 kW capaces de operar durante al menos 10 años en la Luna.

La apuesta de Lockheed Martin pasa por proporcionar flexibilidad y diseñar una red eléctrica lunar escalable. La empresa obtuvo en 2022 un contrato de Fase 1 del Departamento de Energía y NASA para desarrollar un concepto FSP, ampliado en 2025 con una Fase 1A que incluye un banco de pruebas de conversión de potencia nuclear en condiciones espaciales.

Su propuesta parte de un principio básico: no existe una solución de talla única, sino una familia de reactores pequeños y medianos que se puedan ir añadiendo conforme crezcan las necesidades de la base.

Para los primeros pasos, Lockheed Martin contempla reactores de 5 a 10 kW, energía suficiente para alimentar un hábitat inicial o una estación de carga de rovers durante el día y la noche lunares.

Una vez establecida y comprobada la fiabilidad de esas pequeñas centrales iniciales, la compañía propone sistemas de 25 a 50 kW, capaces de dar servicio a múltiples hábitats, flotas de rovers científicos y humanos, y las primeras actividades comerciales e industriales.

Lo que argumentan los responsables de Lockheed Martin es que arrancar directamente con un reactor de 100 kW es mucho más arriesgado y es una potencia sobredimensionada para la infraestructura prevista a corto plazo.

En su lugar, la compañía propone un demostrador de potencia media en la superficie lunar y, a partir de ahí, ir añadiendo módulos para ampliar la generación y la red de distribución, creando redundancia y permitiendo escalar hacia usos intensivos como la extracción de oxígeno del regolito lunar o la producción de propelente.

Cómo funciona

Para hacer realidad sus ambiciosos planes, la empresa estadounidense apuesta por tecnología de ciclo Brayton, en los que el calor procede del propio reactor y se usa para calentar un gas que circula en un circuito cerrado.

Ese gas caliente se expande al pasar por una turbina, que mueve un generador eléctrico. Después, el gas se enfría en radiadores orientados al espacio, se comprime de nuevo y el ciclo vuelve a empezar.

Representación del reactor nuclear en la Luna

Representación del reactor nuclear en la Luna Rolls-Royce

En la superficie de la Luna, la ventaja es que todo se integra en un módulo compacto: reactor blindado, turbina‑generador, tuberías de gas y grandes radiadores externos.

Otro requisito fundamental es la operación autónoma: el reactor debe arrancar, regularse y apagarse con intervención mínima de la tripulación, manteniendo la seguridad incluso en caso de fallos de comunicación o de otros subsistemas.

Eso implica "aprender a dominar ciclos Brayton a mayor temperatura y la gestión térmica, garantizando al mismo tiempo que el sistema pueda funcionar de forma autónoma", según Timmons. El desafío es que para conseguirlo se necesita "más desarrollo tecnológico, como nuevos materiales para operar a altas temperaturas".

Reactores en órbita y en Marte

Sin embargo y pese a la complejidad del proyecto, las miras de la empresa van más allá de la Luna: enmarca su sistema FSP en una estrategia más amplia que abarque tanto reactores en superficie como en órbita.

Los sistemas orbitales de 10–25 kW servirían como banco de pruebas para tecnologías de conversión, control del reactor, rechazo de calor e integración en la nave, antes de llevar versiones más potentes a la superficie lunar o a Marte.

La compañía defiende que reutilizar arquitecturas y cadena de suministro entre sistemas en órbita y en superficie reduce riesgos y costes, al tiempo que acelera el aprendizaje frente a competidores internacionales como China y Rusia.

Ilustración de reactor nuclear en órbita

Ilustración de reactor nuclear en órbita Lockheed Martin Omicrono

En su visión, un diseño nuclear validado en órbita y en la Luna se convertiría en el avance tecnológico decisivo para las misiones tripuladas a Marte, donde las mismas limitaciones de luz solar y temperaturas extremas se repiten.

Así, este tipo de reactores compactos podrían funcionar como infraestructura crítica en la “nueva carrera espacial”, dando ventaja tecnológica a EEUU frente a otras potencias que ya están desarrollando sus propios reactores nucleares lunares.