Seguimiento de los satélites espaciales que orbitan la Tierra.

Seguimiento de los satélites espaciales que orbitan la Tierra. satellitemap.space Omicrono

Aviación y Espacio

No hay sitio en el espacio para tanto satélite: alertan del peligro de los casi 17.000 que orbitan la Tierra y Musk quiere 1 millón

Este indicador ha reducido desde los 164 a solo 5,5 días el tiempo que tardaría en desencadenarse el caos si los satélites dejaran de maniobrar.

Más información: La empresa española que protege la Tierra de la chatarra espacial: de talleres orbitales a remolcadores de satélites

Publicada

La órbita baja de la Tierra (LEO) está tan abarrotada como la Puerta del Sol en Nochevieja: no cabe ni un alfiler. A pesar de eso, SpaceX, Blue Origin y el gobierno chino, entre otros, tienen previsto continuar con el lanzamiento de miles de satélites en solo unos años para crear y ampliar varias megaconstelaciones de telecomunicaciones.

Actualmente los sitios de seguimiento reportan entre 9.600 y 15.000 satélites (activos e inactivos), aunque la ESA eleva la cifra a casi 17.000 satélites, la mayoría en órbita baja. La densidad es intensa, y aunque el espacio es vasto y los sistemas previenen colisiones, estamos más cerca que nunca de un incidente fatal. E irá a peor, pues la ambición de Elon Musk aspira a plantar 1 millón de satélites de Starlink a medio plazo. 

Esta saturación, a la que se unen piezas de basura espacial de todos los tamaños imaginables, puede tener múltiples consecuencias indeseadas, desde la dificultad de las observaciones astronómicas hasta el rápido aumento del riesgo de colisión, que puede desatar el conocido como síndrome Kessler.

Don Kessler, experto en desechos espaciales de la NASA, teorizó que, superada una determinada masa crítica, una reacción en cadena de colisiones generaría tanta basura espacial que la órbita baja podría volverse prácticamente inutilizable durante décadas o siglos, lo que provocaría graves interrupciones o incluso la pérdida de servicios clave basados en satélites, desde las comunicaciones hasta el GPS. Adiós al sueño de colonizar la Luna y Marte.

Ante esta preocupante situación, un equipo de la Universidad de Princeton (EEUU) y la Universidad de Regina (Canadá) ha analizado el riesgo continuo de colisión y propone un nuevo indicador, denominado CRASH Clock, a modo de "evaluación del estrés en órbita", explica Aaron Boley, uno de sus responsables, en declaraciones a IEEE Spectrum.

Y ese estrés, ahora mismo, está mucho más cerca de provocar un daño irreparable que hace solo unos años. Según las últimas cifras revisadas por el equipo, el CRASH Clock señala que, en caso de producirse una tormenta solar o un fallo de software generalizado que inutilizara los satélites, sólo pasarían 5,5 días hasta que se produjera una colisión grave. En 2018, hace menos de una década, esa cifra era de 164 días.

Es algo que puede empeorar aún más en los próximos años de cumplirse los últimos planes de SpaceX. En una reciente petición a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), la compañía de Elon Musk ha propuesto una futura constelación de hasta un millón de satélites, en órbitas situadas entre los 500 y 2.000 km desde la Tierra, para convertirlos en centros de datos espaciales.

De momento, la compañía ha desarrollado un sistema de conciencia situacional espacial (SSA), llamado Stargaze, con el que pone a disposición de todos los operadores la información sobre "efemérides y detección de conjunciones", diseñado para evitar choques y motivar a otras compañías a hacer lo mismo.

Tic-tac hacia el desastre

Desde que publicaron el artículo el pasado diciembre en el repositorio arXiv, todavía pendiente de revisión por pares, Sarah Tiele, Aaron Boley y el resto de autores han repetido en varias ocasiones que su trabajo ha sido malinterpretado y no versa sobre el síndrome Kessler.

Sin embargo, el sistema de alerta que supone CRASH Clock sí que puede evitar, de convertirse en referencia para la comunidad científica, que algo así suceda en un futuro próximo.

Un conjunto de satélites de Starlink a punto de ser puestos en órbita por SpaceX

Un conjunto de satélites de Starlink a punto de ser puestos en órbita por SpaceX SpaceX Omicrono

Según los últimos datos de la ESA, ahora mismo hay 16.910 satélites en el espacio (no todos activos), a los que hay que sumar los millones de piezas y partículas de basura espacial, que siguen acumulándose a un ritmo vertiginoso.

Debido a esa saturación, la constelación de SpaceX realiza una maniobra para evitar colisiones cada dos minutos de media. A lo largo de 2025 ha efectuado aproximadamente 300.000 maniobras, unas 40 al año por cada satélite, una cifra descomunal comparada con los pocos ajustes que hacía un satélite típico antes de la era de las megaconstelaciones.

La mejor manera de entender el peligro que eso supone es el propio título del artículo sobre el CRASH Clock: Un castillo de naipes orbital.

Así, lo que Tiele, Boley y sus compañeros han calculado mediante simulaciones por ordenador y pura estadística es cuántas oportunidades de colisión hay por segundo si nadie maniobrara, una situación con bajas probabilidades de ocurrir... pero no imposible.

El mayor peligro para que el castillo de naipes empiece a caer, según los expertos, sería una gran tormenta solar, como la que se produjo a finales de enero y dejó espectaculares auroras boreales en España. Estos fenómenos producidos por la liberación de grandes cantidades de energía en el Sol, incluida radiación electromagnética, con el potencial de afectar a las comunicaciones por radio, los sistemas de navegación y el conjunto de satélites de LEO.

"El riesgo de colisión durante los primeros días de una tormenta solar es mucho mayor que en condiciones normales de funcionamiento", explica Sarah Thiele en IEEE Spectrum. "Aunque se pueda seguir comunicando con el satélite, hay mucha incertidumbre en cuanto a las posiciones cuando todo se mueve debido a la resistencia atmosférica. Cuando hay una alta densidad de objetos, la probabilidad de colisión es mucho mayor".

Fallo de software

Sin embargo, no es la única causa posible para un parón total en las maniobras satelitales. También puede darse un fallo de software generalizado en los sistemas de control de una constelación o en las plataformas que calculan las trayectorias y riesgos de colisión.

De hecho, en 2019 un bug en el sistema de avisos de SpaceX impidió que el operador de un Starlink viera a tiempo que el riesgo había aumentado, y fue la ESA quien tuvo que apartar uno de sus satélites.

Representación (exagerada) de los satélites y deshechos espaciales que orbitan en torno a la Tierra. Foto: ESA / ID&Sense / ONiRiXEL

Representación (exagerada) de los satélites y deshechos espaciales que orbitan en torno a la Tierra. Foto: ESA / ID&Sense / ONiRiXEL

A escala de red, un fallo o retraso en la cadena de alertas, por errores en los mensajes, cambios bruscos en la probabilidad de choque o saturación de los equipos, puede hacer que las órdenes de maniobra lleguen tarde o no lleguen, provocando un efecto dominó de consecuencias catastróficas.

Para calcular el CRASH Clock, los responsables de la investigación han estimado cuántos objetos hay por unidad de volumen en distintas alturas, cuál es su tamaño y qué velocidades relativas típicas tienen.

Lo primero fue dividir la órbita baja en distintas capas concéntricas, como si fueran cáscaras de cebolla, de 1 km de grosor. Después calcularon la densidad, es decir, cuántos objetos pasan por cada capa y cuánto tiempo pasan en ellas. Según esos cálculos, la velocidad relativa de encuentro es de unos 10 km/s a unos 550 km de altura.

Para resolver el acertijo orbital, asumieron que puede haber colisión cuando dos objetos se acercan por debajo de cierta distancia: por ejemplo, 10 metros entre dos satélites grandes, 5 metros entre satélite y fragmento o 10 centímetros entre dos fragmentos, que sería el área efectiva de colisión. ​

Combinando todos esos datos, la densidad, el área efectiva y la velocidad, obtuvieron tasas de encuentros cercanos y de colisión esperada. De ahí procede ese dato de 5,5 días, el tiempo medio entre eventos, o lo que tardaría todo en convertirse en una suerte de gigantesco billar espacial.

Para Boley, ese número representa una advertencia cada vez más urgente para empezar a 'organizar' la órbita terrestre baja. "A medida que te acercas a cero, hay muy poco margen para el error. Si se produce una explosión accidental, ya sea porque explota una batería o porque unos restos chocan contra un satélite, el riesgo de que se produzcan efectos en cadena se amplifica".

El CRASH Clock se erige así en un necesario sistema de alerta que, según Thiele, "refleja lo mucho que dependemos de operaciones sin errores y es un indicador del estrés al que está sometido el entorno orbital".