Ilustración artística de la basura espacial.

Ilustración artística de la basura espacial.

Aviación y Espacio

China podría saturar la órbita baja terrestre con hasta 200.000 satélites creando un gran riesgo de colisión

Empresas locales habrían realizado solicitudes apresuradas para copar espacios orbitales en pos de establecer una megaconstelación satelital.

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En 2024, España vio cómo la Agencia Espacial Estadounidense (NASA) pasó auténtico miedo después de que un acercamiento extremo entre dos satélites estuviera a punto de causar un desastre orbital.

En pleno debate sobre los riesgos de colisión que provocan las constelaciones de SpaceX, las empresas chinas estarían intentando llevar a órbita nada menos que 200.000 satélites para ofrecer internet satelital.

Una situación problemática cuanto menos que podría generar un gran riesgo de colisión, alimentando un escenario catastrófico conocido como el Síndrome de Kessler.

200.000 satélites en órbita: el problema chino

El portal South China Morning Post ha adelantado cómo un conjunto de empresas habría lanzado nada menos que una docena de propuestas para llevar satélites de Internet a la órbita terrestre baja.

La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) es un organismo especializado de la ONU, responsable de la regulación de propuestas en torno a las telecomunicaciones, las comunicaciones y las tecnologías de la información.

El mapa que muestra la basura espacial.

El mapa que muestra la basura espacial. LeoLabs Omicrono

La labor de la UIT no es otra que facilitar el funcionamiento y el desarrollo de servicios de comunicación globales, elaborando estándares para la interconexión de redes y servicios entre otros.

Según el SCMP, el organismo habría recibido doce propuestas de varias empresas chinas especializadas en el sector aeroespacial para lanzar sus propios satélites.

De base esto es problemático, pero el detalle lo hace todavía peor, ya que dentro de esta docena de proyectos, destacan los dos más grandes: CTC-1 y CTC-2, con 96.714 satélites cada uno.

Esto suma la friolera de 193.428 satélites, solo en estos dos proyectos, en una propuesta presentada por el Instituto de Utilización de Espectro Radioeléctrico e Innovación Tecnológica.

Un conjunto de satélites de Starlink a punto de ser puestos en órbita por SpaceX

Un conjunto de satélites de Starlink a punto de ser puestos en órbita por SpaceX SpaceX Omicrono

Todo ello además sucediéndose mientras Estados Unidos y China no solo libran una encarnizada batalla en la carrera de la IA, sino que están enzarzados en todo tipo de disputas comerciales en varios sectores tecnológicos.

El sector aeroespacial es uno de ellos y la ambición de Washington y Pekín pasa por establecer redes satelitales masivas que ofrezcan servicios satelitales globales, con el riesgo que esto conlleva.

En este sentido, la empresa más prolífica no es otra que SpaceX, la compañía de Elon Musk que en las últimas horas recibió la aprobación de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) para desplegar 7.500 satélites Starlink.

En un inicio, SpaceX había solicitado aprobación para llevar a LEO 30.000 de sus Starlink de segunda generación, pero la FCC ha limitado el permiso total a la mitad; 15.000 satélites.

Un riesgo para satélites y astronautas: la basura espacial supera un umbral crítico

Un riesgo para satélites y astronautas: la basura espacial supera un "umbral crítico"

Para responder a las exigencias de la FCC, SpaceX anunció a principios de enero que reduciría la órbita de aproximadamente 4.400 satélites, ubicados a 559 kilómetros sobre la Tierra, pasando a 480.

Y es que esta medida se estableció para reducir el riesgo de colisiones en un espacio orbital cada vez más congestionado y que ya presenta cada vez más riesgos de colisiones.

Por supuesto, esta aprobación no ha sido bien recibida por astrónomos y expertos espaciales, que han advertido de problemáticas como la acumulación de basura espacial, la contaminación lumínica y el riesgo de colisiones.

La monstruosa magnitud

Si la ampliación recibida por SpaceX ya es cuestionable en ciertos puntos, la posible aprobación de las constelaciones de 200.000 satélites es cuanto menos, muy mala idea.

SpaceVan de Exotrail

SpaceVan de Exotrail Exotrail Omicrono

Sin mencionar los riesgos, cabe aclarar que las bandas de radiofrecuencia, así como las posiciones orbitales en LEO no son ilimitadas. SpaceX, al posicionarse antes en este proyecto, consigue prioridad para ocuparlas.

Esto ya supone problemas, ya que la puesta en órbita de 200.000 satélites ocuparía un enorme trecho de estas posiciones orbitales y saturaría los espectros de radiofrecuencia.

Solo hay que ver a Starlink, el proyecto principal de SpaceX, para entender la envergadura del proyecto chino. Musk planea poner, como máximo, 75.000 satélites para alimentar su servicio de cobertura móvil e Internet.

La propuesta china supone más del doble del proyecto de Musk. Incluso otros proyectos, como el Project L1 de China Mobile, se han limitado a apenas 2.520 satélites.

Representación visual artística de la constelación de satélites orbitando sobre el LOFAR.

Representación visual artística de la constelación de satélites orbitando sobre el LOFAR. Daniëlle Futselaar Omicrono

Una de las rivales que aspiran a superar a SpaceX es Amazon Leo, otrora Project Kuiper y que también desea posicionar su propia megaconstelación en el espacio, con un diseño inicial de constelación de 3.232 satélites.

El Síndrome de Kessler

Este fenómeno por el momento hipotético dibuja un escenario aterrador para cualquier experto aeroespacial. Implicaría la imposibilidad de usar satélites espaciales ante la acumulación de la basura espacial.

Propuesto por Donald J. Kessler, este escenario abarca fenómenos como el efecto dominó y la retroalimentación positiva. En este planteamiento, el volumen de basura espacial es la clave.

Según la propuesta, la basura espacial en la órbita LEO podría llegar a un volumen tan alto que los objetos en órbita serían impactados de forma habitual por pedazos de basura, lo que a su vez generaría más basura.

Imagen generada por ordenador de los objetos rastreados por la NASA.

Imagen generada por ordenador de los objetos rastreados por la NASA. NASA Omicrono

Esta basura impactaría contra estos objetos, los cuales generarían a su vez más basura, lo que supondría un mayor riesgo de otros impactos sobre otros objetos.

De esta forma, se crea un escenario de colisiones en cascada que haría inutilizable por completo esta órbita baja. Una colisión suficientemente grande podría dar lugar a este temido Síndrome de Kessler.

Y es que si un fragmento de basura espacial choca contra un objeto, genera una gran cantidad de fragmentos dispuestos en forma de metralla que salen disparados.

Estos fragmentos, de forma individual, pueden ser proyectiles que en el menor de los casos pueden destruir satélites y otros equipos y en el mayor, provocar una reacción en cadena mortífera.

Cada vez hay más retos de materiales que conforman la llamada basura espacial.

Cada vez hay más retos de materiales que conforman la llamada basura espacial.

Por si fuera poco, la basura espacial es un tema peliagudo; no basta simplemente con limpiarla. La mayoría de elementos son muy pequeños, y viajan a velocidades endiabladamente altas en LEO.

Es decir, que la limpieza de estos restos en el espacio sería extremadamente difícil con nuestra tecnología actual. De ahí que muchas misiones y objetos que se llevan al espacio están preparados para evitar esta situación.

Los problemas asociados son muchísimos. Por un lado, la órbita nos impediría usar servicios que actualmente damos por sentado, como serían la geolocalización GPS o las consultas meteorológicas.

Por el otro, los humanos ya no podríamos salir del planeta debido a la cantidad de basura espacial que nos lo impide, evitándonos poder establecer, por ejemplo, colonias en la Luna como desea el proyecto Artemis.

Satélites Starlink.

Satélites Starlink.

Los satélites Starlink, que tienen una vida útil de 5 años, pueden ser desechados de forma segura con una reentrada controlada en la atmósfera para así ser desintegrados.

Sin embargo, este descenso controlado no garantiza la eliminación total de los restos del satélite. Ya pudimos ver casos en los que restos de basura espacial caían a la Tierra pese a estos intentos de desintegración.

Pero, ¿por qué tiene China tanta prisa? Lo cierto es que las reglas de la ITU establecen que los primeros solicitantes pueden asegurarse la prioridad a largo plazo en las bandas de radiofrecuencia y en las posiciones orbitales.

Es como reservar una butaca en un cine o reservar un asiento en un avión: el que antes llega, antes se queda con el sitio. Si no consiguen desplegar satélites a tiempo, se quedan sin estos derechos.

Y la competencia es feroz, con China queriendo desarrollar sus propias megaconstelaciones de satélites y Amazon Leo y SpaceX con Starlink pisando el acelerador en esta carrera espacial.