Reasfaltado de una calle Omicrono
España da una lección: crea nuevos tipos de asfalto con colillas y paja de trigo para reciclar 950 millones de toneladas
Dos proyectos en marcha en Andalucía pretenden cambiar para siempre la manera en la que se produce asfalto.
Más información: El innovador asfalto resistente a las grietas y basado en plástico: la nueva solución para paliar los socavones en las carreteras
Los miles de kilómetros de carreteras españolas tienen una cosa en común: están fabricadas con materiales derivados del petróleo; pero los científicos españoles quieren cambiar eso, con diversos materiales reciclados que permitan reducir la huella de carbono.
Varios equipos de investigación de universidades andaluzas han logrado desarrollar nuevos tipos de bioasfalto sostenibles, que utilizan residuos agrícolas y urbanos, como paja de trigo o colillas de cigarrillos, para sustituir a los aditivos contaminantes habituales.
Estos proyectos tienen en común un mismo objetivo: mejorar la resistencia frente a las grietas además de reducir el gasto energético durante la producción del asfalto.
Uno de estos desarrollos es liderado por el Centro de Investigación en Tecnología de Productos y Procesos Químicos (Pro2TecS) de la Universidad de Huelva en colaboración con Eifage Infraestructuras, y está soportado por el proyecto GreenAsphalt.
La idea se centra en sustituir los modificadores poliméricos de origen fósil, que representan más del 90% de los componentes usados tradicionalmente en las mezclas asfálticas, por un aditivo renovable y biodegradable extraído de la paja de trigo.
Según el estudio, el sector agrícola en Europa genera aproximadamente 950 millones de toneladas de biomasa que puede ser usada para la creación de este asfalto.
Proceso de creación del nuevo asfalto Omicrono
La clave radica en un proceso químico denominado silicación, que modifica la estructura de la celulosa mediante silicio para hacerla compatible con el aceite y el betún usados en el asfalto.
El procedimiento da inicio transformando la paja de trigo en una pasta celulósica similar a la del papel. Tras ser depurada y tratada, la mezcla se convierte en un aditivo con propiedades gelificantes, con una respuesta viscoelástica similar a la grasa del litio, usado como referencia en el estudio.
En las pruebas de laboratorio se ha demostrado que este asfalto vegetal cuenta con una mayor elasticidad y soporta mejor las altas temperaturas, reduciendo las deformaciones provocadas por el tráfico pesado. Todo ello, con una temperatura máxima en la producción de 150 ºC, lo que disminuye las emisiones de gases.
Al mismo tiempo, investigadores del Laboratorio de Ingeniería de la Construcción de la Universidad de Granada han diseñado otra fórmula, que en esta ocasión aprovecha los residuos de las propias carreteras además de los 'pellets' procedentes del reciclaje de colillas de cigarros.
Esta metodología se basa en hasta un 40% de su peso total en material reciclado proveniente de pavimento roto o deteriorado; al entrar en contacto con el betún caliente durante la mezcla, la cera presente en los 'pellets' se funde y libera fibras de celulosa y plástico.
Estas fibras funcionan como una red de refuerzo en la estructura, que incrementa la resistencia contra las fisuras, además de retener mejor el ligante, aportando una mayor flexibilidad a la carretera.