Placa de inducción Omicrono
Los expertos coinciden: "Cambiar la vitrocerámica por una placa de inducción supone un ahorro del 20% en la luz"
La inducción está ganando popularidad en las cocinas españolas, aunque el cambio no siempre puede merecer la pena.
Más información: Ángel Blazquez, experto: "La vitrocerámica consume más luz que la inducción, calienta el cristal antes que la olla"
La vitrocerámica sigue siendo el tipo de placa de cocina más popular en España, aunque eso esté cambiando poco a poco; cada vez más hogares optan por instalar una placa de inducción, aunque hay que tener en cuenta que el cambio no siempre es viable o incluso recomendable.
El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, IDAE, sitúa a las placas de inducción por delante de las vitrocerámicas tradicionales en términos de eficiencia energética, y la diferencia es notable.
Según los datos del organismo público, la inducción consume en torno a un 20% menos que la vitrocerámica; el motivo se encuentra en que la inducción genera un campo magnético que calienta de manera directa el recipiente, mientras que la vitrocerámica primero debe calentar la superficie de cristal, que ahí se pierde energía en forma de calor.
Inducción o vitrocerámica
Como explican en Selectra, si tenemos en cuenta que los análisis de uso revelan que la placa de cocina representa aproximadamente el 10% de la electricidad consumida en un hogar, eso supone un gasto medio de 550 kWh.
Si aplicamos la reducción del 20% por cambiar a una placa de inducción y el precio regulado de la electricidad, la rebaja real en la factura de la luz alcanza una cifra de 26 euros anuales, aunque esto puede variar dependiendo de los cambios del mercado o de si tenemos una tarifa fija.
Sea como sea, es un ahorro evidente, pero al mismo tiempo, no es una diferencia brutal entre usar uno u otro tipo de placa. Lo que nos lleva a la gran pregunta: ¿realmente merece la pena cambiar vitrocerámica por inducción?
La clave para responderla se encuentra en el precio, por supuesto. Según los investigadores, las placas de inducción más baratas, de 60 cm y 3 zonas cuestan entre 170 y 210 euros en la actualidad.
Por lo tanto, la única cuestión es cuánto tiempo vamos a tardar en amortizar la inversión en comprar una nueva placa de inducción; en el caso de las más baratas, tardaríamos 7 años, pero con los modelos más caros de 450 euros en adelante, podríamos tardar hasta 17 años.
Eso lleva a una conclusión obvia: sólo merece la pena comprar una placa de inducción si de todas formas ya íbamos a cambiar la vitrocerámica. Por ejemplo, si estamos de reformas en la cocina, o si la vitro se ha roto y necesitamos un nuevo modelo.
En caso de que nuestra vitrocerámica funcione y cumpla nuestras necesidades, realmente no merece la pena, económicamente hablando, migrar hacia la inducción.
Por supuesto, el precio no es el único motivo por el que querríamos comprar una placa de inducción. Son más seguras, ya que el cristal no se calienta de manera peligrosa como hace la vitrocerámica, algo especialmente importante para proteger a nuestros hijos.
Mucha gente también prefiere usar la inducción porque ofrece una experiencia más parecida a las cocinas de gas tradicionales, en el sentido de que la temperatura se mantiene en un nivel más estable, mientras que una vitro se va a estar encendiendo y apagando constantemente para mantenerse al nivel seleccionado.