Una mujer poniendo un lavavajillas

Una mujer poniendo un lavavajillas Creación propia Omicrono

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Los expertos coinciden: para usar bien el lavavajillas hay que poner siempre los platos más sucios en la parte de abajo

Aunque es un aparato que se usa bastante en España, muchos usuarios no son conscientes de la mejor forma de utilizar este electrodoméstico.

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El lavavajillas es uno de esos electrodomésticos que damos por sentado. Lo cargamos casi sin pensar, cerramos la puerta y apretamos un botón.

Sin embargo, los expertos en electrodomésticos insisten en que la forma en la que colocamos los platos influye directamente en el resultado final. Un mal reparto de la vajilla puede dejar restos de comida pegados o cristales opacos.

La clave, según coinciden varios especialistas del sector, está en entender cómo se mueve el agua dentro del aparato. No todas las zonas del lavavajillas reciben la misma presión de agua durante el ciclo.

Por eso conviene repasar tres trucos sencillos que marcan la diferencia entre una vajilla perfecta y una que sale a medias. Ninguno de ellos requiere gastar más agua ni alargar el programa de lavado.

No hace falta enjuagar los platos antes

Uno de los errores más comunes es dedicar varios minutos a enjuagar cada plato bajo el grifo antes de meterlo en el lavavajillas. Esta costumbre, muy extendida, en realidad no aporta ningún beneficio real.

Los lavavajillas actuales están diseñados para eliminar la grasa y los restos de comida gracias a la combinación de agua caliente, detergente y presión. Basta con retirar los restos más grandes con una servilleta antes de colocar el plato.

De esta forma se evita malgastar agua del grifo de manera innecesaria. Además, se ahorra tiempo en una tarea doméstica que muchas personas repiten a diario sin necesidad.

Los propios fabricantes recomiendan esta práctica en sus manuales de uso. El detergente necesita cierta cantidad de suciedad para activarse correctamente durante el ciclo.

La vajilla más sucia va siempre abajo

El segundo truco es, quizá, el más importante de todos. El brazo aspersor inferior del lavavajillas recibe un chorro de agua más potente que el superior.

Esto se debe a la propia disposición del sistema de bombeo del aparato. El agua sale con más fuerza en la parte baja porque está más cerca de la bomba que la impulsa.

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Por ese motivo, las cazuelas, sartenes y platos con restos de comida más resistentes deben colocarse en la bandeja inferior. Los vasos, tazas y piezas más delicadas, en cambio, encajan mejor arriba, donde la presión es más suave.

Respetar este orden evita tener que repetir el programa de lavado. También reduce el desgaste de la vajilla más frágil, que no soporta bien la fuerza del chorro inferior.

Esperar antes de abrir el lavavajillas al terminar

El tercer consejo tiene que ver con lo que ocurre después de que el programa haya terminado. Muchas personas abren la puerta nada más escuchar el pitido final.

Los expertos recomiendan esperar unos 30 minutos antes de hacerlo. Ese tiempo permite que el vapor de agua se asiente y que la vajilla termine de secarse de forma natural.

Si se abre el lavavajillas demasiado pronto, el choque entre el aire frío exterior y el calor interior puede dejar cercos y gotas marcadas en platos y vasos. Esperar ese margen evita tener que pasar un paño después para retirar esas marcas.

Además, el propio calor residual ayuda a terminar de eliminar bacterias en las superficies. Es un paso sencillo que no cuesta nada y mejora notablemente el resultado final.

Ninguno de estos tres trucos exige comprar productos adicionales ni cambiar de electrodoméstico. Se trata simplemente de organizar mejor la carga y de tener un poco de paciencia al final del ciclo.

Retirar los restos con una servilleta, colocar lo más sucio abajo y esperar antes de abrir la puerta son gestos que llevan segundos. A cambio, la vajilla queda más limpia, más brillante y sin esas marcas de agua tan molestas.