El proyecto de Irán para combatir la sequía.

El proyecto de Irán para combatir la sequía. BMDesign Studios Omicrono

Omicrono

El proyecto de Irán para combatir la sequía: edificios con tejados con forma de cuenco que extraen humedad del aire

La propuesta arquitectónica iraní convierte las cubiertas en recolectores activos de agua de lluvia y rocío nocturno para zonas extremadamente áridas.

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La escasez de agua es, sin duda, uno de los mayores desafíos climáticos del siglo XXI. En regiones extremadamente áridas como Irán, donde la evaporación devora las escasas precipitaciones y enclaves históricos se han reducido a vastas llanuras salinas, la urgencia obliga a innovar.

Ante este crítico panorama, el estudio BMDesign Studios ha planteado una solución tan elegante como efectiva: una arquitectura bioclimática basada en tejados cóncavos que captan agua atmosférica y enfrían los edificios de forma pasiva.

Este proyecto, seleccionado para competir en los prestigiosos Premios Aga Khan de Arquitectura, demuestra que el propio diseño urbano puede ser el antídoto contra la sequía.

La premisa de este proyecto transforma la cubierta de los edificios, habitualmente un elemento pasivo, en un inmenso cuenco orientado al cielo.

Su geometría fuertemente inclinada permite que, incluso con precipitaciones débiles, las pequeñas gotas se agrupen y canalicen rápidamente hacia los depósitos antes de evaporarse.

Las métricas calculadas por los ingenieros son muy prometedoras, ya que una cubierta de 923 metros cuadrados tiene el potencial de recolectar unos 106 metros cúbicos anuales en zonas con apenas 193 milímetros de lluvia al año.

Sin embargo, la verdadera revolución tecnológica de esta propuesta ocurre durante la noche y se inspira directamente en la naturaleza.

El proyecto de Irán para combatir la sequía

Tomando como referencia la biomímesis, y concretamente al escarabajo del desierto de Namibia capaz de sobrevivir bebiendo la bruma, estos tejados aprovechan el enfriamiento por radiación térmica nocturna para condensar el vapor de agua del aire.

Esta recolección de rocío resulta vital en zonas costeras cálidas donde la humedad relativa es alta de madrugada, transformando el aire húmedo en un valioso recurso hídrico tangible y aprovechable.

Más allá de la recolección de agua, el diseño brilla por su excepcional eficiencia térmica y su capacidad de refrigeración natural. La cubierta funciona mediante un sistema de doble capa que genera una cámara de aire constantemente ventilada.

La capa superior bloquea la radiación solar directa, mientras que el flujo de aire intermedio disipa el calor acumulado, reduciendo drásticamente la dependencia energética de los sistemas de aire acondicionado.

Esta ingeniería moderna se complementa a la perfección con la sabiduría de la arquitectura vernácula a través de patios hundidos que almacenan el aire fresco nocturno, y la plantación estratégica de palmeras datileras que proyectan sombra y reducen la temperatura del entorno.

A pesar de su innegable potencial, la escalabilidad de esta tecnología sostenible todavía enfrenta varios obstáculos técnicos y económicos. Los desarrolladores apuntan al uso de tejidos impermeables recubiertos por su ligereza y su alta capacidad de condensación.

No obstante, diseñar estructuras que soporten fuertes rachas de viento sin encarecer o sumar un peso excesivo a los cimientos sigue siendo un desafío, al igual que compensar el coste de inversión inicial de una obra tan poco convencional.

Existe también una barrera menos técnica pero igual de real: lograr la aceptación social para el consumo masivo de agua captada directamente de la atmósfera.

El proyecto de Irán para combatir la sequía.

El proyecto de Irán para combatir la sequía. BMDesign Studios Omicrono

La captación hídrica integrada en los edificios está pasando de ser un experimento de nicho a una necesidad global ineludible frente al cambio climático.

Los tejados cóncavos no resolverán la crisis mundial por sí solos, pero marcan un rumbo claro y esperanzador. La arquitectura del futuro debe dejar de ser una mera consumidora de recursos para convertirse, finalmente, en una infraestructura activa capaz de generarlos.