Foto de archivo del presidente de China, Xi Jinping.

Foto de archivo del presidente de China, Xi Jinping. EFE/ Andressa Anholete

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China logra lo imposible: crea una revolucionaria batería de litio que puede mantener su autonomía incluso a −50 °C

Un grupo de científicos ha creado una nueva batería de litio que es capaz de conservar su capacidad incluso en condiciones de frío extremo.

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En una época donde las baterías resultan imprescindibles, China ha conseguido un hito asombroso: una celda de litio capaz de conservar su rango de uso a 50 grados bajo cero. Este salto técnico, que acompaña a otras alternativas recientes, evidencia el ritmo vertiginoso al que avanza la industria.

Estos sistemas de almacenamiento constituyen la base de la transición eléctrica mundial, pero a su vez representan su mayor freno. El problema no reside únicamente en factores económicos o de capacidad, sino en un elemento que a menudo pasa desapercibido: el clima. Ante el frío extremo, la eficacia se desploma, mermando drásticamente el alcance de automóviles cero emisiones, aeronaves no tripuladas e instalaciones de red.

Frente a este obstáculo, un grupo de científicos de la Universidad de Nankai (Tianjin, China) ha ideado un innovador dispositivo dispuesto a transformar el panorama actual. Tal y como revela un artículo publicado por la revista Nature, el equipo ha logrado formular un electrolito que garantiza un funcionamiento excelente en entornos gélidos de hasta -50 °C, manteniendo completamente intacta su densidad de energía.

El avance no es menor. Las baterías actuales de alto rendimiento suelen moverse en torno a los 250–270 Wh/kg en condiciones normales. Este nuevo desarrollo alcanza más de 700 Wh/kg a temperatura ambiente y cerca de 400 Wh/kg a −50 °C, una cifra que redefine lo que se espera en entornos extremos.

La clave está en el electrolito, el componente encargado de transportar los iones de litio entre los electrodos. Tradicionalmente, estos electrolitos utilizan disolventes basados en oxígeno o nitrógeno, que tienden a interactuar de forma intensa con el ion litio. Esa relación, aunque estable, ralentiza el movimiento de los iones, especialmente a bajas temperaturas.

Parte del equipo de investigadores con la batería de litio.

Parte del equipo de investigadores con la batería de litio. Universidad de Nankai Omicrono

El equipo chino ha replanteado esta interacción desde cero. En lugar de los compuestos habituales, han apostado por hidrofluorocarbonos (HFC) monofluorados, modificados para ofrecer una coordinación más débil con el ion litio. Esto permite que los iones se muevan con mayor facilidad sin perder estabilidad química.

El resultado es un electrolito menos viscoso, más eficiente y capaz de operar en condiciones donde las baterías convencionales fallan. Uno de los compuestos más prometedores, basado en 1,3-difluoropropano, demostró, además, una alta estabilidad y una conductividad destacable incluso a temperaturas extremadamente bajas.

Técnicamente esto se traduce en baterías que no solo almacenan más energía por kilogramo, sino que mantienen su rendimiento cuando el termómetro se desploma. Y eso tiene implicaciones directas en múltiples sectores.

En el coche eléctrico, por ejemplo, uno de los grandes problemas en invierno es la pérdida de autonomía. Este tipo de tecnología podría reducir ese impacto de forma drástica, facilitando la adopción en regiones frías. En aviación eléctrica o drones de gran altitud, donde las temperaturas pueden ser extremadamente bajas, también abre nuevas posibilidades.

Esquema de la nueva batería de litio.

Esquema de la nueva batería de litio. Nature Omicrono

Lo mismo ocurre con el almacenamiento de energías renovables en zonas remotas o con climas severos, donde las baterías actuales pierden eficiencia o requieren sistemas adicionales de calefacción que encarecen la instalación.

Otro aspecto relevante es la reducción de peso. Al aumentar la densidad energética, se necesita menos material para almacenar la misma cantidad de energía, lo que mejora la eficiencia global de vehículos y dispositivos.

Aun así, el camino hacia su adopción comercial no está exento de retos. Será necesario validar su estabilidad a largo plazo, escalar la producción y comprobar su compatibilidad con los procesos industriales actuales. El coste también será un factor decisivo.