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Los dos grandes fallos de Internet, según uno de sus padres

Vint Cerf, creador de los protocolos de ARPANet que aún se usan hoy en día, ha hecho autocrítica revelando los dos grandes fallos de Internet.

21 enero, 2019 10:23

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Vinton “Vint” Cerf es una de las personalidades más importantes del sector tecnológico. Hace décadas que implementó los protocolos TCP/IP, necesarios para las comunicaciones en Internet. Además, también trabajó en el desarrollo del correo electrónico.

Considerado como uno de los “padres de Internet”, en los últimos años Cerf se ha centrado en explorar el futuro de la red que ayudó a crear; su influencia se sigue notando, especialmente como vicepresidente de Google, un cargo que ostenta desde 2005 y que le ha dado la plataforma necesaria para expandir su visión de cómo debería ser Internet.

Los grandes fallos de Internet

Pero es imposible hablar de cómo debería ser Internet si no sabemos qué hay que solucionar. Y no hablamos precisamente de los muchos desafíos técnicos a los que se enfrenta la red de redes; sino a errores de concepto que tendrían que haber sido subsanados en su momento, y que ahora estamos sufriendo.

Vint_Cerf_MCI_Mail

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En una reciente entrevista en Business Insider, Vint Cerf ha hecho autocrítica, revelando los que para él, son los principales fallos de Internet. Son sólo dos, pero son tan importantes, y han afectado tanto a la expansión de Internet, que realmente no hacen falta mas.

Primer fallo: no hay suficiente espacio

El primer error fue, simplemente, que Internet no tiene suficiente “espacio” para todo el mundo, porque Cerf no pudo prever su popularidad. Recordemos que Internet empezó como ARPANet, una red de comunicaciones diseñada para el ejército estadounidense; inicialmente, la cantidad de ordenadores conectados a la red se podía contar con los dedos de las manos. Incluso cuando empezó a expandirse entre universidades, no todas tenían el hardware ni los conocimientos necesarios para conectarse.

De hecho, cuando Cerf diseñó el protocolo TCP/IP, fue demasiado optimista. Su idea era que cada ordenador de la red tuviese una dirección IP única; así dos ordenadores podían conectarse entre sí, ignorando al resto de ordenadores de la red.

mapa-arpanet-septiembre-1971

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Para generar esa dirección, creó un sistema de 32 bits que permitía generar hasta 4.300 millones de direcciones diferentes. Teniendo en cuenta que esa cifra era mayor que la población de la Tierra en los 70, ni en sus sueños más locos Cerf pensó que serían necesarias tantas direcciones. Estaba equivocado.

En la actualidad cada vez es más raro asignar una dirección IP a un sólo ordenador; son necesarias tecnologías como DCHP, que asigna una dirección dinámica a un sistema cuando se conecta. Además, se ha desarrollado IPv6, que aumenta exponencialmente la cantidad de direcciones disponibles; pero su adopción sigue siendo lenta.

Segundo fallo: sin seguridad integrada

La seguridad es una de las mayores preocupaciones de los internautas; pero en sus inicios, realmente no se pensó en ninguna protección. Las comunicaciones eran públicas y cualquiera que se conectase las podía interceptar; incluso se podía hacer pasar por otro sistema, ya que tampoco había manera de verificar la identidad.

Cifrado.jpeg

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Con las décadas, se han desarrollado muchos sistemas de seguridad que funcionan en capas superiores; pero en su base, Internet sigue siendo insegura. Cerf se justifica por los plazos que tuvo para implementar los protocolos; después de años de desarrollo, el lanzamiento se le vino encima y aún quedaba mucho trabajo por hacer. La seguridad, algo considerado secundario con tan poco sistemas conectados, fue el sacrificio.

Pero curiosamente, Cerf no se arrepiente ahora que ha visto las consecuencias; eso es porque fue gracias a este bajo nivel de seguridad que Internet pudo expandirse tan rápidamente. Obligar a los usuarios a usar contraseñas y a las compañías a implementar complejos sistemas de seguridad no hubiera ayudado precisamente. Además, el desarrollo de tecnologías como HTTPS han cubierto en parte esta deficiencia.

Imagen destacada | Joi Ito