Concentración del personal docente de Ceuta para exigir más seguridad y protección en los centros educativos.

Concentración del personal docente de Ceuta para exigir más seguridad y protección en los centros educativos. Cedida

Observatorio de la Educación

Los profesores de Ceuta estallan contra su 'vuelta al cole': centros sin seguridad 10 días después y jóvenes que llevan gas pimienta

Los sindicatos denuncian promesas incumplidas. Las familias restringen las salidas de sus hijos y los estudiantes acuden con espray de defensa personal.

Más información: El 72 % de los jóvenes españoles estudian en colegios donde faltan orientadores o psicólogos, según PISA: las consecuencias

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Las claves
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Profesores de Ceuta denuncian la falta de medidas de seguridad prometidas en los centros escolares diez días después del inicio de las clases.

Reclaman la instalación de vallados, refuerzo de vigilancia y protocolos específicos tras la entrada masiva de migrantes desde Marruecos.

Algunos alumnos llevan gas pimienta por miedo y las familias extreman precauciones ante la sensación de inseguridad en los alrededores de los colegios.

El apoyo psicosocial anunciado por las autoridades se reduce a materiales digitales, sin presencia de profesionales en los centros, según los docentes.

Diez días después del comienzo de las clases, los profesores de Ceuta salieron este jueves a la calle para denunciar que parte de las medidas de seguridad prometidas para la vuelta al colegio todavía no se han cumplido.

La Junta de Personal Docente, junto con CSIF, UGT y ANPE, ha convocado este jueves una concentración en la Plaza de los Reyes para exigir "seguridad, protección y respuestas ya".

Los convocantes denuncian la falta de garantías de seguridad en los centros y sus alrededores, el incumplimiento del refuerzo de la vigilancia privada, la demora en la instalación de vallados suplementarios y la ausencia de un protocolo de actuación específico para Ceuta.

También alertan sobre la falta de conserjes y la "suciedad e insalubridad" de algunos entornos escolares.

Las clases comenzaron el 8 de septiembre después de semanas de incertidumbre por la entrada masiva de migrantes desde Marruecos. Antes de la apertura, el Gobierno anunció un plan de choque de 309 millones de euros para Ceuta, de los que 3,2 millones se destinarían a la comunidad educativa.

Ese dinero debía financiar seguridad privada en centros públicos y concertados, el refuerzo del vallado de varios colegios, aulas matinales en institutos y actuaciones de apoyo psicosocial. También se anunció una mayor presencia policial en los accesos y en las rutas del transporte escolar.

"No hay nada"

Diez días después, Elena, profesora de un colegio de la periferia, asegura que esas medidas no han llegado a su centro. Entre las actuaciones previstas se encontraba la instalación de un vallado, pero, según denuncia, todavía no se ha colocado.

"No se ha cumplido nada de lo que prometieron. Nos dijeron que habría vigilancia las 24 horas, pero no hay nada. Los alrededores están sucios y nadie sabe qué ha sido del protocolo de actuación previsto para Ceuta", relata a EL ESPAÑOL.

La profesora sostiene que el temor continúa provocando ausencias. "Los padres tienen miedo de llevar a sus hijos al colegio. Nos garantizaron que estaríamos seguros, pero no lo estamos. ¿Cómo vamos a transmitir seguridad a los alumnos si nosotros no contamos con ningún respaldo?", cuestiona.

"Hay mucho descontento. Muy pocos colegios son seguros, principalmente los del centro, y ni siquiera todos", afirma. "Por eso salimos a manifestarnos: porque no están haciendo nada por nosotros".

Clara, una docente de un instituto situado en una barriada periférica, comparte esa sensación de inseguridad, aunque señala que ha sido "mucho más impactante" para ella que para sus estudiantes. "Mis alumnos llevan, por desgracia, 40 o 45 días sufriendo esto. Para ellos ya se ha convertido en algo cotidiano", explica.

La profesora asegura que durante los primeros días las medidas fueron más visibles y hubo una mayor presencia militar. En las entradas y salidas continúa habiendo Policía, pero matiza que el dispositivo ya existía antes por los problemas de tráfico y las peleas que se producían en la zona.

Ahora, añade, permanece "el mismo furgón de la Policía Local más algún furgón militar". Las personas migrantes habían accedido en algunas ocasiones al patio del instituto para dormir. Durante la entrada masiva, según relata, rompieron una tubería y el patio quedó inundado, aunque "ya no ha pasado nada más grave".

Apoyo en PDF

La docente también cuestiona el acompañamiento psicosocial anunciado. Según explica, el material recibido se reduce a una presentación con recomendaciones para transmitir normalidad al alumnado.

"Me entra la risa porque es un PDF que nos han dado, muy bonito, con muchos colores", ironiza. "Lo he ojeado y lo he cerrado porque no voy a perder ni un minuto de mi tiempo en esto. No sirve para nada".

A su juicio, los estudiantes necesitan una atención presencial y especializada. "Lo que necesitan los niños es un apoyo psicológico efectivo en forma de psicopedagogos o psicólogos en el centro. Eso nadie nos lo va a dar", lamenta.

Alejandra, profesora de Lengua y coordinadora de bienestar del colegio concertado La Inmaculada, describe el suyo como una especie de "centro burbuja".

Al estar ubicado en el centro de Ceuta, mantiene un funcionamiento "prácticamente normal", cuenta con vigilancia privada durante las 24 horas y ha ampliado el aula vespertina a los estudiantes de Secundaria cuyas familias lo soliciten.

La docente, sin embargo, ha detectado otra consecuencia dentro de las aulas. "Sí que es verdad que hay más polarización en el alumnado, causada por la situación de crispación que está viviendo la ciudad", advierte.

Gas pimienta

Las familias también han reforzado sus propias precauciones. Nuria, madre de una alumna de segundo de Bachillerato y de un estudiante de cuarto de ESO escolarizados en el centro, controla sus horarios y localizaciones. Además, asegura que llevan espray de pimienta por si deben defenderse.

"Estamos con mucha precaución con los niños: las horas a las que salen y entran, las localizaciones… Llevan su espray de pimienta por si tuvieran que utilizarlo, aunque espero que no", explica.

En el colegio de sus hijos también han cambiado las salidas durante el recreo. Los alumnos de primero y segundo de Bachillerato solo pueden abandonar el centro con una autorización familiar. Los de tercero y cuarto de ESO, que podían salir el curso pasado, ahora lo tienen prohibido incluso con permiso de sus padres.

Nuria sostiene que hay días en los que no encuentra más vigilancia que la del policía local que ya regulaba el tráfico. También diferencia entre los centros del centro y los de la periferia: "Hay gente que ya no utiliza el transporte público porque le da miedo y lleva a los niños en coche".

Cristina, madre de dos alumnos de diez y 14 años, también considera que estudiar en el centro los coloca en una situación privilegiada. El colegio se ha convertido en el espacio donde sus hijos recuperan parte de la vida social perdida. "Como no pueden jugar fuera, por lo menos en el patio están entre ellos. Era un alivio", cuenta.

Yolanda, madre de dos mellizas de diez años, había decidido inicialmente que no acudirían al colegio Mare Nostrum porque una de ellas sufría ataques de ansiedad. Finalmente se incorporaron, aunque su rutina continúa limitada: "Van al colegio, del colegio a casa, de casa a inglés y otra vez a casa".

Los pupitres están ocupados y las clases avanzan. Sin embargo, los vallados pendientes, la vigilancia que docentes y familias consideran insuficiente, las restricciones durante los recreos y el miedo fuera de los centros marcan una vuelta al colegio que terminó este jueves en las calles de Ceuta.