Magura V7
EEUU apuesta por el Magura, el dron naval ucraniano que ha puesto en jaque a la flota rusa del mar Negro
La idea es producir este buque de superficie no tripulado (USV) en EEUU.
La operación también supone un espaldarazo para la industria ucraniana de defensa.
Más información: Los drones ucranianos Magura V7 exponen la vulnerabilidad naval de la OTAN durante el ejercicio REPMUS
Estados Unidos quiere incorporar a su arsenal una de las armas que más problemas ha causado a la Armada rusa desde el inicio de la guerra en Ucrania. La empresa ucraniana UForce y el astillero estadounidense ReconCraft han firmado un memorando de entendimiento para fabricar el Magura, el dron naval que ha transformado la guerra en el mar Negro y obligado a Rusia a replantear el despliegue de buena parte de su flota.
El acuerdo permitirá producir este buque de superficie no tripulado (USV) en las instalaciones de ReconCraft en Oregón y Carolina del Sur. La intención es adaptar una plataforma ya probada en combate a las necesidades de las Fuerzas Armadas estadounidenses, evitando así el coste y los plazos de desarrollar un sistema completamente nuevo.
La apuesta estadounidense responde al extraordinario historial operativo del Magura. Desarrollado tras la pérdida de gran parte de la Armada ucraniana, este USV nació como una alternativa de bajo coste capaz de atacar buques de guerra a largas distancias sin poner en riesgo tripulaciones.
Desde su entrada en servicio en 2023, el Magura ha protagonizado algunas de las operaciones navales más relevantes de la guerra en Ucrania. Según el documento, citado por Army Recognition, estas embarcaciones participaron en el hundimiento de varios buques rusos, entre ellos la corbeta lanzamisiles Ivanovets, el buque de desembarco Tsezar Kunikov y el patrullero Sergey Kotov, además de dañar numerosas embarcaciones auxiliares.
Más allá de las pérdidas materiales, el impacto estratégico ha sido aún mayor. La amenaza constante de estos drones obligó a Rusia a trasladar parte de sus principales unidades desde Sebastopol hacia Novorosíisk, reforzar las defensas portuarias, desplegar más helicópteros y patrulleras y mantener un elevado nivel de vigilancia permanente en el mar Negro.
Las fuerzas ucranianas derrotaron a unidades navales de la OTAN durante un ejercicio de la OTAN frente a las costas de Portugal.
Asimismo, durante las maniobras navales REPMUS/Dynamic Messenger 2025, frente a las costas de Portugal, también dejaron una escena incómoda para la OTAN: un equipo liderado por Ucrania, con sus drones marítimos Magura V7, “hundió” una fragata aliada en un ataque simulado y se impuso en todos los escenarios, poniendo en evidencia que las flotas de la Alianza aún no están preparadas para un combate naval dominado por drones y sistemas no tripulados.
De lancha explosiva a plataforma de combate
El Magura, convertido en uno de los símbolos de una guerra que ha forzado una profunda reinvención del combate naval, ha experimentado una rápida evolución desde sus primeras versiones, concebidas como drones suicidas.
Las variantes más recientes, como el V7 y el MV7, han ampliado de forma notable su abanico de misiones. Hoy pueden configurarse para tareas de reconocimiento, guerra de minas, apoyo logístico, defensa aérea o ataque, gracias a la integración de sensores avanzados, estaciones de armas e incluso misiles.
Algunas configuraciones han incorporado misiles aire‑aire y capacidades para operar como plataforma de lanzamiento de drones aéreos, lo que multiplica su flexibilidad operativa.
Las vertientes más recientes del dron Magura incluyen las versiones V7 y MV7, que amplían de forma notable sus capacidades más allá del uso como dron suicida. Estas variantes pueden emplearse en reconocimiento, guerra de minas, logística, defensa aérea y ataque, además de integrar sensores, estaciones de armas e incluso misiles.
Presentación de los drones navales Magura.
Esta transformación ha consolidado al Magura como una plataforma naval autónoma multifunción, muy alejada de su concepción original como simple vehículo explosivo.
En el plano técnico, el V7 alcanza aproximadamente los 7,2 metros de eslora, presenta una masa inferior a 1.300 kilogramos en su configuración básica, admite una carga útil de hasta 650 kilogramos y está propulsado por un motor diésel de 270 caballos. Este modelo ha sido mostrado tanto con una ametralladora en torreta como con dos misiles AIM‑9 Sidewinder lanzados desde superficie.
Por su parte, la versión MV7 introduce mejoras significativas en alcance y capacidad de carga. Puede alcanzar hasta 800 millas náuticas de autonomía y transportar más de una tonelada de carga útil distribuida, lo que le permite operar en estados de la mar más exigentes que los que caracterizaban a los primeros sistemas empleados en el mar Negro.
Aunque su carga útil básica se sitúa en 650 kilogramos, UForce señala que puede superar los 1.000 kilogramos cuando el peso se reparte entre distintos puntos de anclaje para armamento, sensores, UAV y otros equipos.
Un atajo para acelerar los programas
El acuerdo también refleja un cambio de enfoque en la industria de defensa estadounidense. En lugar de invertir durante años en el desarrollo de un nuevo dron naval, Washington estudia partir de una plataforma cuya eficacia ya ha sido demostrada en combate y adaptarla a sus propios requisitos tecnológicos.
En esta alianza, UForce USA, dirigida por Sean Plankey, se encargará del desarrollo de programas, las relaciones con el Gobierno estadounidense y la integración del software, mientras que ReconCraft asumirá la fabricación de los cascos, el ensamblaje de los sistemas y el escalado industrial.
La operación también supone un espaldarazo para la industria ucraniana de defensa. UForce agrupa a nueve fabricantes de sistemas no tripulados y cuenta con más de un millar de empleados distribuidos en seis países aliados. Entre sus dirigentes figuran el ex primer ministro ucraniano Oleksiy Honcharuk y el exsecretario británico de Defensa Ben Wallace.
Aunque todavía no hay pedidos oficiales, la decisión de producir el Magura en Estados Unidos confirma que uno de los sistemas no tripulados más exitosos de la guerra de Ucrania ha pasado de ser una solución de emergencia para Kiev a convertirse en un candidato para los futuros programas de guerra naval autónoma del Pentágono.