Ilustración del USS Defiant

Ilustración del USS Defiant US Navy US Navy

Observatorio de la Defensa

EEUU prepara el 'USS Defiant', el buque de guerra de 17.000 millones con el que quiere frenar el auge naval de China

El buque, de hasta 40.000 toneladas, incorporará misiles hipersónicos.

Se enmarca en la iniciativa Golden Fleet de la US Navy.

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Las claves

Las claves

Estados Unidos impulsa el USS Defiant, un buque de guerra de la clase Trump valorado en más de 17.000 millones de dólares, para contrarrestar el auge naval de China.

El USS Defiant contará con misiles hipersónicos, radar avanzado AN/SPY-6 y sistemas de guerra electrónica para aumentar su capacidad de combate y defensa.

El buque tendrá entre 30.000 y 40.000 toneladas de desplazamiento, convirtiéndose en el mayor combatiente de superficie estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial.

El programa Golden Fleet busca integrar grandes buques con portaaviones, submarinos y sistemas autónomos en una fuerza interconectada, adaptándose a los retos del Indo-Pacífico.

La carrera por el dominio del Indo-Pacífico también se libra sobre el mar. Mientras China continúa ampliando la que ya es la mayor marina del mundo por número de buques, Estados Unidos apuesta por responder con una estrategia distinta: no construir más barcos, sino desarrollar plataformas mucho más poderosas capaces de concentrar una capacidad de combate sin precedentes.

Con ese objetivo, la Armada de Estados Unidos impulsa la iniciativa Golden Fleet, un ambicioso programa centrado en una nueva generación de grandes combatientes de superficie: la clase Trump. El primer buque, el USS Defiant, aún en fase de diseño, contempla una inversión inicial que ya supera los 17.000 millones de dólares, aunque la previsión era menor, unos 14.500 millones.

El nuevo navío tendrá un desplazamiento estimado de entre 30.000 y 40.000 toneladas, aproximadamente el triple que un destructor de la clase Arleigh Burke, lo que lo convertiría en el mayor buque de combate de superficie construido por Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial.

El programa forma parte de la estrategia de Washington para mantener su superioridad marítima en el Indo-Pacífico frente al rápido crecimiento de la Marina del Ejército Popular de Liberación (PLAN), que ya cuenta con alrededor de 370 buques y submarinos.

Lejos de intentar igualar a Pekín barco por barco, la Marina estadounidense pretende compensar esa ventaja numérica mediante una mayor potencia de fuego, sensores más avanzados, mejores sistemas defensivos y la integración de nuevas tecnologías que aumenten la capacidad de combate de cada unidad.

Según el ahora exsecretario de la Marina, John Phelan, la necesidad de estas embarcaciones responde a un entorno global cada vez más volátil donde la disuasión requiere de una presencia física incontestable.

Según la Armada estadounidense, los futuros buques de la clase Trump podrán operar de forma independiente, integrarse en un grupo de combate de portaaviones proporcionando defensa aérea y antimisil, o liderar grupos de combate de superficie en misiones antisubmarinas y de guerra antisuperficie.

Misiles hipersónicos y radar

Uno de los principales elementos diferenciadores del USS Defiant será la incorporación de los misiles hipersónicos Conventional Prompt Strike (CPS), concebidos para atacar objetivos estratégicos a larga distancia —como centros de mando, emplazamientos de misiles o infraestructuras logísticas— permaneciendo fuera del alcance de muchos sistemas de negación de acceso y defensa del adversario, indica Army Recognition.

El buque también estará equipado con el radar AN/SPY-6 Air and Missile Defense Radar, considerado uno de los sistemas más avanzados que está incorporando actualmente la Marina estadounidense.

Este sensor mejora de forma significativa el alcance de detección, la discriminación de objetivos y las capacidades de defensa frente a misiles balísticos, además de permitir el seguimiento y enfrentamiento simultáneo de múltiples amenazas aéreas complejas.

A ello se sumará el sistema de guerra electrónica SEWIP Block III, diseñado para detectar, identificar, interferir y neutralizar misiles antibuque y otras amenazas electrónicas cada vez más sofisticadas, reforzando la supervivencia del buque en escenarios de alta intensidad.

Las armas del futuro

Aunque la Armada estadounidense ya ha definido los principales sistemas de combate de la nueva clase, parte de sus capacidades continúan siendo conceptuales.

El diseño prevé amplias reservas de potencia eléctrica, espacio interior y capacidad de refrigeración para facilitar futuras modernizaciones. Entre las tecnologías que podrían incorporarse en el futuro figuran nuevos lanzadores de misiles, un misil de crucero de lanzamiento naval con capacidad nuclear —si la política estadounidense así lo requiriese— o incluso un cañón electromagnético (railgun) de 32 megajulios, siempre que esta tecnología alcance la madurez operativa.

La Marina considera que este margen de crecimiento evitará las limitaciones sufridas por anteriores generaciones de combatientes de superficie, cuya capacidad de modernización quedó condicionada por la falta de espacio, energía o refrigeración disponible.

La iniciativa Golden Fleet va más allá de la construcción de una nueva clase de navíos. El concepto plantea integrar estos grandes combatientes con portaaviones, submarinos nucleares de ataque, buques no tripulados y sistemas submarinos autónomos en una fuerza altamente interconectada capaz de desarrollar operaciones marítimas distribuidas en el Indo-Pacífico.

El objetivo es dificultar la localización y neutralización de las fuerzas estadounidenses por parte del adversario, al tiempo que se incrementa su capacidad ofensiva y defensiva en un escenario caracterizado por enormes distancias operativas.

Debate sobre el futuro

El desarrollo de buques de hasta 40.000 toneladas supondrá igualmente un importante reto para la industria naval estadounidense, que deberá ampliar su capacidad de producción, reforzar la cadena de suministro y formar nueva mano de obra especializada.

Las estimaciones de la Armada sitúan el coste del USS Defiant por encima de los 17.000 millones de dólares, mientras que la adquisición de los tres primeros buques de la clase podría superar los 43.500 millones, convirtiéndolos en algunos de los combatientes de superficie más caros jamás planteados por Estados Unidos.

El proyecto ha abierto un intenso debate dentro de la comunidad naval estadounidense. Sus defensores sostienen que concentrar sensores avanzados, armamento hipersónico y capacidades de mando en grandes plataformas incrementará la flexibilidad operativa y reforzará la disuasión frente a potencias como China.

Sus críticos, en cambio, consideran que la proliferación de misiles antibuque de largo alcance favorece una flota más distribuida, formada por un mayor número de unidades de menor tamaño apoyadas por sistemas autónomos.

En cualquier caso, la iniciativa Golden Fleet refleja la respuesta estratégica de Washington al acelerado proceso de modernización naval de Pekín. Si la futura clase Trump supera la fase conceptual y entra finalmente en construcción durante la próxima década, supondrá uno de los mayores cambios en la arquitectura naval estadounidense desde el final de la Guerra Fría y un nuevo capítulo en la competición marítima entre las dos principales potencias militares del mundo.