El logotipo de Anduril Industries, durante el 55º Salón Aeronáutico Internacional de París, celebrado en el aeropuerto de Le Bourget (Francia) el 17 de junio de 2025.

El logotipo de Anduril Industries, durante el 55º Salón Aeronáutico Internacional de París, celebrado en el aeropuerto de Le Bourget (Francia) el 17 de junio de 2025. Benoit Tessier Reuters

Observatorio de la Defensa

Anduril quiere convertir una histórica planta de Nissan en una fábrica de drones militares para reforzar el rearme de Japón

Convergencia entre automoción y sector militar, en un contexto de rearme.

Oppama posee una localización relevante desde el punto de vista militar.

Más información: El sector de la defensa, la nueva vía de negocio para la industria automovilística europea

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Las claves

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Anduril Industries negocia la compra de la histórica planta Oppama de Nissan en Japón para convertirla en una fábrica de drones militares.

La operación responde a la estrategia de Japón para reforzar su base industrial de defensa ante el aumento de tensiones en Asia-Pacífico.

La planta de Oppama, inaugurada en 1961 y próxima a la base naval de Yokosuka, ofrece una ubicación estratégica para la producción militar.

La tendencia de reconvertir instalaciones automovilísticas en centros de defensa se observa tanto en Asia como en Europa, impulsada por el aumento del gasto militar global.

La estadounidense Anduril Industries negocia la compra de la histórica planta automovilística Oppama, propiedad de Nissan, con el objetivo de reconvertirla en un centro de fabricación de drones militares en Japón.

Según Reuters, las conversaciones siguen abiertas, pero de confirmarse, la entrada de Anduril en Oppama simbolizaría la creciente convergencia entre la automoción y el sector militar, en un contexto de rearme, competencia entre grandes potencias y refuerzo de las cadenas de suministro estratégicas en el Indo-Pacífico.

La operación se enmarca en la profunda revisión de la estrategia de seguridad de Japón. Tokio busca reforzar su base industrial de defensa ante el deterioro del entorno en Asia-Pacífico y el riesgo de una crisis en el estrecho de Taiwán que obligue al país a sostener operaciones prolongadas, poniendo a prueba sus reservas de armamento y su capacidad de producción.

La planta de Oppama, inaugurada en 1961 y situada al sur de Tokio, ha fabricado cerca de 18 millones de vehículos a lo largo de su historia y fue el lugar donde nació en 2010 el Nissan Leaf, uno de los primeros coches eléctricos producidos en masa.

Sin embargo, el fabricante japonés anunció el año pasado su cierre para 2028 dentro de su plan de reestructuración, que contempla reducir su capacidad de producción en un millón de vehículos y reubicar a sus 2.400 trabajadores.

Según las citadas fuentes, Anduril habría planteado reutilizar parte de esas instalaciones para fabricar equipos de defensa y ofrecer programas de reciclaje profesional a la plantilla.

La compañía todavía estudia qué superficie necesitaría de un complejo industrial que ocupa 1,7 millones de metros cuadrados y que dispone de centros de investigación, instalaciones de pruebas y acceso portuario.

Una ubicación estratégica

Más allá de su capacidad industrial, Oppama posee una localización especialmente relevante desde el punto de vista militar. La factoría se encuentra muy cerca de la base naval de Yokosuka, sede de la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón y puerto de la única fuerza de portaaviones estadounidense desplegada de forma permanente fuera de Estados Unidos.

La iniciativa también encaja con la estrategia de Anduril para consolidarse en el mercado japonés. Su fundador, Palmer Luckey, visitó Tokio el pasado diciembre con motivo de la apertura de la filial japonesa de la empresa, donde fue recibido por el entonces ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi.

La planta Oppama de Nissan.

La planta Oppama de Nissan. Nissan

Tras el encuentro, el dirigente japonés aseguró que Japón tenía "mucho que aprender de Anduril" y defendió una mayor cooperación para fortalecer la industria nacional de defensa.

La compañía ya ha dado pasos para adaptarse a los requisitos de contenido local exigidos por Tokio. El pasado año presentó un prototipo de dron denominado Kizuna, desarrollado exclusivamente con componentes japoneses, una demostración destinada a facilitar su acceso a futuros contratos con las Fuerzas de Autodefensa.

El impulso de Anduril coincide además con el reconocimiento que está obteniendo en Estados Unidos. Este mismo mes, la Fuerza Aérea estadounidense adjudicó a la empresa, junto con General Atomics, el contrato para desarrollar la primera flota de aeronaves de combate semiautónomas que operarán junto a cazas tripulados dentro del programa de Collaborative Combat Aircraft (CCA).

La automoción, un activo para la defensa

La posible reconversión de Oppama ilustra una tendencia que ya se observa tanto en Asia como en Europa: la utilización de la capacidad industrial del automóvil para incrementar la producción de material militar.

El fuerte incremento del gasto en defensa, la necesidad de fabricar mayores cantidades de municiones, drones y vehículos militares y, al mismo tiempo, la crisis que atraviesa parte de la industria automovilística están favoreciendo una convergencia que hace apenas unos años parecía improbable.

En Europa, este proceso está respaldado por iniciativas como ReArm Europe, que prevé movilizar hasta 800.000 millones de euros antes de 2030, y por el nuevo compromiso adquirido por los aliados de la OTAN para elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB en 2035.

Los datos reflejan esa aceleración. Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el gasto militar europeo alcanzó en 2025 los 864.000 millones de dólares (754.000 millones de euros), un 14% más que el año anterior.

Este atractivo escenario está empujando a fabricantes y proveedores del sector automovilístico —como Renault, Rolls-Royce, Stellantis o Ford— a explorar nuevas oportunidades en el ámbito militar, capitalizando su experiencia en producción en serie, automatización, logística y gestión de complejas cadenas de suministro.

Aunque cada país está adoptando modelos distintos, el objetivo es común: reforzar la base industrial de defensa mediante el aprovechamiento de la capacidad manufacturera existente para responder al crecimiento sostenido de la demanda militar.