Billetes falsos lanzados con drones, con imágenes de algunos líderes históricos ucranianos, que incorporan un código QR que no existe en los originales.

Billetes falsos lanzados con drones, con imágenes de algunos líderes históricos ucranianos, que incorporan un código QR que no existe en los originales.

Observatorio de la Defensa

Europa se prepara para una nueva batalla: la guerra cognitiva que busca manipular la mente de los ciudadanos

Rusia y China explotan la desinformación, la inteligencia artificial y las vulnerabilidades institucionales para erosionar la confianza pública y debilitar la cohesión europea.

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Las claves

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Europa enfrenta una nueva amenaza: la guerra cognitiva, donde actores estatales y no estatales buscan manipular la mente de los ciudadanos mediante desinformación y propaganda.

Rusia y China destacan como principales impulsores de estas campañas, utilizando inteligencia artificial y plataformas digitales para difundir mensajes manipuladores y erosionar la confianza pública.

Ejemplos de estas tácticas incluyen el uso de billetes falsos con códigos QR maliciosos y narrativas coordinadas tras incidentes con drones para influir rápidamente en la percepción pública.

El análisis propone acelerar la respuesta institucional, mejorar la coordinación entre sectores y fortalecer la resiliencia social para contrarrestar la fragmentación europea ante estas amenazas híbridas.

La seguridad europea ya no se juega únicamente en las fronteras terrestres, el espacio aéreo o el ciberespacio. Según un análisis publicado por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés), la mente de los ciudadanos se ha convertido en un nuevo campo de batalla donde actores estatales y no estatales despliegan campañas destinadas a alterar percepciones, emociones y comportamientos colectivos.

Los autores, Jonathan Nelson —director de Inteligencia de Riesgos de Alto Intelligence— y Alejandro Romero, fundador y consejero delegado de la firma, advierten de que la arquitectura de defensa europea sigue orientada a amenazas convencionales, mientras adversarios como Rusia y China avanzan con creciente eficacia en el ámbito de la denominada “guerra cognitiva”.

“Quienes desean debilitar Europa tienen otra opción: la mente de la población”, señalan los expertos. A través de una combinación de propaganda, desinformación, amenazas físicas y cibernéticas, estas operaciones buscan “alterar percepciones, emociones y comportamientos y, en última instancia, sembrar el caos”.

Sostienen que la revolución digital ha facilitado la instrumentalización de la información. Redes criminales, medios de comunicación afines, plataformas digitales que premian la viralidad frente a la veracidad y campañas coordinadas de influencia contribuyen a amplificar narrativas manipuladoras.

Nelson y Romero citan como ejemplo las campañas de guerra informativa impulsadas por Rusia contra las democracias bálticas o las incursiones coordinadas de drones registradas en varios países europeos. “El efecto combinado es una presión constante sobre la confianza pública”, advierten.

Un billete falso lanzado desde Rusía, donde aparece la imagen del hétman Bogdán Jmelnitski, líder histórico y figura fundacional del país. Incluye un código QR malicioso.

Un billete falso lanzado desde Rusía, donde aparece la imagen del hétman Bogdán Jmelnitski, líder histórico y figura fundacional del país. Incluye un código QR malicioso.

La irrupción de la inteligencia artificial generativa está acelerando esta tendencia. Según el documento, esta tecnología ha reducido drásticamente el coste de producir y adaptar contenidos manipuladores a gran escala, mientras que la llamada economía de la atención favorece la difusión de mensajes diseñados para generar impacto emocional antes que información rigurosa.

Uno de los ejemplos más claros de este tipo de comportamientos es el envío masivo de octavillas que imitan grivnas ucranianas. Se trata de billetes falsos, con imágenes de algunos líderes históricos ucranianos, que incorporan un código QR que no existe en los originales.

Es precisamente este QR lo más relevante. Convierte un simple papel en un vector de ataque/infiltración: al escanearlo, como mínimo, filtra tu ubicación y datos del dispositivo -útil para rastreo o incluso targeting en zona de guerra-. Incluso puede llevar a phishing o a la instalación de malware con capacidad de vigilancia.

Desde hace tiempo, analistas, servicios de inteligencia e instituciones europeas. Todos apuntan a que lejos de los enfrentamientos convencionales del pasado, los actores hostiles recurren hoy a una combinación sofisticada de instrumentos militares, tecnológicos, informativos, económicos y cibernéticos.

Se trata de conflictos de baja visibilidad, pero de alto impacto, capaces de erosionar la seguridad, la cohesión política y la confianza social sin necesidad de disparar un solo misil.

Controlar el relato

Uno de los principales problemas detectados por el ECFR es la lentitud de las instituciones europeas para reaccionar ante campañas de influencia.

Los autores analizan diversos incidentes relacionados con drones registrados en Polonia, Dinamarca y Alemania durante el otoño de 2025. Según su investigación, entre 15 y 45 minutos después de los avistamientos y cierres de espacio aéreo ya circulaban narrativas coordinadas alineadas con intereses rusos a través de canales de mensajería como Telegram y medios intermediarios.

Gráfico que refleja la actividad coordinada en línea se despliega en minutos tras un incidente cinético.

Gráfico que refleja la actividad coordinada en línea se despliega en minutos tras un incidente cinético.

“La interrupción física y la distorsión narrativa actuaron conjuntamente, enmarcando los acontecimientos, asignando responsabilidades y cuestionando la competencia institucional mucho antes de que las autoridades emitieran declaraciones verificadas”, explican.

Para Nelson y Romero, el problema radica en que las instituciones europeas siguen interpretando estas acciones como incidentes aislados, cuando forman parte de campañas más amplias diseñadas para moldear la percepción pública antes de que llegue una respuesta oficial.

Tres reformas para blindar Europa

El análisis propone tres líneas de actuación para reforzar la resiliencia europea frente a la guerra cognitiva.

La primera consiste en acelerar la capacidad de interpretación y respuesta. Los expertos consideran que la Unión Europea y la OTAN deben ser capaces de identificar patrones de influencia en tiempo casi real y comprender cómo las infraestructuras de manipulación se adaptan y reactivan entre distintos acontecimientos y regiones.

La segunda medida pasa por crear un marco de coordinación entre administraciones públicas, empresas privadas y organismos reguladores. Actualmente, sostienen, la responsabilidad para responder a las amenazas híbridas y cognitivas está fragmentada entre múltiples actores con diferentes competencias y prioridades.

“Estas limitaciones determinan cuándo y cómo puede actuarse, algo que los atacantes pueden utilizar en su beneficio”, advierten.

Como modelo, los autores señalan el Sistema Europeo de Coordinación de Incidentes Cibernéticos Sistémicos, utilizado en el sector financiero para responder a ciberataques transfronterizos.

La tercera propuesta consiste en racionalizar la respuesta europea mediante estructuras capaces de integrar información procedente de distintos sectores y regiones. A juicio de los expertos, las actuales herramientas de coordinación continúan demasiado fragmentadas para hacer frente a amenazas que operan simultáneamente en múltiples dominios.

El flanco sur y los Balcanes

Aunque reconocen que las operaciones vinculadas a Rusia son las más documentadas, también destaca el creciente papel de China, que combina influencia económica, presión sobre las diásporas, represión transnacional y operaciones cibernéticas.

Los autores subrayan que las amenazas no se concentran únicamente en el flanco oriental.

El Mediterráneo afronta desafíos específicos relacionados con la instrumentalización de las migraciones, la vulnerabilidad de las infraestructuras energéticas y marítimas, la expansión de operaciones militares dirigidas por Rusia en África y la actividad de redes mediáticas afines al Kremlin en español, francés y árabe.

También identifican al sudeste europeo y a los Balcanes occidentales como escenarios especialmente sensibles, donde la coerción económica, las dependencias energéticas y las campañas coordinadas de manipulación informativa buscan influir en los procesos de ampliación de la Unión Europea y en la consolidación democrática de la región.

La batalla por contar la historia

El documento concluye que Europa necesita desarrollar una capacidad propia para interpretar y explicar los acontecimientos antes de que otros actores impongan su relato.

“La guerra en Ucrania ha expuesto una dinámica dual: un conflicto convencional donde los avances se miden en kilómetros y otro que se libra en el espacio informativo”, sostienen Nelson y Romero. Si Rusia logra convencer a los europeos de que su victoria es inevitable, añaden, podrá fortalecer su posición negociadora, fracturar la solidaridad europea y desplazar la responsabilidad de los fracasos hacia terceros.

Ante un escenario internacional marcado por la incertidumbre estratégica y una relación transatlántica menos predecible, los autores defienden que los europeos deben aprender a ser más autosuficientes frente a la guerra cognitiva. “El poder distribuido de Europa no es una debilidad”, concluyen.

“La UE puede aportar influencia económica, la OTAN capacidad de disuasión, las agencias nacionales interpretación local y la sociedad civil resiliencia. Esta arquitectura solo necesita estar conectada”.