Banderas de Cuba y Estados Unidos junto a la Embajada de EEUU en La Habana, Cuba, el 13 de mayo de 2024.

Banderas de Cuba y Estados Unidos junto a la Embajada de EEUU en La Habana, Cuba, el 13 de mayo de 2024. Reuters

Observatorio de la Defensa

Washington intensifica la presión sobre La Habana sin contemplar, de momento, "una operación militar pata negra"

El despliegue del grupo de combate del portaaviones USS Nimitz en el Caribe, escoltado por su grupo de ataque, ha elevado la tensión regional.

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Las claves

Las claves

Estados Unidos aumenta la presión sobre Cuba con sanciones, demostraciones de fuerza y contactos discretos, pero descarta por ahora una intervención militar directa.

La estrategia estadounidense recuerda al modelo aplicado en Venezuela: asfixia económica, presión política y negociación bajo coerción para forzar un cambio de régimen.

El despliegue del portaaviones USS Nimitz en el Caribe eleva la tensión, aunque Washington insiste en que es un mensaje estratégico y no el preludio de una invasión.

La política de Trump reactiva la Doctrina Monroe para frenar la influencia de China y Rusia en la región, considerando a Cuba un nodo estratégico en el Caribe.

La política de Estados Unidos hacia Cuba entra en una nueva fase de presión calculada, en la que la Casa Blanca combina sanciones, demostraciones de fuerza y contactos discretos, mientras descarta, al menos por ahora, una intervención militar abierta.

Así lo sostienen las fuentes militares consultadas por EL ESPAÑOL. El general de brigada (R) Francisco José Dacoba, exdirector del Instituto Español de Estudios Estratégicos, considera improbable una invasión convencional al estilo de Irak o Afganistán. “No creo que haga falta una intervención militar… En todo caso”, asegura, “sería más una intervención, pero no una operación militar ‘pata negra’”.

Y “no porque los estadounidenses no sean capaces de todo”, matiza. A su juicio, la clave está en los canales discretos abiertos entre Washington y La Habana. “La foto del director de la CIA, John Ratcliffe, la semana pasada en La Habana es muy significativa. Esa puerta es la que está abierta. Están manteniendo contactos a domicilio”, explica.

La estrategia recuerda cada vez más al modelo aplicado en Venezuela: asfixia económica, presión política y negociación bajo coerción. En este contexto, la visita del director de la CIA fue interpretada en medios estadounidenses como un intento de explorar una salida negociada mientras se mantiene la presión económica sobre el régimen cubano.

Por ello, Dacoba insiste en que “Optar por una opción en fuerza cuando tienes abierta de par en par la opción transaccional al estilo venezolano… no tiene sentido”. No obstante, no descarta "escenarios limitados de presión operativa".

Otra cosa es que entren con una operación aeromóvil que llamamos nosotros, que sería entrar con helicópteros básicamente. Pero sería una ocupación pseudomilitar, bastante más fácil que la de Venezuela”, señala.

Pese a las amenazas de la Administración Trump, Washington parece inclinarse por una combinación de presión máxima, negociación selectiva y desgaste prolongado. Una estrategia en la que el tiempo, más que los tanques, se perfila como el verdadero campo de batalla.

Doctrina Monroe

El deterioro interno de la isla —apagones masivos, escasez de combustible y creciente tensión social— coincide con el endurecimiento de la política estadounidense y con la reactivación de la Doctrina Monroe bajo el segundo mandato de Donald Trump.

En este contexto, la Casa Blanca ha intensificado la presión tras la imputación del expresidente Raúl Castro por el derribo de dos avionetas en 1996 y el refuerzo del bloqueo energético.

Paralelamente, el despliegue del grupo de combate del portaaviones USS Nimitz en el Caribe, escoltado por su grupo de ataque, que incluye aviones caza, el buque de aprovisionamiento logístico Patuxent y el destructor Gridley, ha elevado la tensión regional.

Desde Washington insisten en que responde más a un mensaje estratégico que al preludio de una operación de combate. El presidente Donald Trump, negó este jueves que haya enviado al Nimitz al Caribe para intimidar al Gobierno de Cuba y reiteró su voluntad de diálogo con La Habana, en medio de la campaña de presión de Washington sobre la isla.

El portaaviones USS Nimitz (CVN 68) y el destructor de misiles guiados USS Gridley (DDG 101).

El portaaviones USS Nimitz (CVN 68) y el destructor de misiles guiados USS Gridley (DDG 101). EFE/ Comando Sur de EEUU

Fuentes militares consultadas por EL ESPAÑOL coinciden en descartar una invasión convencional y apuntan a una estrategia de desgaste prolongado. “Van a tener que llegar a un compromiso o mantener el establishment”, señalan, en referencia a un escenario similar al venezolano.

No obstante, en los círculos estratégicos estadounidenses se subraya una diferencia clave entre Caracas y La Habana. “El Pentágono sabe que Cuba no es Venezuela. Si logran colocar un gobierno títere que sirva a los intereses de Estados Unidos y a Trump -y especialmente a Marco Rubio- para salvar su cara ante su confluencia de latinos y el lobby cubano tan fuerte que está en Florida, pues irán para adelante”, indican las citadas fuentes.

La estrategia de seguridad nacional habla claramente de que se acabaron las intervenciones globales. Esto les encaja en el corolario Monroe de esa estrategia, o sea, que lo pueden vender. El tema es vendérselo a su electorado”, añaden.

El secretario de Estado, Marco Rubio, este viernes.

El secretario de Estado, Marco Rubio, este viernes. Reuters

Esta lógica responde a un marco doctrinal más amplio. Trump ha recuperado explícitamente la Doctrina Monroe como herramienta de presión en el hemisferio occidental bajo el principio de "America First", con el objetivo de frenar la influencia de potencias como China y Rusia.

Desde la Casa Blanca consideran que América Latina vuelve a ser un espacio prioritario de competencia geopolítica. En ese tablero, Cuba representa mucho más que una dictadura envejecida frente a Florida.

“Cuba sí les encaja en el corolario de la doctrina Monroe. Les encaja porque lo pueden vender como una amenaza a su seguridad por grupos irregulares de inmigrantes, etc., pero no les encaja una empresa militar, porque saben que pueden haber muchos muertos”, explican las fuentes militares.

Para Washington, la isla sigue siendo un nodo estratégico en el Caribe, con capacidad para proyectar influencia rusa, china e incluso iraní. Por su parte, Moscú, de hecho, ya ha acusado a Estados Unidos de “estrangular” a Cuba y ha prometido respaldo político a La Habana.

Bahía de Cochinos

El recuerdo de Bahía de Cochinos sigue pesando en la memoria estratégica estadounidense. Aquella fallida invasión de 1961, que consolidó a Fidel Castro, continúa siendo un referente negativo. “Como en Bahía de Cochinos les salió mal, nunca van a intentar otra historia parecida”. “Tuvieron ciento y pico muertos y mil y pico prisioneros”, recuerdan las fuentes consultadas.

Así, el consenso entre los analistas militares apunta a un escenario de guerra de desgaste en el que el factor tiempo será decisivo. Estados Unidos busca intensificar la presión interna sobre el régimen cubano sin asumir los costes de una intervención directa.

Cuba, por su parte, apuesta por resistir mientras convierte la presión exterior en un elemento de cohesión interna.

En Washington son conscientes de que una invasión podría provocar el efecto contrario al deseado: reforzar a un régimen debilitado mediante una narrativa de resistencia frente a una agresión extranjera, algo que ya se está observando en otros escenarios como Irán.