Participantes en la mesa redonda “La Administración Trump y Oriente Medio”

Participantes en la mesa redonda “La Administración Trump y Oriente Medio” Elcano

Observatorio de la Defensa

Andrew Miller: "Trump no entiende las negociaciones internacionales. Las trata como un acuerdo inmobiliario"

Así de contundente se mostró el investigador principal de Seguridad Nacional y Política Internacional en el Center for American Progress al explicar la situación con Irán.

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Las claves

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Andrew Miller critica la visión de Trump sobre las negociaciones internacionales, acusándolo de tratarlas como acuerdos inmobiliarios y de subestimar la complejidad del conflicto con Irán.

La campaña militar estadounidense e israelí ha causado daños en infraestructuras iraníes, pero no ha logrado objetivos irreversibles; Irán ya muestra indicios de recuperación y el régimen se ha vuelto más radical.

El conflicto ha aumentado la desconfianza pública en Estados Unidos, con un claro rechazo social a la escalada militar y una crisis de confianza en las instituciones, especialmente de cara a las elecciones de 2026.

Expertos señalan que la influencia de EE.UU. en Oriente Medio está en declive, dando paso a nuevos actores como China y Rusia, mientras Washington enfrenta límites legales, políticos y sociales para sostener su estrategia en la región.

La escalada en Oriente Próximo ha vuelto a situar a Estados Unidos ante los límites de su poder y de su estrategia. La combinación de presión militar sobre Irán, tensiones con sus aliados regionales y un entorno internacional cada vez más competitivo dibuja un escenario en el que Washington ya no actúa como árbitro indiscutido, sino como un actor más en disputa.

Las decisiones de la Administración de Donald Trump no solo condicionan el equilibrio regional, sino que reconfiguran el tablero global. Y eso es un problema, porque como asegura Andrew Miller, investigador principal de Seguridad Nacional y Política Internacional en el Center for American Progress, “Trump no entiende las negociaciones internacionales. Las trata como un acuerdo inmobiliario”.

Así lo subrayó Miller durante su participación en la mesa redonda “La Administración Trump y Oriente Medio”, organizada por el Real Instituto Elcano en el Círculo de Bellas Artes. El experto ofreció un análisis detallado y crítico de la política de la Administración de Trump en la región, con especial atención a la actual campaña militar contra Irán.

Según Miller, una deficiencia clave del enfoque de Trump radica en su creencia de que, “porque Estados Unidos tiene más poder, Irán debería rendirse”, obviando que “en política internacional los regímenes caen o sobreviven”.

Este endurecimiento del régimen complica el escenario negociador: “Y eso hace todo más difícil. Irán negocia bajo una percepción de amenaza existencial, mientras que Trump ha limitado su margen de negociación”, alertó el analista, quien enmarcó las dinámicas actuales en una continuidad estratégica de décadas.

Miller destacó también el rol persistente de Israel: “La realidad es que desde el presidente George W. Bush, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha presentado esencialmente una versión de este plan de una invasión estadounidense-israelí de Irán destinada a cambiar el régimen a cada presidente estadounidense”.

Andrew Miller criticó duramente las motivaciones de Trump, guiadas por percepciones erróneas tras éxitos en Venezuela y la “guerra de 12 días” pasada —exagerados, aunque con daños nucleares notables a bajo coste—.

Convencido de haber hallado “el código… para intervenciones militares baratas”, el presidente aplicó esas tácticas a Irán y vio en el conflicto —que “entiende el ciclo de noticias”— “la forma ideal de robar varios ciclos noticiosos” ante su caída en popularidad.

Situación actual

En cuanto a la situación actual, marcada por negociaciones intermitentes, el investigador principal de Seguridad Nacional y Política Internacional explicó que “Irán ha propuesto un proceso en tres etapas: alto el fuego, luego el estrecho de Ormuz y finalmente el tema nuclear”.

Sin embargo, se mostró escéptico sobre los resultados tanto de la campaña militar como del proceso diplomático. “Me sorprendería que Estados Unidos e Israel hayan logrado algo irreversible”, afirmó.

Aunque reconoció daños significativos, matizó su alcance: “lo que han hecho —daños a fábricas de misiles, centrifugadoras, infraestructuras— retrasa a Irán, crea una ventana de debilidad, pero pueden reconstruirlo. No son cosas irreemplazables”.

De hecho, el investigador del Center for American Progress alertó de la capacidad de recuperación iraní: “ya hay indicios de que Irán está reconstruyendo su capacidad. No debemos subestimar su resiliencia”.

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Más preocupante, a su juicio, es el efecto político de la guerra: “en términos estratégicos, la consecuencia más clara es que el régimen es ahora más duro, más beligerante. En lugar de un Irán más moderado, tenemos una República Islámica más radical”.

Su intervención dibujó un panorama complejo y poco alentador: una campaña militar de efectos limitados, un adversario reforzado políticamente y unas negociaciones condicionadas por expectativas irreales.

Un diagnóstico que, en el foro madrileño, puso de relieve los riesgos de una estrategia marcada más por percepciones erróneas y cálculos políticos que por una planificación estratégica coherente.

El analista también puso el foco en los riesgos estratégicos derivados de la campaña, especialmente en el estrecho de Ormuz, especialmente en el estrecho de Ormuz, donde Irán mantiene capacidad de presión sobre el tránsito energético global.

Opinión Pública

La intervención de Carlota García Encina, analista Elcano, aportó una perspectiva centrada en el impacto interno de la guerra en Estados Unidos y puso el foco en las consecuencias políticas, económicas e institucionales del conflicto impulsado por la Administración de Donald Trump.

“Aunque la intención inicial era desviar la atención de la opinión pública, desde el inicio del conflicto ha ocurrido lo contrario: está aumentando la desconfianza pública, intensificando la ansiedad económica y reconfigurando, en cierta medida, las dinámicas políticas de cara a las elecciones de medio mandato de 2026”, afirmó.

En su análisis, la guerra no solo no ha beneficiado políticamente al presidente, sino que ha abierto una brecha más profunda entre la ciudadanía y las instituciones.

En este sentido, advirtió de un fenómeno más amplio que trasciende la coyuntura: “Lo que está emergiendo en Estados Unidos no es solo oposición a una operación militar concreta, sino una crisis más amplia de confianza que ya está afectando a las instituciones”.

La guerra se ha convertido en un elemento central del debate político, al conectar directamente con la principal preocupación del electorado: la economía.

García Encina destacó que las actitudes públicas reflejan un claro rechazo a la escalada: “El 66% apoya poner fin rápidamente al conflicto, incluso sin alcanzar todos los objetivos. Solo el 27% respalda el despliegue de tropas terrestres. El 86% está preocupado por los riesgos para el personal militar estadounidense. El 77% muestra preocupación por el coste económico”.

A su juicio, estos datos evidencian no solo fatiga de guerra, sino también un escepticismo profundo sobre sus beneficios reales.

Electoralmente

Desde el punto de vista electoral, la analista alertó de los riesgos para la Casa Blanca. El apoyo entre votantes independientes —clave en el sistema político estadounidense— está disminuyendo, mientras que la base republicana muestra signos de fragmentación.

Más allá del impacto electoral, García Encina advirtió de una dimensión institucional preocupante. La confianza en el gobierno, los servicios de inteligencia y la toma de decisiones militares se encuentra bajo presión, en un contexto en el que la guerra ha intensificado las tensiones entre el poder ejecutivo y el legislativo.

En este punto, recordó los límites legales establecidos por la War Powers Resolution: el presidente debe notificar al Congreso en un plazo de 48 horas tras iniciar hostilidades —lo que Trump hizo el 2 de marzo— y las operaciones no pueden superar los 60 días sin autorización legislativa, con una posible prórroga de 30 días.

Según subrayó, la intervención en Irán alcanza ese límite de 60 días el 1 de mayo, “y no está claro qué ocurrirá a continuación”.

Limitaciones de Trump

Para Charles Powell, director del Real Instituto Elcano, la capacidad de actuación de Trump está condicionada por cinco factores: “cinco límites estructurales del sistema estadounidense que restringen la capacidad del presidente para tomar decisiones que pueden o no contar con el respaldo popular”.

“En primer lugar, los mercados y la bolsa, que son obviamente muy vulnerables a reacciones adversas. En segundo lugar, los tribunales y el Estado de derecho, que todavía no están muy implicados en este asunto. En tercer lugar, el Congreso, y aquí es donde entran en juego las elecciones de medio mandato. En cuarto lugar, la estructura federal de Estados Unidos. Y, por último, la sociedad civil estadounidense”.

Disuadir a Irán

Por último, desde un punto de vista puramente de Defensa, Félix Arteaga, analista principal de Elcano, subrayó que “Estados Unidos está pasando de ser un proveedor de seguridad a convertirse en un generador de incertidumbre en la región”. Y señaló que existen dudas sobre su capacidad para disuadir a Irán —como muestran los límites observados recientemente—.

Igualmente, Arteaga alertó sobre la incapacidad de EEUU para contener el agresivo comportamiento militar de Israel, mientras “gran parte de los costes económicos y sociales del conflicto recaen sobre los países del Golfo”.

Félix Arteaga, analista del Instituto Elcano

Félix Arteaga, analista del Instituto Elcano Yolanda Rodríguez

"Estos buscan evitar futuras escaladas sin una mayor compensación en forma de compromiso militar estadounidense, ante la percepción de que Washington reorienta sus prioridades estratégicas hacia otras regiones".

Lo que, en su opinión, "abre la puerta a nuevos actores en Oriente Medio: China como socio económico, Rusia —y en menor medida Pakistán— en el ámbito de la seguridad, y la Unión Europea con un papel más limitado y de apoyo".

La presión de la administración Trump, centrada en la venta de armamento a países árabes, ya no se considera proporcional al nivel de disuasión y seguridad ofrecido. En este contexto, el escenario geopolítico se vuelve más complejo, con actores emergentes que buscan reconfigurar el equilibrio de poder en la región, mientras Washington enfrenta los límites de su influencia y la fragilidad de su estrategia exterior.