Un soldado ucraniano dispara un obús hacia las tropas rusas en una línea del frente en la región de Donetsk..

Un soldado ucraniano dispara un obús hacia las tropas rusas en una línea del frente en la región de Donetsk.. Oleksandr Ratushniak Reuters

Observatorio de la Defensa

Drones, misiles y defensas antiaéreas: el material al que Ucrania destinará los 90.000 millones de la UE frente a Rusia

La Unión Europea ha salido en auxilio de Kiev, que precisa seguir financiando la guerra contra Rusia ante la previsión de que la paz está cada vez más lejos.

Más información: Rusia acusa a Europa de “escalar drásticamente” la guerra por el aumento del suministro de drones a Ucrania

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Las claves

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La Unión Europea ha aprobado un préstamo histórico de 90.000 millones de euros para Ucrania, destinados principalmente a gasto militar y refuerzo de su defensa frente a Rusia.

El paquete financiará sistemas antiaéreos Patriot, SAMP/T, misiles de largo alcance como Taurus y ATACMS, así como una intensificación en la producción y uso de drones y guerra electrónica.

Ucrania invertirá parte de los fondos en la modernización de su industria de defensa, priorizando munición de artillería, vehículos blindados y sistemas autónomos terrestres y navales.

El objetivo es garantizar la capacidad defensiva de Ucrania en un conflicto prolongado, asegurando el suministro continuo de material y la adaptación tecnológica frente a la ofensiva rusa.

La Unión Europea ha pasado de gestionar la urgencia a financiar una estrategia. Con el desbloqueo de un préstamo histórico de 90.000 millones de euros en dos años, tras el cambio de gobierno en Hungría, Bruselas no solo inyecta oxígeno a Kiev, sino que asume una guerra sin horizonte inmediato de paz, destinada a prolongarse y a exigir un esfuerzo cada vez más costoso y tecnológicamente complejo.

Con esta nueva inyección económica al gobierno encabezado por Volodímir Zelenski, la UE financia desde munición de 155 mm hasta tecnología avanzada para drones, en un giro estratégico que asume que la paz no se dirime solo en los despachos. El objetivo es garantizar que Ucrania mantenga su capacidad defensiva, preserve su industria estratégica y pueda renovar sus arsenales en un conflicto de desgaste sostenido.

A diferencia de programas anteriores de la UE —centrados en la estabilización económica o en envíos puntuales de material—, este nuevo paquete se orienta de forma clara hacia el gasto militar. De hecho, Bruselas tiene previsto transferir gradualmente los 45.000 millones de euros anuales, de los que 16.700 millones se destinarán a apoyo financiero y 28.300 millones a apoyo militar.

El nuevo paquete económico será el combustible para una metamorfosis militar de Kiev: desde el blindaje del cielo con sistemas Patriot y SAMP/T, hasta la ambición de golpear la retaguardia rusa con misiles de largo alcance tipo Taurus o los anhelados Tomahawk.

Además, con este dinero Europa también financia la transformación de Ucrania en el mayor laboratorio de guerra asimétrica del mundo, donde los drones Magura vacían mares y los robots terrestres Ratel S sustituyen la sangre por circuitos.

Gracias al nuevo "cheque" de la Unión Europea, Ucrania podrá garantizar el suministro continuo de material militar para hacer frente a la invasión rusa.

De este modo, Kiev refuerza sus capacidades operativas más allá del programa PURL, el mecanismo de adquisición coordinada mediante el cual los aliados de la OTAN —principalmente países europeos y Canadá— financian la compra de armamento estadounidense para su envío directo a Kiev.

SAMP/T NG

SAMP/T NG ©MBDA

La defensa antiaérea se mantiene como la prioridad crítica de Ucrania ante la intensificación de los ataques rusos contra infraestructuras energéticas y centros logísticos, con drones Shahed y misiles balísticos. Ucrania no puede permitirse fisuras en su cielo, lo que la obliga a destinar miles de millones a reforzar un escudo que depende, hoy más que nunca, de una Europa con las reservas bajo mínimos.

La solución a este cuello de botella ya está en marcha: un giro hacia el rearme masivo que está transformando la industria de defensa europea, elevando sus capacidades de producción a niveles no vistos desde el fin de la Guerra Fría.

En este ámbito destacan los sistemas Patriot, considerados esenciales porque son los únicos desplegados por Ucrania con capacidad probada para interceptar misiles balísticos avanzados.

Batería Patriot

Batería Patriot Raytheon

Kiev necesita nuevas baterías completas, incluidos radares AN/MPQ-65, vehículos lanzadores y, sobre todo, un suministro constante de misiles PAC-2 y PAC-3, cuyo coste es elevado y cuya producción es limitada.

Junto a ellos, Ucrania continuará reclamando sistemas europeos como IRIS-T SLM, NASAMS y SAMP/T, fundamentales para construir una defensa por capas frente a amenazas de medio y corto alcance.

ATACMS, Taurus y Tomahawk

Otro de los ejes prioritarios será la capacidad de atacar la retaguardia rusa. Para ello, Ucrania buscará ampliar el uso de misiles de crucero y armas de largo alcance contra depósitos de combustible, nodos ferroviarios, aeródromos y fábricas militares. Ahora contará con más dinero, pero muchas decisiones seguirán siendo políticas y Europa tendrá que acelerar algunas entregas.

Entre los sistemas ya empleados o solicitados figuran los ATACMS, Storm Shadow y SCALP-EG. Alemania sigue bajo presión para suministrar el sistema Taurus, cuya incorporación supondría un salto significativo en alcance y precisión.

Caza F-18 español con el misil Taurus, en verde, acoplado

Caza F-18 español con el misil Taurus, en verde, acoplado Ejército del Aire y del Espacio

En los círculos estratégicos también aparece de forma recurrente el Tomahawk, una referencia mundial en ataques de precisión a gran distancia.

Aunque Estados Unidos no ha autorizado su entrega a Kiev, su presencia en el debate refleja hasta qué punto Ucrania necesita capacidades de ataque en profundidad para presionar infraestructuras críticas rusas muy alejadas del frente.

El poder de los drones

Ante la falta de personal militar y el envejecimiento del ejército, los vehículos no tripulados se han convertido en la gran apuesta de Kiev. Una parte sustancial de los nuevos fondos europeos se destinará al ámbito de los drones, donde Ucrania ha demostrado una notable capacidad de adaptación, desde sistemas aéreos y plataformas navales no tripuladas hasta robots terrestres y soluciones de guerra electrónica.

El conflicto ha convertido al país en uno de los principales laboratorios mundiales de combate autónomo. La gran fortaleza ucraniana reside en la velocidad de innovación.

Muchas de estas plataformas se rediseñan en semanas tras recibir datos directos del frente. Un tanque tarda años en fabricarse; un dron puede evolucionar en días.

Con esta nueva financiación europea, Kiev aspira a escalar esa ventaja: producir más rápido que Rusia, adaptarse antes que Moscú y convertir su industria no tripulada en el verdadero núcleo de su defensa.

Drones aéreos

Kiev pretende multiplicar la producción de drones FPV (First Person View), pequeños dispositivos pilotados mediante gafas de visión inmersiva que actúan como munición guiada de bajo coste.

Entre los modelos más utilizados se encuentran plataformas artesanales evolucionadas, sistemas industriales adaptados al frente y modelos más pesados como el Mammoth, capaz de portar ojivas de hasta cuatro kilos contra blindados o posiciones fortificadas.

Soldados ucranianos de la 68 Brigada preparan drones FPV de ataque para una misión desde su posición de combate, dentro de Pokrovsk.

Soldados ucranianos de la 68 Brigada preparan drones FPV de ataque para una misión desde su posición de combate, dentro de Pokrovsk. María Senovilla

En el segmento de largo alcance destacan drones empleados para atacar infraestructuras energéticas, depósitos y bases aéreas en territorio ruso, como el Airborne o el Beaver Drone, utilizados en operaciones profundas.

Para tareas de vigilancia táctica, Ucrania continúa empleando tanto sistemas comerciales adaptados al uso militar como drones propios, entre ellos el Leleka-100, diseñado para observación, corrección de fuego artillero y seguimiento de movimientos enemigos.

Drones navales

Uno de los mayores éxitos ucranianos se ha producido en el ámbito marítimo. Sin disponer de una gran flota convencional, Kiev ha logrado golpear a la Flota del Mar Negro mediante embarcaciones explosivas no tripuladas.

El sistema más conocido es el Magura V5, empleado en operaciones contra buques rusos y objetivos costeros.

Magura V5 en su versión kamikaze

Magura V5 en su versión kamikaze

A ello se suman versiones más recientes como el Magura V7, ya convertido en símbolo de una guerra que ha obligado a reinventar el combate naval, con mejoras en autonomía, carga útil y sistemas de navegación.

También destaca el Sea Baby, utilizado tanto para ataques explosivos como para misiones de largo alcance contra infraestructuras estratégicas. Estos sistemas han obligado a Rusia a replegar unidades, reforzar defensas portuarias y modificar su despliegue naval en la región.

Infantería mecánica

En el frente terrestre, Ucrania está acelerando el despliegue de vehículos terrestres no tripulados (UGV), diseñados para reducir las bajas humanas en zonas de altísimo riesgo.

Entre los más conocidos figura el Ratel S, capaz de infiltrarse bajo vehículos blindados, atacar posiciones defensivas o destruir infraestructuras mediante cargas explosivas.

Otro sistema relevante es el ShaBlya, una plataforma equipada con una ametralladora de 7,62 mm controlada a distancia, que permite abrir fuego desde la seguridad de un búnker o una trinchera.

A estos se suman robots logísticos destinados a evacuación médica, transporte de munición y suministro en sectores sometidos a fuego constante de artillería, donde el movimiento de soldados a pie resulta extremadamente peligroso.

Hace unos días, el presidente Zelenski, sorprendió asegurando que, por primera vez, una posición enemiga había sido capturada exclusivamente mediante sistemas robóticos terrestres y drones, sin intervención directa de infantería.

Según detalló Zelenski, la operación se ejecutó en una de las zonas más peligrosas del frente. Allí, plataformas robóticas terrestres —identificadas como Ratel, Termite, Ardal, Lynx, Zmiy, Protector y Volya— avanzaron sobre posiciones rusas, obligando a los ocupantes a rendirse.

Guerra electrónica

Todo este ecosistema tecnológico depende de comunicaciones seguras. Por ello, otra de las prioridades del paquete europeo será financiar sistemas de guerra electrónica capaces de interferir señales GPS rusas, neutralizar drones enemigos, proteger enlaces propios y dificultar la detección de unidades ucranianas.

Con el respaldo de los 90.000 millones de euros, Kiev busca una integración tecnológica que "apague" la superioridad rusa mediante cuatro ejes: "burbujas" de protección con jamming portátil y antidrones FPV para blindar a la infantería; geolocalización y SIGINT de alta precisión para triangular operadores enemigos; protección de comunicaciones mediante sistemas anti-spoofing que rescaten la eficacia de los misiles guiados; e interferencia estratégica para cegar los radares y AWACS del Kremlin.

Más allá del hardware, el desafío es la agilidad: Ucrania exige a Europa sistemas de "código abierto" y coproducción local que permitan actualizar el software en horas frente a los cambios de frecuencia rusos.

El objetivo es transformar el préstamo en una defensa soberana y flexible, capaz de operar en el entorno electromagnético más hostil del mundo y garantizar que la tecnología occidental no quede obsoleta en cuestión de semanas.

Munición de artillería

A pesar de la creciente digitalización de la guerra, el frente terrestre sigue dependiendo en gran medida del volumen de fuego.

Ucrania necesitará cientos de miles de proyectiles de 155 mm para sistemas occidentales como el M777, el PzH 2000 o el CAESAR.

Un  obús autopropulsado CAESAR de las Fuerzas de Defensa de Estonia.

Un obús autopropulsado CAESAR de las Fuerzas de Defensa de Estonia.

También seguirá siendo clave la munición guiada de precisión y los cohetes para lanzadores HIMARS y M270 MLRS, con los que Kiev ha atacado depósitos, puentes y centros de mando rusos situados lejos de la línea de contacto.

El desafío para Europa no es solo financiero, sino también industrial: aumentar unas capacidades de producción que se redujeron de forma drástica tras el final de la Guerra Fría.

Blindados y movilidad táctica

Aunque la guerra se ha digitalizado en muchos aspectos, Ucrania sigue necesitando plataformas pesadas. Los combates de maniobra y la defensa de líneas requieren vehículos blindados de transporte y carros de combate modernos.

Seguirán siendo relevantes sistemas como el Leopard 2, el M1 Abrams o el Bradley, así como vehículos MRAP resistentes a minas y artillería autopropulsada.

La experiencia del frente es clara: ningún dron sustituye, por ahora, la necesidad de mover tropas protegidas, evacuar heridos o abrir brechas bajo fuego enemigo.

En definitiva, en un conflicto de desgaste como la guerra de Ucrania, que ya ha superado los cuatro años, la soberanía ya no se defiende solo con diplomacia, sino con la capacidad industrial de sostener una defensa inteligente y estos 90.000 millones de euros servirán a Ucrania para reforzar algunas de las capacidades con las que aún no contaba o que han visto mermadas en estos años.