Un EA-18G Growler en una configuración poco común.

Un EA-18G Growler en una configuración poco común. @CENTCOM

Observatorio de la Defensa

El Growler enseña los dientes: así ejecuta EEUU la guerra electrónica contra Irán

Refleja cómo EEUU reajusta sus prioridades operativas para equilibrar alcance, persistencia y capacidad de ataque electrónico en su campaña activa contra objetivos iraníes.

Más información: La guerra del relato: disparos, misiles y propaganda en torno al ataque iraní al portaaviones USS Abraham Lincoln

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Las claves

Estados Unidos ha desplegado el avión EA-18G Growler con una configuración poco común en la operación Furia Épica contra Irán, mostrando un ajuste clave en su estrategia de guerra electrónica.

El Growler combina sistemas de guerra electrónica AN/ALQ-99 y AN/ALQ-249, misiles antirradiación AGM-88 y AIM-120 AMRAAM, y depósitos externos de combustible, integrando capacidades electrónicas y cinéticas en una sola plataforma.

Esta configuración permite al Growler escoltar ataques, penetrar espacios aéreos disputados, neutralizar emisores enemigos y abrir corredores en defensas aéreas densas, consolidándose como pieza central de la superioridad aérea estadounidense.

La difusión de imágenes por parte del Mando Central de EEUU envía un mensaje estratégico: Washington puede imponer control aéreo y marítimo y neutralizar defensas avanzadas con rapidez y precisión.

Estados Unidos mueve ficha en el tablero del Golfo y lo hace mostrando una de sus cartas más sensibles: un EA-18G Growler en una configuración poco común que deja entrever cómo Washington ajusta su estrategia de guerra electrónica en el marco de la operación Furia Épica contra Irán.

El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ha difundido imágenes de un EA-18G del escuadrón VAQ-133 despegando desde el portaaviones USS Abraham Lincoln. Pero lo relevante no es la maniobra, sino su carga: una configuración poco común que combina barquillas de guerra electrónica AN/ALQ-99 con las nuevas AN/ALQ-249, junto a tres depósitos externos de combustible.

Refleja cómo Estados Unidos está ajustando sus prioridades operativas para equilibrar el alcance, la persistencia y la capacidad de ataque electrónico en una campaña activa contra objetivos iraníes.

El EA-18G Growler —derivado del F/A-18F Super Hornet— es hoy la principal plataforma de guerra electrónica embarcada de la Marina estadounidense. De hecho, también fue una pieza clave en la incursión en Venezuela, que terminó con la captura y detención de Nicolás Maduro.

Diseñado para dominar el espectro electromagnético, combina sensores pasivos de alta sensibilidad con capacidad de interferencia activa y ataque cinético, lo que le permite detectar, identificar y geolocalizar emisores enemigos sin delatar su posición.

Según el propio U.S. Central Command, la operación —iniciada el 28 de febrero— busca degradar nodos de mando, defensas aéreas, infraestructuras de misiles y drones.

En ese contexto, el Growler aparece con una configuración claramente orientada al combate: misiles antirradiación AGM-88, misiles aire-aire AIM-120 AMRAAM, combustible adicional y capacidad de interferencia de señales (camping, en inglés).

Más que una plataforma de apoyo

El mensaje es claro: el Growler deja de ser un mero apoyo. En esta configuración, puede escoltar paquetes de ataque, irrumpir en espacios aéreos disputados y neutralizar directamente a los emisores enemigos: detectarlos, interferirnos y destruirlos en una sola misión. En la práctica, condensa todo el ciclo de combate —electrónico y cinético— en un único avión.

Los misiles AGM-88 son la pieza central del sistema. Pensados para atacar radares, abren corredores en entornos densamente defendidos, un factor decisivo frente a redes de defensa aérea integradas.

Por su parte, la barquilla AN/ALQ-99 aporta perturbación activa en las fases más delicadas de la operación, mientras que el nuevo sistema NGJ refuerza esa capacidad frente a amenazas más avanzadas y sofisticadas.

A ello se suma la autoprotección. Los AIM-120 AMRAAM son misiles de alcance medio guiados por radar activo con función “dispara y olvida”: tras el lanzamiento, pueden dirigirse de forma autónoma hacia el objetivo sin necesidad de guía continua.

Este tipo de misiles son también un componente fundamental en la defensa aérea española, utilizado tanto por el Ejército del Aire y del Espacio como por el Ejército de Tierra.

Todo este material permite al Growler atacar y maniobrar al mismo tiempo, aumentando su supervivencia en entornos donde pueden aparecer cazas enemigos, drones armados o interceptores.

Los depósitos externos completan el perfil. Más autonomía significa más tiempo en zona, mayor flexibilidad y capacidad de espera —por ejemplo— a que un radar enemigo vuelva a emitir para ser localizado y atacado.

En conjunto, esta configuración apunta a misiones de interferencia de escolta, supresión de defensas aéreas (SEAD/DEAD) y apertura de corredores para oleadas de ataque posteriores. Pero, sobre todo, refleja una tendencia de fondo: integrar efectos electrónicos y cinéticos en una sola plataforma para acortar al máximo la cadena de ataque.

Mensaje estratégico

En la operación Furia Épica, el EA-18G Growler deja de ser un actor secundario para consolidarse como pieza clave de la superioridad aérea estadounidense: una plataforma capaz de interferir, atacar y abrir camino en un solo movimiento.

El mensaje va más allá del plano táctico. Al difundir estas imágenes, el Mando Central de Estados Unidos no solo comunica, sino que marca posición.

A sus aliados, les recuerda que Washington conserva la capacidad de imponer control aéreo y marítimo en uno de los entornos más sensibles del planeta. A sus adversarios, les advierte de que las defensas basadas en radares y sistemas integrados pueden ser neutralizadas con rapidez, precisión y continuidad.