Un avión despega de la base soberana británica de Akrotiri, en Chipre

Un avión despega de la base soberana británica de Akrotiri, en Chipre

Observatorio de la Defensa

Aparece un chip ruso en el dron kamikaze que golpeó la base británica de Chipre al comienzo de la guerra en Irán

La presencia de este componente supone la primera evidencia directa de tecnología militar rusa detectada en un ataque relacionado con el conflicto en Irán.

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Las claves

Un dron kamikaze que atacó la base británica RAF Akrotiri en Chipre llevaba un módulo de navegación militar ruso Kometa‑B.

El sistema Kometa‑B, diseñado para resistir interferencias electrónicas, ya había sido identificado en drones rusos usados en Ucrania.

Este hallazgo es la primera evidencia directa de tecnología militar rusa en un ataque relacionado con el conflicto de Oriente Próximo.

La presencia del chip ruso refleja la creciente colaboración tecnológica y de inteligencia entre Rusia e Irán en escenarios fuera de Ucrania.

El dron kamikaze que golpeó el 1 de marzo la base británica de RAF Akrotiri, en Chipre, al inicio de la denominada operación Furia Épica contra Irán, llevaba dentro algo que Londres no esperaba encontrar tan lejos de Ucrania: un módulo de navegación militar ruso, el Kometa‑B.

Según reveló The Times, los analistas identificaron en su interior este sofisticado sistema de guiado ruso, diseñado para resistir interferencias, un hallazgo que puede cambiar la lectura estratégica del ataque.

La presencia de este componente supone la primera evidencia directa de tecnología militar rusa detectada en un ataque relacionado con el conflicto regional en Oriente Próximo.

Como suele ser habitual en estos casos, tras el impacto, los servicios de inteligencia británicos activaron su “arqueología militar”: recuperar los restos del dron, despiece completo de sus componentes y rastreo de la cadena de suministro para seguir el rastro tecnológico hasta su origen.

En este caso, el análisis reveló algo más que un fuselaje de inspiración iraní.

Dentro del aparato, lanzado desde territorio libanés por una milicia alineada con Irán, los técnicos localizaron un sistema de navegación Kometa‑B, diseñado para mantener la precisión del vuelo incluso bajo fuertes interferencias electrónicas.

Los restos del dispositivo han sido enviados a un laboratorio en el Reino Unido para un examen más detallado.

Kometa‑B: de Ucrania al Mediterráneo oriental

El nombre de Kometa‑B no era nuevo para los analistas occidentales. Este sistema ya había sido identificado en drones y municiones guiadas empleados por Rusia en Ucrania, donde se usa para contrarrestar los sistemas de guerra electrónica desplegados por Kiev y sus aliados.

Su aparición en un dron que golpea una base británica en Chipre supone, según la prensa británica, la primera evidencia directa de tecnología militar rusa en un ataque vinculado con la actual guerra en torno a Irán.

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La coincidencia tecnológica conecta dos teatros hasta ahora analizados en paralelo: el frente ucraniano, donde Moscú adapta sus arsenales a un entorno de alta interferencia, y el arco de inestabilidad que va del Líbano al estrecho de Ormuz, donde Irán y sus aliados recurren cada vez más a drones y misiles para presionar a Estados Unidos y sus socios.

Moscú, Teherán y la inteligencia compartida

El hallazgo encaja con una relación estratégica cada vez más estrecha entre Rusia e Irán desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania.

Primero fue Teherán quien suministró a Moscú drones basados en la familia Shahed; después, Rusia desarrolló variantes propias e introdujo mejoras electrónicas y de navegación que ahora empiezan a aparecer en otros frentes.

Al mismo tiempo, fuentes occidentales sostienen que Moscú está proporcionando a Irán datos sobre posiciones de fuerzas estadounidenses en la región, incluidas rutas de buques de guerra y aeronaves, lo que ayudaría a explicar la creciente precisión de algunos ataques recientes.

El embajador ruso en Londres ha llegado a admitir que su país “no es neutral” en el conflicto y que su postura es “de apoyo a Irán”.

Guerras que se contaminan entre sí

El ataque contra RAF Akrotiri resume cómo las guerras contemporáneas tienden a solaparse.

Aunque Moscú no combate oficialmente en la guerra de Oriente Medio, la presencia de sus sistemas en el campo de batalla y los indicios de intercambio de inteligencia con Teherán muestran cómo la rivalidad estratégica entre Rusia y las potencias occidentales se proyecta sobre conflictos regionales que, en teoría, tienen causas y actores locales.

Cada dron derribado y cada chip recuperado se convierten en piezas de un mismo tablero que ya no entiende de fronteras entre guerras.