Caza Gripen junto a avión AWACS GlobalEye, las propuestas de Suecia para la aviación canadiense

Caza Gripen junto a avión AWACS GlobalEye, las propuestas de Suecia para la aviación canadiense Daniel Ahlgren

Observatorio de la Defensa

Canadá mira a Suecia para su megacontrato de aviación militar: 72 cazas y 6 aviones AWACS en disputa con EEUU

Las tensas relaciones entre Ottawa y Washington y el sobrecoste del F-35 han conducido a los canadienses a buscar socios industriales transatlánticos.

Más información: China contará con un millar de cazas J-20 de 5ª generación hacia 2030 tras alcanzar los 120 aviones fabricados en 2025

Publicada

Canadá mira al otro lado del Atlántico para evaluar opciones en sus próximos movimientos industriales y adquisiciones dentro de la rama de defensa.

Desde que Trump tomara el cargo en su segundo mandato, las relaciones entre ambos países norteamericanos han ido degradándose al punto de sopesar la continuidad de contratos clave para las Fuerzas Armadas canadienses.

Uno de los más importantes, tanto por su relevancia económica como de capacidades, es el que tiene como protagonista al caza F-35 fabricado por Lockheed Martin.

En 2023, con el propósito de renovar los F-18 actualmente en servicio, Ottawa inició un programa para incorporar 88 unidades del F-35. El primer lote en firme lo componen 16 cazas del modelo que llegarán a partir del 2028.

Sin embargo, cuando el Gobierno canadiense tuvo que continuar firmando la compra de cazas estadounidenses, se dieron cuenta del importante sobrecoste que supone frente al plan de gasto original.

Según las cuentas más recientes, apuntan a un incremento de un 45%, pasando de los 12.000 a los 18.000 millones en menos de 3 años.

Este hecho se une al deterioro de los lazos diplomáticos que mantienen Estados Unidos y Canadá en la actualidad, lo que ha conducido a Ottawa a buscar otros socios para su próxima flota de aeronaves.

Dado el cronograma y las horas de vuelo acumuladas por los F-18, Canadá debe tomar una decisión pronto. Máxime si pretende establecer factorías y generar empleo.

La propuesta de Suecia, según recoge el medio canadiense CBC News, pasa por ofrecer 72 cazas Gripen —justo las unidades restantes del programa original del F-35— y 6 aviones de alerta temprana GlobalEye.

Ambas plataformas, desarrolladas y fabricadas por Saab, se han erigido en el panorama mundial como referencias en sus diferentes roles dentro del planteamiento militar.

Además, la compañía europea afirmó que la adquisición de este paquete podría generar aproximadamente 12.600 empleos en suelo canadiense.

Entrega del primer caza F-35 a Dinamarca

Entrega del primer caza F-35 a Dinamarca Ministerio de Defensa danés

Mientras tanto, Lockheed Martin dice que también ofrecerá importantes beneficios económicos y puestos de trabajo con la condición de que Canadá mantenga íntegro el pedido original de 88 cazas.

Los 93 cazas del modelo F-18 que vuelan actualmente en la Real Fuerza Aérea Canadiense comenzarán a darse de baja a partir del 2030, por lo que el margen de maniobra para cerrar otro contrato es mínimo.

Una cuestión que cobra todavía más urgencia si pretenden levantar una línea de ensamblaje y formar a los más de 10.000 empleados que se pretende incorporar entre los dos programas.

Otro punto esencial impacta en la actual doctrina aérea de las Fuerzas Armadas del país americano, que operan tan solo un modelo de aeronave de caza.

Esta es una cuestión de economía y facilidad logística, aunque también incluye algunos riesgos de disponibilidad si, por cualquier asunto, el modelo al completo debe permanecer en tierra.

En cuanto al AWACS, el GlobalEye se produciría en colaboración con el fabricante de aviones ejecutivos canadiense Bombardier, cuyo modelo Global 6500 constituye la base sobre la que se incorporan los sistemas de vigilancia y radares.

Gripen, en primer plano, con el GlobalEye de fondo

Gripen, en primer plano, con el GlobalEye de fondo Daniel Ahlgren

"El Gobierno está interesado en todos los proyectos importantes que no sólo puedan proteger la seguridad y la soberanía de Canadá, sino también crear empleos en todo el país", según declaró Melanie Joly, ministra de Industria canadiense, a la CBC.

"Ciertamente no podemos controlar al presidente Trump, pero sí podemos controlar nuestras inversiones en defensa", continuó Joly.

También pueden elegir a quién adjudican contratos y la manera en la que se efectúan. "En última instancia, podemos crear empleos en Canadá. Así que nos centraremos en eso".

Presión desde Washington

Desde Estados Unidos, esta mirada de Canadá hacia un socio industrial europeo no se considera un movimiento positivo para Washington.

Si bien el F-35 es un éxito en exportaciones, al ser el único caza de quinta generación actualmente a la venta, los movimientos de Trump en contra de algunos de sus aliados de la OTAN han conllevado que Europa apueste cada vez más por industria propia.

Otro de los principales obstáculos es que Canadá conforma, junto a Estados Unidos, el Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte, más conocido por sus iniciales en inglés NORAD.

El NORAD, como ente supranacional, es el paraguas bajo el que se coordinan ambos países para llevar a cabo una estrategia de defensa común frente a Rusia y China, fundamentalmente.

Desde el Comando ven con reticencias que Canadá apueste por tecnología europea en lugar de estadounidense, como lleva haciendo a lo largo de su historia.

El argumento que aportan desde Estados Unidos es que la integración de cazas Gripen complicaría la interoperabilidad con las aeronaves estadounidenses.

Sin embargo, el Gripen como aeronave y Suecia como país son parte de la OTAN y sus sistemas totalmente compatibles con el resto de aliados. Prueba de ello es que también vuelan en República Checa y Hungría.

Por ejemplo, se comparten estándares de comunicación táctica y algunas municiones son igualmente compatibles entre modelos de aeronaves, por lo que la interconexión tecnológica parece estar asegurada.

Desde Canadá, también existe una corriente que aboga por continuar con el programa del caza estadounidense.

"Necesitamos tener una cifra [de aviones] basada en consideraciones militares, y ese no parece ser el caso en este momento", asegura Justin Massie, analista militar en la Universidad de Québec en Montreal.

Massie apunta a que se trata de una decisión que no puede tomarse considerando únicamente temas económicos y políticos, en lugar de tener en cuenta las necesidades de la Fuerza Aérea.

"Si todo esto sirve para tener únicamente una flota de 16 [F-35], es completamente inútil desde el punto de vista militar", asegura. Principalmente, por ser un número demasiado bajo de aviones que encarece los costes logísticos y de mantenimiento. Al tiempo que se necesita incorporar un segundo caza para suplir las bajas de los F-18 actuales.

Los analistas que se alinean con el caza americano también señalan que el F-35 es un avión superior desde algunos puntos de vista, como su capacidad de vuelo furtivo y sus sinergias logísticas con EEUU, que sigue siendo el mayor aliado de Canadá en la región.