Fábrica de los F-35

Fábrica de los F-35 Lockheed Martin

Observatorio de la Defensa

Lockheed Martin reivindica el peso industrial de Canadá en el F-35, que se cuestiona la dependencia de Washington

La empresa estadounidense recordó que el F-35 supone un salto tecnológico significativo frente al actual CF-18 Hornet canadiense.

Más información: Canadá debe decidir pronto si ‘rendirse’ al sobrecoste del caza F-35 de Estados Unidos o buscar alternativas en Europa

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Las claves

Lockheed Martin defiende el papel estratégico e industrial de Canadá en el programa del caza F-35 Lightning II, resaltando su integración en la cadena global.

La participación canadiense generará más de 15.500 millones de dólares canadienses en actividad industrial hasta 2058, involucrando a más de 110 empresas locales.

Cada F-35 fabricado en el mundo incorpora componentes canadienses por valor de 3,2 millones de dólares canadienses, fabricados en seis provincias del país.

El debate político en Canadá sobre la dependencia de la industria de defensa estadounidense se intensifica tras declaraciones de Donald Trump, lo que lleva al gobierno a considerar alternativas como el Saab Gripen sueco.

La empresa estadounidense Lockheed Martin defiende el papel estratégico de Canadá dentro del programa del caza F-35 Lightning II, en un momento de creciente debate político sobre la dependencia canadiense de la industria de defensa controlada por Estados Unidos.

Según la compañía, la participación de Canadá generará más de 15.500 millones de dólares canadienses (unos 9.600 millones de euros) en actividad industrial hasta 2058.

Esta estimación está vinculada a la adquisición prevista por Ottawa de 88 cazas F-35 —el mayor programa de sustitución de aeronaves de combate en la historia del país— y a la integración de más de 110 empresas canadienses en la cadena de suministro global del avión.

Lockheed Martin destacó que Canadá no es solo un cliente, sino un socio industrial plenamente integrado en toda la flota mundial del F-35.

Y recordó que cada F-35 que vuela en el mundo incorpora componentes fabricados en Canadá por un valor aproximado de 3,2 millones de dólares canadienses por avión, procedentes de proveedores repartidos en seis provincias.

Estas contribuciones incluyen desde elementos estructurales del fuselaje y piezas mecanizadas hasta componentes vinculados a la propulsión y a la aviónica, que se integran durante el ensamblaje final en Fort Worth, Texas.

Entre las compañías citadas figuran Stelia Aerospace, con producción en Nueva Escocia, y Magellan Aerospace, con instalaciones en Winnipeg.

En conjunto, las empresas canadienses han obtenido contratos por más de 3.300 millones de dólares estadounidenses desde el inicio del programa, una cifra que se espera que siga creciendo a medida que aumente el número de F-35 en servicio en todo el mundo.

Más allá del impacto económico, Lockheed Martin recordó que el F-35 supone un salto tecnológico significativo frente al actual CF-18 Hornet canadiense.

Canadá tiene previsto recibir sus primeros cazas F-35 Lightning II en 2026, después de que en diciembre de 2022 se aprobara formalmente un primer lote de 16 unidades, mientras que los 72 F-35 restantes se adquirirán mediante contratos por fases.

Características del F-35

El avión de quinta generación combina un diseño furtivo que reduce su detección por radar con sensores avanzados, como radares AESA de última generación y sistemas infrarrojos de cobertura completa, además de una arquitectura digital que fusiona datos y permite compartir información en tiempo real con fuerzas aliadas.

Sin embargo, este mensaje llega en un contexto político cada vez más tenso. En las últimas semanas, declaraciones del expresidente estadounidense Donald Trump han reavivado en Canadá el debate sobre los riesgos de depender de sistemas de defensa controlados por Washington.

Trump ha acusado a Ottawa de beneficiarse del acceso a la base industrial estadounidense mientras mantiene políticas comerciales “hostiles”, y ha llegado a vincular la cooperación en defensa con el alineamiento económico.

Estas advertencias han contribuido a que el F-35 deje de verse en Canadá como una compra puramente militar y pase a interpretarse también como una pieza de negociación dentro de la relación de poder entre ambos países.

En este clima, el Gobierno canadiense ha señalado que podría volver a examinar alternativas, como el Saab Gripen sueco, aunque Trump ha advertido de “consecuencias graves” si Ottawa se aleja de proveedores estadounidenses.

Conviene recordar que Canadá participa en el programa F-35 desde 1997, cuando se incorporó a la fase inicial del concepto Joint Strike Fighter, y que en 2002 se convirtió en socio de nivel 3.

Una decisión que le permitió competir durante más de dos décadas por contratos de la flota global sin exigir compensaciones industriales garantizadas, incluso mientras Ottawa aplazaba la compra definitiva.