Un doctor usa el tensiómetro en consulta.

Un doctor usa el tensiómetro en consulta. andreswd iStock

Salud y Bienestar

¿Por qué la tensión baja afecta más a las mujeres que a los hombres? El calor ya es un problema de salud pública

El doctor Héctor Meijide Míguez, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud A Coruña, desvela todas las claves.

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Hay escenas que se repiten cada verano: niños que patalean en la arena mientras sus padres intentan ponerles fotoprotector, siestas improvisadas que permite la brisa a aquellos que descansan cerca del mar, el paseo al atardecer o el helado como postre.

Sin embargo, no todo lo que sucede de forma rutinaria estío tras estío es tan pintoresco, ya que es habitual también hablar de mareos, piernas hinchadas o sensación de agotamiento. ¿La causa? En muchos casos, una bajada de tensión cuando los grados que marca el termómetro suben.

No obstante, hay hábitos que ayudan a evitar este final, algo que el doctor Héctor Meijide Míguez, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud A Coruña, desvela para Magas.

"Cuando el cuerpo humano se expone a altas temperaturas, se activa de manera fisiológica un sistema complejo de termorregulación para mantener la temperatura central dentro de un rango estrecho (aproximadamente 37ºC)", explica Meijide.

¿Qué sucede entonces tras ello? Según sus propias palabras, que si el calor ambiental o el esfuerzo físico superan la capacidad de disipar dicho aumento, entonces se produce un estrés térmico que puede derivar en complicaciones graves.

"La respuesta fisiológica engloba varios mecanismos de defensa, como son la vasodilatación periférica, bombeo de más sangre hacia la piel para transferir el calor interno al exterior; la sudoración, el mecanismo más eficaz mediante la evaporación del calor; o el esfuerzo cardiovascular con un aumento de la carga de trabajo del corazón a expensas de un aumento de la frecuencia cardíaca", detalla.

"A su vez, todo esto genera un espectro clínico que va desde el agotamiento por calor, el síncope por calor o el golpe de calor. Este último, una urgencia vital", apunta el doctor Meijide Míguez.

En la imagen, el doctor Héctor Meijide Míguez, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud A Coruña.

En la imagen, el doctor Héctor Meijide Míguez, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud A Coruña. Cedida

La vulnerabilidad de ellas

En este aspecto también aflora una especie de sesgo de género, ya que las mujeres funcionan peor con el calor. Algo que, como aclara el experto de Quirónsalud, no es una sensación, sino una realidad.

"Tiene fundamentos fisiológicos, morfológicos y hormonales documentados, que afectan a la percepción del estrés térmico y a la eficiencia de los mecanismos de enfriamiento", comenta.

¿Qué factores son los que condicionan el proceso? De acuerdo al jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud A Coruña, los siguientes:

  • En promedio, las mujeres tienen una tasa de sudoración máxima menor que los hombres ajustada al tamaño del cuerpo.
  • Una diferente composición corporal de grasa que actúa como aislante térmico.
  • Una mayor sensibilidad a la deshidratación.
  • Igualmente, hay que tener en cuenta aspectos hormonales, como el ciclo menstrual. Este altera la temperatura basal y los umbrales de termorregulación.
  • También entra en juego la menopausia, que conlleva un descenso estrogénico que altera el control del flujo sanguíneo y genera una disfunción del sistema termorregulador. Aquí aparecen los conocidos sofocos.

En esta última premisa que plantea el doctor, la edad simboliza por ende un factor determinante: "Las adolescentes tienden a tener niveles de tensión arterial más baja, y bien conocidos son sus efectos como el mareo ortostático y el síncope vasovagal, que pueden llegar a ser muy aparatosos pero no entrañan riesgo para su salud".

No obstante, sí que supone un mayor peligro cuando se habla de casos de mujeres que superan los 65 años. Este criterio aplica también a ellos. "El riesgo va en relación con el deterioro fisiológico, la pérdida de estrógenos y el aumento proporcional de la grasa corporal que incrementa el aislamiento térmico y reduce la transferencia del calor", aclara.

"Desde luego, el climaterio —periodo de cese de la actividad reproductora— conlleva una disfunción severa del sistema termorregulador, así como los cambios fisiológicos del embarazo, con una mayor carga metabólica, un mayor estrés térmico por la hipervolemia fisiológica y la mayor vasodilatación periférica", explica.

Adiós dudas

En torno a este tipo de cuestiones surgen multitud de preguntas y miedos, en especial cuando determinados medios comienzan a informar de manera alarmista de los diferentes temas. Para evitar la situación, nada mejor que confiar en el criterio de un experto.

Para comenzar, resulta interesante resolver algo básico: teniendo en cuenta que el calor obliga a dilatar los vasos sanguíneos para regular la temperatura, ¿en qué momento ese mecanismo natural puede sobrepasar esa línea para convertirse en un problema de salud?

"Se convierte en algo crítico cuando compromete el retorno venoso y la presión arterial, desencadenando un fallo circulatorio. Incluso en individuos sanos y a intensidades moderadas de calor, el sistema cardiovascular muestra signos de estrés antes de que la temperatura alcance esos niveles", explica el doctor.

En concreto, lo hace de la siguiente forma: se reduce el volumen sistólico, es decir, la cantidad de sangre que el corazón expulsa en cada latido o aumenta la frecuencia cardiaca progresivamente.

Es habitual tener tensiómetros en casa, sobre todo en el caso de personas con determinadas patologías previas.

Es habitual tener tensiómetros en casa, sobre todo en el caso de personas con determinadas patologías previas. Foto de CDC en Unsplash

"Sin embargo, en un intento desesperado por mantener la presión arterial y el flujo a la piel, sacrifica el que va a los órganos internos (conocido como vasoconstricción esplácnica), que desencadena una respuesta inflamatoria sistémica, que progresa a un choque hipovolémico y distributivo y deriva en un fracaso multiorgánico", añade el jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud A Coruña.

Por otro lado, también hay preguntas más terrenas sobre las que es más habitual cuestionarse: ¿habría que dejar de normalizar síntomas como el mareo al levantarse rápido o la fatiga extrema en jornadas de mucho calor?

"Si bien son síntomas frecuentes y una respuesta fisiológica del organismo, denotan que el sistema cardiovascular está sometido a una carga significativa. El espectro entre agotamiento por calor que progresa hacia un golpe de calor, lo cual es una urgencia vital, a veces es difícil de prever", dice Héctor Meijide Míguez.

Además, esto último se vuelve más complicado en personas vulnerables, edades extremas de la vida, gente con comorbilidades crónicas... "Ahí es donde debemos de tener un alto nivel de sospecha y tratar de identificar las conocidas como banderas rojas", concreta el especialista.

Estas red flags de la salud son, en este caso, la alteración del estado mental, una temperatura superior a los 40ºC, vómitos persistentes, ausencia de diuresis o inestabilidad hemodinámica (hipotensión marcada que no cede al tumbarse o taquicardia extrema en reposo).

Otra caja de Pandora que hay que abrir es la de la idea de que tener la tensión baja es casi una suerte frente a la hipertensión. Sin embargo, en verano llegan las limitaciones de su mano.

"Es preocupante banalizarlo, ya que causa una elevada morbimortalidad. Hay que conocer que fisiológicamente la tensión en algunas personas tiende a estar más baja y no por ello tengamos que preocuparnos, pero sí saber cómo tenemos que actuar en determinadas circunstancias", explica Meijide Míguez.

Además, incide en el caso de las personas jóvenes: "Habría que tratar de reconocer aquellas situaciones que lo desencadenan y los síntomas premonitorios para actuar en consecuencia".

El experto señala que este mismo escenario es totalmente distinto en personas ancianas, o en aquellas hipertensas que presentan hipotensión, "lo que generalmente es una urgencia médica".

Sin embargo, no sólo se puede hablar de cosas negativas, ya que hay gestos muy sencillos que aplicar en el día a día que pueden ayudar a prevenir la bajada de la tensión arterial.

"Se trata de tener sentido común. En días de calor extremo, se debe beber sin espera a tenerla, especialmente en personas mayores, ya que la sensibilidad a esto está disminuida", dice el internista.

"Deberíamos reducir aquellos medicamentos de especial riesgo, como los diuréticos, antipiréticos, betabloqueantes o anticolinérgicos", añade.

Y a la lista, además, suma otra máxima igual de accesible: mantenerse en lugares frescos, evitar horas principales del día, el uso de ropa clara y ligera y tener claros los síntomas de alarma.

Y es que, teniendo en cuenta el contexto actual de temperaturas cada vez más extremas, se debería hablar de ello como un problema de salud pública que, además, impacta de forma diferencial en las mujeres.

"El cambio climático lo ha generado. El calor, cada vez más intenso y que aparece de manera más errática fuera de los meses cálidos, obliga a estar alerta especialmente con los más vulnerables. Me refiero a aquellos de edad avanzada, con comorbilidades previas, donde ellas, por factores fisiológicos, hormonales y morfológicos, tiene especial riesgo de complicaciones", concluye.