La doctora Sivia G. Senent.

La doctora Sivia G. Senent. Cedida

Salud y Bienestar

Silvia G. Senent, especialista en salud digestiva: "Mantener una microbiota joven es clave en la longevidad"

La Médico Adjunto en el Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario La Paz, nos habla del cuidado del intestino.

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La longevidad es mucho más que la cantidad de años que se vive. Lo importante no es tanto la cifra como mantener una salud global óptima para que la calidad de vida sea buena durante el mayor tiempo. La ciencia no deja de investigar y en los últimos años mira con especial atención al aparato digestivo.

Sí, aunque muchos aún no lo sepan, está muy relacionado con el tema que nos ocupa. No hay que limitarse a considerarlo solamente como el sistema encargado de procesar los alimentos, porque su influencia en el organismo es mucho más amplia e incide directamente en lo que podríamos llamar un 'buen envejecer'.

La microbiota, esa amplia red de microorganismos del intestino, tiene una función crucial dentro de la longevidad. La doctora Silvia G. Senent, Médico Adjunto en el Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario La Paz, con dos décadas de experiencia clínica y más de 100.000 pacientes atendidos, explica con detalle cómo actúa y por qué es tan importante mantenerla "joven".

La especialista tiene una trayectoria de más de dos décadas.

La especialista tiene una trayectoria de más de dos décadas. Cedida

En su larga trayectoria, Senent ha liderado proyectos de investigación y ha escrito varios artículos científicos y capítulos para diferentes libros. Es profesora de un Máster de microbiota en la Universidad Europea de Madrid y directora de un Curso Experto en Permeabilidad Intestinal en la Universidad Francisco de Vitoria. Además, colabora con una fundación para niños con autismo y ejerce una función divulgadora tanto en congresos como en sus redes sociales, donde acumula más de 70.000 seguidores.

¿Cómo ha evolucionado su visión sobre la relación entre aparato digestivo y salud global?

Desde que empecé a trabajar en 2003 como médico especialista en aparato digestivo, la evolución ha sido enorme. En aquel momento, los trastornos funcionales digestivos —como el estreñimiento, la diarrea, el reflujo o las intolerancias alimentarias— estaban infravalorados y el abordaje era fundamentalmente sintomático.

En los últimos años, gracias al avance de la ciencia y de las técnicas diagnósticas, hemos profundizado en el conocimiento de la barrera intestinal y de la neurogastroenterología.

Esto ha permitido comprender mejor el origen de muchos síntomas digestivos y su relación con la salud global, así como desarrollar tratamientos más específicos, personalizados y dirigidos a la causa, no solo al síntoma.

¿En qué momento de su carrera empieza a cobrar protagonismo la microbiota en su práctica clínica?

Surge a raíz de un paciente. En 2014, durante una revisión en consulta, me comentó que tras un viaje a Estados Unidos había empezado a tomar unos probióticos que le habían mejorado notablemente sus síntomas digestivos.

Ese punto de inflexión despertó mi curiosidad y me llevó a profundizar en el estudio de esos microorganismos. A partir de ahí, fui adentrándome en el amplio y complejo mundo de la microbiota intestinal, que con el tiempo ha pasado a ocupar un papel central en mi práctica clínica y en la comprensión de la salud digestiva y global.

¿Qué papel juega en el envejecimiento saludable?

Es clave. Con la edad, la composición de la microbiota cambia: disminuyen bacterias con efecto antiinflamatorio, como las bifidobacterias, y aumentan otras con perfil proinflamatorio, además de reducirse la diversidad microbiana. Estos cambios pueden impactar negativamente en la salud general.

Las causas son múltiples. Por un lado, factores intrínsecos como la disminución de la inmunidad y cambios estructurales del tracto digestivo. Por otro, factores extrínsecos como modificaciones en la dieta, la presencia de enfermedades y el uso frecuente de fármacos como antibióticos o inhibidores de la bomba de protones.

¿Qué es el síndrome de fragilidad?

Se trata de una condición frecuente asociada al envejecimiento, en la que el aparato digestivo desempeña un papel relevante. La evolución hacia esa fragilidad no es igual en todas las personas, ya que depende tanto de las condiciones previas como de la capacidad individual de adaptación.

En este contexto, la microbiota intestinal emerge como un factor muy importante.

Diversos estudios han demostrado que se asocia a alteraciones en la microbiota que condicionan cambios en los metabolitos bacterianos, como la disminución de ácidos grasos de cadena corta y ácidos biliares, junto con un aumento de compuestos proinflamatorios como el lipopolisacárido (LPS) y el TMAO.

Estas alteraciones favorecen un estado de inflamación crónica, estrés oxidativo y resistencia a la insulina, lo que contribuye a la pérdida de masa y fuerza muscular, así como a la afectación del sistema nervioso y al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.

Comprender esta relación abre la puerta a nuevas estrategias preventivas y terapéuticas basadas en la modulación del microbioma.

¿Qué caracteriza a una microbiota "longeva" o asociada a personas con envejecimiento saludable?

Estudios han demostrado que adultos mayores con una microbiota similar a la de personas jóvenes presentan mejor estado de salud, lo que refuerza la idea de que mantenerla 'joven' es un factor clave en la longevidad.

De hecho, en personas centenarias se han identificado perfiles microbianos asociados a menor inflamación y mayor esperanza de vida.

¿Qué relación existe entre la permeabilidad intestinal y el envejecimiento prematuro?

Esta alteración de la microbiota puede favorecer la hiperpermeabilidad intestinal y la translocación de sustancias proinflamatorias, contribuyendo a un estado de inflamación crónica de bajo grado.

A medida que envejecemos, nuestro sistema inmunitario se debilita (lo que se conoce como inmunosenescencia) y aparece una inflamación crónica, silenciosa y persistente que afecta todo el organismo.

Esto se encuentra detrás de muchas enfermedades relacionadas con la edad, como el deterioro cognitivo, la pérdida de masa muscular, las dolencias metabólicas o la depresión.

La razón es que se reduce la síntesis de proteínas musculares y acelera su degradación, afectando directamente la fuerza y la movilidad. También altera hormonas clave como el IGF-1, vitamina D y esteroides sexuales, y puede provocar anorexia del envejecimiento.

¿Qué señales clínicas le hacen sospechar que un paciente tiene alteraciones en su microbiota o en la barrera intestinal?

Es fundamental entender el intestino como un ecosistema complejo en el que interactúan distintas capas: la mucosa, la microbiota, el sistema inmune y el sistema neuroendocrino. Por ello, la valoración debe ser siempre integral.

A nivel clínico, existen síntomas digestivos que nos orientan, como la hinchazón, la distensión abdominal, el estreñimiento o la diarrea, las digestiones lentas y las intolerancias alimentarias. Sin embargo, también es importante prestar atención a manifestaciones extradigestivas, como síntomas articulares, cutáneos o neurológicos.

La combinación de estos signos y síntomas, especialmente cuando son persistentes o multifactoriales, es lo que nos hace sospechar que puede existir una alteración en la microbiota o en la función de barrera intestinal.

En consulta, ¿cuáles son los problemas más frecuentes relacionados con la microbiota que observa hoy en día?´

Están muy ligados a los trastornos funcionales digestivos. Se trata, sobre todo, de pacientes que presentan síntomas como dolor abdominal, distensión, intolerancias alimentarias o reflujo, sin que exista una causa estructural o anatómica que los explique.

Estos cuadros forman parte de los denominados trastornos de la interacción intestino-cerebro, que engloban múltiples entidades clínicas y cuyo origen está estrechamente relacionado con alteraciones en la microbiota y en la función intestinal.

Además, en los últimos años estoy observando un aumento significativo de estos problemas en grupos de edad que antes eran menos frecuentes, especialmente en adolescentes y en personas mayores de 60 años, lo que refuerza la importancia de un abordaje más integral y personalizado.

Si tuviera que dar tres recomendaciones clave para mejorar la microbiota desde hoy, ¿cuáles serían?

Estarían centradas en el estilo de vida. En primer lugar, cuidar la alimentación, priorizando un patrón como la dieta mediterránea, rica en fibra, alimentos frescos y poco procesados.

En segundo lugar, mantener una actividad física regular, incluyendo no sólo ejercicio aeróbico sino también entrenamiento de fuerza. Y, en tercer lugar, asegurar un buen descanso, ya que el sueño tiene un impacto directo sobre la salud intestinal.

Añadiría, además, un cuarto pilar fundamental: la gestión del estrés, dado que existe una estrecha conexión entre el cerebro y el intestino que influye de forma directa en el equilibrio de la microbiota.

¿Cuáles son las líneas de investigación más prometedoras actualmente sobre microbiota?

En este momento existen numerosas, pero si tuviera que destacar algunas de las más prometedoras, señalaría tres principales.

En primer lugar, el desarrollo de herramientas diagnósticas que permitan identificar distintos perfiles microbianos y su relación con el desarrollo de enfermedades, incluidos algunos tipos de cáncer, así como su potencial en la prevención y envejecimiento saludable.

En segundo lugar, el avance en probióticos de nueva generación, diseñados de forma más específica para modular desequilibrios concretos de la microbiota y ofrecer intervenciones más personalizadas.

Y, en tercer lugar, el uso del trasplante de microbiota fecal, que ya ha demostrado eficacia en algunas patologías y cuyo potencial se está investigando en un número creciente de enfermedades.

A lo largo de su amplia experiencia, destaca el valor de la consulta y el contacto con el paciente, ¿qué ha aprendido de ellos que no enseñan los libros?

Para mí, el mayor valor está en el encuentro real con el paciente. Los textos enseñan enfermedades, protocolos y fisiología, pero las personas me han enseñado algo que no aparece en ningún manual: la complejidad y la profundidad de la vida humana.

He aprendido que detrás de cada síntoma hay una historia, un contexto, una emoción y una forma única de vivir el cuerpo. Por eso, el momento más importante de la consulta es la historia clínica, una entrevista larga y detallada en la que puedo conocer al paciente en todas sus dimensiones.

Ese tiempo me permite entender no solo qué le pasa, sino a quién le pasa.

Ellos me han enseñado a mirar con una visión de 360 grados, a escuchar sin prisa, a conectar con empatía y a integrar la ciencia con la humanidad. Porque la medicina no es sólo diagnóstico y tratamiento: es acompañar, interpretar, sostener y comprender.

Mi lema, que nace precisamente de lo que he aprendido de mis pacientes, es: “ciencia con humanidad”. Sin una, la otra se queda incompleta.