Una mujer masajeando sus piernas.

Una mujer masajeando sus piernas. iStock

Salud y Bienestar

Tobillos hinchados, dolor de piernas y varices: qué hacer ante las afecciones vasculares más comunes entre mujeres

Una especialista de Quirónsalud explica por qué algunas afectan más a ellas y ofrece pautas para aliviar los síntomas en el día a día.

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Elena Pérez
Publicada

Hay síntomas con los que muchas mujeres aprenden a convivir sin ser conscientes de sus implicaciones: piernas que pesan al final del día, tobillos hinchados, dolor que aparece cuando por fin se sientan. A veces eso se interpreta como cansancio. O como algo inevitable. O como una cuestión estética que sólo merece atención si se ve mucho.

Hay que tener estas dolencias en el radar, ya que son un reflejo de la salud de nuestros vasos sanguíneos. Así lo defiende la doctora Gabriela Loria, del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular de Quirónsalud Alicante, que conversa con Magas para poner orden en las dudas más repetidas y aterrizar qué afecciones vasculares son más frecuentes en ellas.

La especialista lo resume con una advertencia que se repite en su día a día: “En general, nosotras tendemos a llegar tarde a la valoración médica". Y, a partir de ahí, la conversación se construye como lo haría una consulta real: qué es lo que más ve, qué es lo que más se confunde y qué hábitos cotidianos pueden ayudar a paliar los síntomas.

Al preguntarle por las afecciones más frecuentes, la doctora destaca dos. Por un lado, está la insuficiencia venosa crónica, que muchas pacientes asocian a las temidas arañas vasculares o varices. Son esas venas hinchadas y retorcidas, a menudo de color azulado o morado oscuro, que pueden afectar "no sólo a las piernas, también a la zona pélvica".

La segunda patología a destacar es una que, según lo que observa en el quirófano, está ganando cada vez más peso: el lipedema. Su origen está en la proliferación e inflamación de las células grasas en las caderas y los muslos, lo que hace que se acumule la grasa en esas zonas, así como en los brazos.

Esta última, asegura, ha ido "en aumento en los últimos años", si bien su diagnóstico sigue siendo complicado debido a que comparte muchos síntomas con la insuficiencia venosa. La diferencia entre ambas importa porque no todo lo que se siente pesado, hinchado o doloroso responde a lo mismo. En la práctica clínica, el primer paso no es suponer sino evaluar.

Dra. Gabriela Loria.

Dra. Gabriela Loria. Cedida

¿Por qué a ellas?

A la pregunta de si las mujeres son más propensas que los hombres a padecer estas afecciones, la cirujana es clara: “Sí, nosotras tenemos más riesgo de desarrollar ambas”. En esa mayor vulnerabilidad se mezclan varios factores que se acumulan a lo largo de la vida: cuestiones endocrinas, tener hijos, el tipo de trabajo, el peso, entre otros.

En esa lista, las hormonas tienen un papel clave, de modo que cabe esperarse que los anticonceptivos y procesos como el embarazo y la etapa posparto den lugar a alteraciones que, inevitablemente, inciden en el desarrollo de estas enfermedades. La patología más influida por esos cambios, según detalla, es la insuficiencia venosa.

La doctora Loria transmite una idea: hay afecciones que pueden aparecer o intensificarse en etapas concretas de la vida, pero eso no significa que siempre haya que normalizarlas. ¿Cómo saber identificar en qué escenario nos encontramos? Cuando una paciente dice "tengo un problema vascular", este puede tener implicaciones arteriales o venosas.

Por un lado, en la primera enfermedad, hay detalles que no deberían pasarse por alto. Algunos de estos síntomas son el dolor gemelar al caminar, los cambios súbitos de coloración en las extremidades o una sensación de frío que no mejora con medidas térmicas. Todas esas podrían ser señales de alerta que conviene tener en el radar.

En la patología venosa, el aviso suele ser más progresivo y, por eso, más fácil de ignorar. La doctora menciona hinchazón en las piernas (edema) o cambios de coloración en el tobillo, signos de una enfermedad avanzada “que en algunos casos puede no ser visible”. El matiz es importante: a veces no hay “cordones” que salten a la vista.

Imagen de archivo de una mujer con hinchazón en los tobillos.

Imagen de archivo de una mujer con hinchazón en los tobillos. Freepik

Esto está directamente relacionado con el retraso del diagnóstico, en la medida en que, insiste la cirujana, este está muy marcado por la mirada social que aún existe sobre las patologías. En el caso de las varices, si no se ven mucho, se relativizan. Si se ven, se esconden. En ambas decisiones se posterga el paso por consulta. Pero esa no es la recomendación de los expertos.

"Cuando empiezan a dar síntomas, debemos considerarlas una cuestión de salud”, asegura la doctora. Pero ¿síntomas como cuáles? Los que muchas mujeres describen como rutina: pesadez que mejora con el descanso, hinchazón en pies y tobillos, dolor —especialmente al final del día— o cambios de coloración de la piel, que puede tornar un tono marrón.

La buena noticia, subraya, es que ahora hay “múltiples opciones de tratamiento”. Cada caso debe valorarse con un especialista en Angiología y Cirugía Vascular, que podría realizar una ecografía. A partir de ahí, se decide “en conjunto” con la paciente la mejor opción, explicando riesgos y beneficios de cada procedimiento.

Entre las alternativas que enumera se encuentran la terapia por espuma, el cierre con cianoacrilato, radiofrecuencia o láser, además de cirugía tradicional. No es un menú para escoger por intuición. Depende de lo que muestren las pruebas y de cómo esté funcionando el sistema venoso.

Hábitos que marcan la diferencia

Pero no todo pasa por quirófano ni se resuelve con una crema. El cuidado cotidiano importa y más en una vida con muchas horas sentada o de pie. La experta sugiere evitar el exceso de peso y el sedentarismo prolongado, así como el tabaco, el alcohol, los azúcares añadidos y los aceites refinados, por su impacto en la salud arterial y venosa.

La comida, llegados a este punto, es muy importante. Hay alimentos que aumentan la inflamación sistémica y eso puede provocar más sintomatología. Su recomendación, en líneas generales, es una dieta mediterránea con alimentos ricos en fibra, omega-3, proteínas bajas en grasa y alimentos no procesados o ultraprocesados.

Otros trucos pueden marcar la diferencia, como aplicar medias de compresión normal durante el día, realizar pequeños descansos cuando sea posible, hacer ejercicios de activación muscular —estiramientos de gemelos y movimientos circulares de tobillos y pies— y llevar un calzado adecuado, evitando extremos: ni zapatos muy planos ni tacones muy altos.

El deporte, por supuesto, también suma. “Cualquier disciplina es buena para nuestra salud vascular”, afirma. Aun así, recomienda algunas que ayudan especialmente: natación, caminar 30 minutos al día, yoga o pilates. Con estas opciones se logra estirar la musculatura y, en muchos casos, aliviar la pesadez y el cansancio.

Imagen de archivo de una mujer haciendo ejercicio.

Imagen de archivo de una mujer haciendo ejercicio. Pexels

Si ya existe una patología vascular conocida, el criterio es otro: seguir las recomendaciones del cirujano según síntomas y según si la enfermedad es arterial o venosa. Y una regla práctica: si un ejercicio provoca dolor o malestar, es preferible evitarlo hasta consultar con nuestro doctor de referencia.

Cuidar nuestra salud depende de nosotras mismas”, concluye la doctora Gabriela Loria en declaraciones a Magas. Por eso, sugiere una forma fácil de hacerlo: con paseos cortos, de manera progresiva. Empezar con 10 minutos y subir poco a poco. Añadir calzado cómodo, crema hidratante y, ante cualquier duda, consultar con un cirujano vascular.

Las afecciones mencionadas no siempre se anuncian con una vena prominente y de tono violáceo. A veces llegan como una pesadez que se repite, una hinchazón que avanza, un tobillo que cambia de color. Y ahí, la diferencia no está en aguantar más. Está en mirar antes. Y consultar con quienes saben cómo poner nombre y actuar frente a lo que nos molesta.