Mujer, 55 años. Digamos que se llama Lola porque su nombre es privado pero su historia muy común. Goza de una posición laboral respetada y una relación estable de muchos años. Y ya no goza de nada más desde que entró en la menopausia: "Llevo años con dolor en las relaciones sexuales y estoy harta de cremas. Yo quiero querer volver a sentirme bien en el sexo".

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El problema del deseo sexual y las atrofias mal tratadas (o simplemente no tratadas) suponen el fin de una vida sexual saludable en muchas mujeres y no sólo en la menopausia, cuando el imaginario colectivo no las incluye bcomo grupo con derecho a seguir disfrutando de todos los aspectos de la vida. También ocurre en chicas jóvenes después del parto.

"Hay mujeres que dejan de tener relaciones satisfactorias a los 30 y pocos años después de un parto y no las reanudan hasta que quieren tener el segundo hijo y como pueden", reconoce Paloma Garbayo Sesma, ginecóloga y socia de Anthea, la clínica madrileña que se ha propuesto "curar" a todas aquellas mujeres que quieren disfrutar de su vida sexual sin dolor, independientemente de su edad y situación.

"Es increíble que esto sea un tema tabú, que aún esté mal visto que una mujer se queje de que sus relaciones sexuales ya no son lo que eran. Yo lo comparo con la viagra, que cuando salió estaba en las primeras páginas de todos los periódicos, pero como esto es un tema de la mujer no se habla de ello salvo que estés en el mundillo. Y sí, existe tratamiento contra la atrofia vaginal en mujeres menopaúsicas y tras un parto. Y sí ha sido revolucionario aunque la gente no los cuente".

Esta ginecóloga reconoce que a las mujeres en general les cuesta hablar del deseo porque, entre otras cosas, arrastran sentimiento de culpa, dolor y no son conscientes del derecho que tienen a su sexualidad tengan la edad que tengan.

Pero las que se sientan frente a estas cuatro profesionales en Anthea ya saben a lo que van y lo hablan clarito: "Vienen a contar que les pica, que le duele, sobre su apetito sexual o si las relaciones son o no placenteras, de hecho es una pregunta de la historia clínica. Te dicen que quieren volver a querer".

La mayoría de las mujeres que tiene que hacerse intervenciones para volver a sentir placer no sufre ninguna enfermedad sino que son patologías que tienen que ver con las secuelas de los partos, episotomías o desgarros muy grandes que dejan cicatrices, o que ya han entrado en la menopausia y al dejar de funcionar los ovarios se dejan de producir estrógenos que son los que mantienen la hidratación y la calidad de la mucosa vaginal. 

"Suelen venir solas pero muchas llegan aquí pensando que no les pueden hacer eso a sus maridos. Nosotras les decimos '¿Y tú? ¿te lo puedes hacer a ti?'. Otras aseguran que 'si me duele me aguanto porque qué es eso de tener sexo a los 60 años'. Pero la realidad es que quieren sentirse bien", añade Garbayo.

Tratamiento innovador

El tratamiento clásico para las atrofias vaginales son los estrógenos, en crema y ahora por vía orales. "Pero son limitados porque la crema hidrata mientras la usas pero si se nos olvida a veces darnos crema en la cara, pues en los genitales todos los días, más. Al final se abandona y se acaban las relaciones. Además, las pacientes con un tumor o inmunodependientes no pueden tomarlos", explica esta experta.

Así que Anthea ha apostado por la innovación de la radiofrecuencia y el láser que no son tratamientos hormonales y que en unos pocos meses duplican un efecto que puede durar hasta un año completo para luego dar alguna sesión de recuerdo. "El láser y la radiofrecuencia cumplen un principio muy similar que es calentar los tejidos para estimularlos. El láser lo utilizamos en los posparto y con la hiperlaxitud vaginal. También podríamos emplearlo para una atrofia pero el aplicador del láser es más gordo, más incómodo para una mujer que sufre esto, y le va a doler. Así que ahí optamos por radiofrecuencia".

Con ambas técnicas, la duración del tratamiento va de tres a seis semanas, en función del diagnóstico. Se trata de sesiones de 15 minutos con radiofrecuencia y cinco minutos con láser. "Eso sí, 15 minutos que te cambian la vida".

La forma en que trabajan ambos es calentando el tejido en profundidad, el láser con pequeñas quemaduritas y la radiofrecuencia por ondas, para estimular la producción de fibroblastos que son los encargados de generar elastina y colágeno para regenerar la mucosa vaginal.

Además, hay un grupo importante de pacientes que vienen con patologías tras tratamientos con quimioterapia, y sobre todo con radioterapia, por cánceres ginecológicos, como el de mama, endometrio o cuello de útero. "Como consecuencia de estos tratamientos se producen atrofias muy intensas y no se pueden usar tratamientos hormonales".

Una de las ginecólogas de Anthea.

Formar a ginecólogos

Parece obvio pero los primeros que debería hacer medicina de mujer, los ginecólogos y ginecólogas, no siempre están bien informados y actualizados. "A nosotros la mayoría de las pacientes que nos derivan son de mujeres ginecólogas y de mediana edad. Tendría que estar en el protocolo de la cita con tu especialista pero nadie te dice en la universidad que la sequedad vaginal hay que tratarla, seguirla y vigilarla".

Las consultas ginecológicas tienen que hablar no sólo de sofoco, la regla abundante, dolorosas o acné. También hay que tratar los picores, las bajadas en el apetito sexual, si las relaciones son dolorosas, cómo recuperar episotomias... y no dar por sentado de que como eres mujer te tienes que aguantar.

"Muchas de nuestras pacientes empiezan por relaciones que no son satisfactorias por las molestias o el dolor, y se ven un poco obligadas a seguir por la pareja. Al final disminuye el deseo por esas situaciones y entran en un círculo que hay que cortar. Lo ideal es que antes de llegar a ese punto se dijera 'aquí está pasando algo voy a buscar una solución' y lo que les decimos siempre es que no se resignen".

Los efectos de la radiofrecuencia y del láser se notan desde el principio pero es a la tercera o cuarta sesión cuando empiezan a ser un éxito: "La vuelta a las relaciones suelen ir poco a poco. Entre la primera y la segunda sesión te preguntan cuándo pueden tener relaciones y les decimos que esperen por lo menos 15 días, más que nada porque no van a notar la mejoría aún. En la segunda sesión algunas no se han atrevido y las que tienen ya te dicen que por lo menos no les duelen. Entre la segunda y la tercera suelen experimentar una mejoría espectacular", aclara la ginecóloga.

Lola sólo necesitó tres sesiones para querer salir a la calle y gritar que volvía a ser feliz. "Vino con bombones a la clínica y nos dijo que le habíamos cambiado la vida. Que volvía a estar encantada con su marido". Ahora sólo falta que también se pueda sentir libre de comentarlo con sus amigas como hablamos de cualquier retoque estético.

"Hay una frase muy típica de los congresos de menopausia que es que 'sin relaciones sexuales se puede vivir, pero se vive peor". Nuestras pacientes ahora siguen viviendo pero mejor. Mejoran sus relaciones de pareja y pueden elegir qué quieren o qué no".