En la imagen, dos jóvenes dedicadas al mundo rural: Ana Cristina Díaz y Lucía Casal. Ambas comparten su pasión por el campo y tienen presencia en redes sociales.

En la imagen, dos jóvenes dedicadas al mundo rural: Ana Cristina Díaz y Lucía Casal. Ambas comparten su pasión por el campo y tienen presencia en redes sociales. IG vía @acda28 y cedida por Lucía Casal

Protagonistas DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES RURALES

'Agroinfluencers', las jóvenes ganaderas que muestran la realidad del campo a través de sus redes sociales

Ana Cristina Díaz y Lucía Casal son parte del futuro de un mundo y un sector tan necesario como el que se desarrolla sobre el asfalto.

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Cuando media jornada responde más a 12 horas que a cuatro o cinco, se hace difícil estar pendiente del teléfono o del correo electrónico.

A Ana Cristina Díaz, ganadera —entre otras cosas— de 28 años de Bolaños de Calatrava (Ciudad Real), la llamada le pilla tomándose un café. De fondo, el campo, y el parto de un corderito.

Así es su día a día y así lo muestra, en parte, en sus redes sociales, ya que, como Lucía Casal, ganadera y agricultora de, en este caso, 23 años, residente en Melide (A Coruña), responde al título de agroinfluencer.

Sus testimonios llegan a esta revista en el contexto del Día Internacional de las Mujeres Rurales, cuando además este es el Año Internacional de la Agricultora, una iniciativa de Naciones Unidas que busca reconocer el papel de las mujeres en los sistemas agroalimentarios.

Cuando el sol aún está rayando el cielo de la mañana, Ana Cristina Díaz ya está trabajando. Son las siete cuando se pone en marcha con una agenda tan apretada como la de los altos directivos y ejecutivos.

Primero alimenta a los caballos que tiene en el pueblo y después se dirige a la finca, donde la esperan las ovejas. Por supuesto, también hay que limpiar, reponer alimentos, comprobar el agua y estar pendiente de cualquier señal que indique que algo no marcha bien, ¡los animales no son máquinas!

Si es época de paridera, al final de la jornada el reloj suma entre 13 y 14 horas. Y al día siguiente, vuelta a empezar: "Hay veces que me como un blíster de jamón acompañado de unos picos sin gluten sentada en el coche".

Ana Cristina Díaz con uno de sus corderitos.

Ana Cristina Díaz con uno de sus corderitos. IG vía @acda28

A veces, entre una tarea y otra, intenta grabar algún vídeo para sus redes. En Instagram acumula ya más de 31.000 seguidores. En la conversación destaca que durante la mañana no había filmado nada porque "llevo las manos llenas de tierra".

Esta frase muestra su realidad, una dualidad cuyas dos partes parece que se unen y, a la par, chocan diametralmente: se encuentran la vida del día a día y la que se muestra en pantalla.

A cientos de kilómetros, en Melide, A Coruña, Lucía Casal, de 23 años, se enfrenta a una rutina distinta, aunque comparte esa misma sensación de que le faltan horas.

Por las mañanas revisa que sus vacas estén bien, les da de comer y limpia las instalaciones. Después llegan las tareas agrícolas, el papeleo de la explotación y todo aquello que surja sobre la marcha.

En mitad de todo ese caos natural, va grabando según aborda quehaceres. Su número de followers supera los 32.000 en Instagram; en TikTok, los 27.000. Auténticas influencers de nicho.

Las dos son jóvenes, ganaderas y creadoras de contenido. Ninguna, sin embargo, ha elegido el campo para convertirlo en un escenario ni las redes para sustituir su profesión. Ana Cristina dice que "es una idea que nunca se le ha pasado por la cabeza".

Estas historias permiten acercarse a una nueva generación de mujeres rurales que quiere compartir su trabajo sin ocultar las dificultades y que reclama poder desarrollar su proyecto de vida en condiciones dignas.

Poco sentido tiene centrar la conversación en el sector si las oportunidades sólo quedan en promesas vacías, algo que reclama Díaz: "No hay ayuda por parte de la administración para que los jóvenes de verdad lo intenten. La burocracia es impresionante".

@luciiaacasal Y por aqui.. un poquito de una mañana conmigo! (El regreso de las vacas a casa es por la tarde como bien digo en el video!!) Y pronto mas videos con contenido sobre mas labores que hacemos a lo largo del dia! #agriculture #agricultura #ganaderia #ganadera #agrigirl #agrolife #agrogirl #soyganadero #ganadería #rurallife #rural #sectorprimario #jovenesagricultoras #jovenesagricultores #emprendimiento #galicia #agroinfluencer #farm #farmlife #farmhouse #tractoresagricolas #valtrapower #agcocorp #terneragallega #extensivo #limousine #rubiagallega ♬ Si Antes Te Hubiera Conocido - KAROL G

Con los pies en la finca

En el caso de Lucía, las redes comenzaron casi por casualidad. Abrió su cuenta de Instagram para compartir lo cotidiano de la explotación, como un parto o un ternero que le parecía especialmente bonito.

Entonces, la gente empezó a interesarse y a hacer preguntas. En 2023 ganó un Injuve (Premios Nacionales de Juventud), un reconocimiento que, según recuerda, multiplicó la atención. "Empezaron a conocerme y seguirme y así nació esta pequeña familia", relata.

También decidió mostrar su trabajo con el tractor sin ocultarlo, pese a tratarse de una actividad que considera muy masculinizada: "Todavía hay quien se sorprende".

Ana Cristina cuenta con más de 31.000 seguidores y recibe propuestas comerciales a través de redes. Sin embargo, explica que procura informarse sobre las empresas antes de aceptar una colaboración y que no quiere recomendar productos únicamente por obtener un ingreso: "Al final yo lo hago por hobby".

Reconoce que las plataformas pueden ayudar a dar a conocer marcas que tienen menos alcance, pero no quiere que esa faceta termine desplazando su actividad principal. "Me gusta el campo y eso lo tengo como un plus. Si entra algo, bien, y si no, pues ya está", afirma convencida sobre cuáles son sus prioridades.

Lucía mantiene una postura parecida. Colabora con marcas cuyos productos utiliza o que encajan con sus criterios, pero no considera las redes una fuente estable de ingresos: "No quiero vivir de las redes. Mi objetivo es enseñar el mundo rural a la gente y compartir ideas".

Sus listas de prioridades están claras: cuando los animales necesitan atención, el teléfono puede esperar, una máxima que resuena con ese concepto ya convertido en cliché de esa vida lenta inalcanzable. Una premisa que devuelve el foco a lo importante y que presupone que si todo es urgente, nada es urgente.

Detrás de cámaras

En las redes sociales, la vida rural puede resumirse en animales, paisajes y escenas de trabajo que resultan desconocidas para buena parte del público, además de bucólicas, idílicas y románticas. Pero ambas insisten en que la actividad agraria exige mucho más.

En la explotación de Ana Cristina, la limpieza es esencial, especialmente cuando nacen los corderos. Hay que vigilar que las madres puedan alimentarlos, intervenir si una cría está débil y comprobar que los animales tengan agua, alimento y unas condiciones adecuadas.

Ana Cristina Díaz con parte de su ganado.

Ana Cristina Díaz con parte de su ganado. Archivo EE

Después de 13 o 14 horas, con esa parada para comer en el coche incluida, todavía queda la posibilidad de editar un vídeo, aunque no siempre hay fuerzas ni tiempo para hacerlo. Tiene claras cuáles son sus prioridades.

Lucía conoce otra cara menos visible del oficio: la gestión administrativa. "La ganadería tiene muchísimo papeleo, que a veces es difícil entender y tienes que pedir ayuda", cuenta.

Ambas defienden, además, que el campo es un entorno profesional que necesita formación y conocimientos técnicos. Ana Cristina dispone de un ecógrafo para detectar las gestaciones de las ovejas y utiliza collares GPS que le avisan cuando algún animal sale del cercado, para tenerlos a todos monitorizados. Son herramientas que ayudan a organizar el trabajo y a mejorar el control del rebaño.

Por eso rechaza la idea, todavía presente en algunos discursos, de que trabajar en el campo es una alternativa para quien no quiere estudiar: "Yo no creo que para el campo valga cualquiera".

La tecnología ha cambiado la actividad, pero no elimina la responsabilidad de tomar decisiones ni la necesidad de aprender y hacerse valer en un entorno eminentemente masculino.

"Esto no es sólo estar rodeada de naturaleza ni subir vídeos bonitos con animales. Es sacrificio, inversión, formación, incertidumbre, cansancio y mucha responsabilidad", explica Lucía, que quiere que la gente conozca la ganadería desde dentro y que entienda que detrás de cada imagen hay una profesión que requiere dedicación real.

Herencia y elección

Lucía Casal pertenece a la tercera generación de una familia dedicada a la ganadería y la agricultura: "Me crié entre vacas y tractores".

Desde pequeña supo que quería continuar con ese legado y decidió apostar por ello formándose al respecto, ya que, como ella misma señala y a muchas personas se les escapa del radar, "la parte estudiantil también es muy importante en el campo".

Desde hace dos años está al frente de la ganadería junto a su padre. Trabajan con vacas de rubia gallega y limusina y están amparados por la IGP Ternera Gallega Suprema. Además, cuentan con una pequeña empresa de trabajos agrícolas.

No llegó a conocer a su abuelo y apenas a su abuela, por lo que buena parte de lo aprendido procede de su padre y de los vecinos. Esa sapiencia la intenta ahora exprimir para adaptarla a la actualidad: "Seguimos con lo tradicional, pero llevándolo al presente".

Lucía junto a uno de los tractores que conduce.

Lucía junto a uno de los tractores que conduce. IG vía @luciiaacasal

La historia de Ana Cristina Díaz tiene un punto de inflexión diferente aunque comparte ese contexto de herencia. Al igual que Casal, procede de una familia agricultora y ganadera y, desde niña, sintió especial pasión por los animales, sobre todo por los caballos.

Ella también se preocupó en formarse al respecto, así que estudió Producción Agropecuaria y posteriormente Paisajismo en el Medio Rural.

Su trayectoria parecía conducirla hacia sus raíces, pero fue una emergencia familiar la que precipitó su incorporación. Aquello que no estaba en sus planes, al menos como tal, es ahora el centro de su vida.

Cuenta que su tío, que entonces tenía unas 1.200 ovejas de leche, sufrió un infarto. Afortunadamente, salió adelante, pero tuvo que permanecer ingresado y alguien tenía que hacerse cargo. "De la noche a la mañana me tocó hacerme ganadera, porque los animales son así", cuenta. Con la ayuda de su padre comenzó a atender la explotación.

Más adelante, cuando su familia tuvo la oportunidad de disponer de una finca, decidió iniciar su propio proyecto. Apostó por la ganadería extensiva destinada a la producción de cordero y, este año, ha ampliado el número de ovejas.

En sus palabras además incluye a su pareja, de quien dice que es un apoyo fundamental: "Hay veces que el trabajo es de lunes a domingo. Los animales no entienden de festivos", comenta.

Además, reconoce que contar con su familia ha supuesto todo un privilegio, ya que ellos, conocedores del sector, ha sido esencial: "Gracias a eso ahora tengo lo que tengo".

Caminante no hay camino...

...Se hace camino al andar. Y a pesar de ello, en este sector el empuje y la voluntad no son lo único necesario para salir adelante. En el caso de Ana Cristina, uno de los más importantes ha sido la burocracia necesaria para poner en marcha su actividad.

"Yo llegué a tener algo de depresión porque no me podía creer que tuviera que estar un año para conseguir un código ganadero", cuenta. Su testimonio revela hasta qué punto los retrasos administrativos pueden complicar un proyecto que depende de seres vivos y de necesidades que no admiten aplazamientos indefinidos.

Y no se anda con remilgos en su reivindicación: "No estamos pidiendo que nos ayudéis. Lo único que estamos pidiendo es que nos dejéis hacer nuestro trabajo".

A la burocracia se suma el aumento de los costes. Piensos, paja y forraje se han encarecido, y la meteorología condiciona la disponibilidad de alimento.

Ana Cristina Díaz en los Premios Agroinfluye durante el pasado mes de marzo.

Ana Cristina Díaz en los Premios Agroinfluye durante el pasado mes de marzo. IG vía @acda28

Igualmente, explica que habría necesitado más lluvia en primavera para obtener una mayor producción de forraje, aunque considera que el precio del cordero les permite mantenerse en el momento actual.

Lucía también ha sufrido las consecuencias de un verano especialmente seco, que redujo el pasto disponible y retrasó otros cultivos.

En su caso, reclama un mayor control de las ayudas de la Política Agraria Común (PAC) para que los recursos lleguen a quienes mantienen realmente la actividad ganadera.

En femenino

Que se generen ciertas conversaciones no es casualidad. Estas experiencias que narran, y cuentan a través de la pantalla, Lucía y Ana Cristina coinciden con el debate que Naciones Unidas quiere impulsar durante el Año Internacional de la Agricultora 2026.

La FAO lo plantea como una oportunidad para reconocer la contribución que ellas hacen en este contexto, que abarca todos los espectros de lo rural. En definitiva, para que las mujeres estén donde deseen estar sin más trabas que ellos.

La clave no es que haya más mujeres trabajando en el campo, sino que puedan hacerlo con las mismas oportunidades y con un reconocimiento acorde a lo que hacen.

En marzo de 2026, la Comisión Europea activó la Plataforma Mujeres en la Agricultura, un espacio destinado a fomentar la mentoría, la formación y las redes profesionales.

Según los datos recogidos por la Red PAC, sólo el 32% de las explotaciones de la Unión Europea está gestionado por ellas y apenas el 3% de las titulares tiene menos de 40 años.

La plataforma busca favorecer el liderazgo femenino y ofrecer referentes a las jóvenes que quieren desarrollar su carrera en el sector.

Lucía considera que las mujeres rurales han estado presentes durante generaciones, aunque muchas veces no aparecieran como titulares de las explotaciones:

"Han sostenido casas, familias, negocios, cuidados y trabajos agrarios", señala a la par que defiende que hoy son ganaderas, agricultoras, veterinarias, técnicas, emprendedoras e investigadoras, pero el reconocimiento social todavía no siempre está a la altura.

Ana Cristina ha vivido situaciones en las que otras personas se dirigen primero a su pareja cuando ambos están presentes. También recuerda que al principio puede existir cierta desconfianza hacia una joven que empieza a trabajar en el campo:

"A lo mejor te ven como ‘esta muchacha no va a durar aquí dos días’, pero cuando aprecian cómo te desenvuelves, cambian de parecer", cuenta.

Lucía, por su parte, defiende que la visibilidad debe traducirse en oportunidades reales: formación, conciliación, servicios, conectividad y reconocimiento.

También cuestiona la idea de que marcharse a la ciudad sea la única forma de progresar: "Huir de un sitio por un problema no me parece justo; le podemos buscar soluciones".

Y de fondo, una máxima general: "No queremos ser una excepción ni una campaña de un día. Queremos poder vivir, trabajar y decidir nuestro futuro en el rural con las mismas oportunidades".