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Ángel Juárez, entre los 20 mejores cirujanos de España: "La estética ayuda a verte bien, pero no trata emociones"

Dirige el Servicio de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela siempre buscando la naturalidad.

Más información: Los 300 mejores médicos de España del Observatorio de la Sanidad

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En el universo de la cirugía, las líneas que separan mostrar la mejor versión de una misma de no reconocerse en el espejo a veces son delgadas y conviene delimitarlas. Además, hay intervenciones que van mucho más allá de la estética. Quizá la mejor no es la que transforma completamente sino la que te reconcilia con tu propio yo.

Y para hablar de esto, nadie mejor que el doctor Ángel Juárez Cordero, invitado en un nuevo episodio del pódcast En marcha con Nuria March. Su currículum resulta casi apabullante: licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Oviedo y especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora por el Hospital Universitario Central de Asturias.

"Desde 2006 dirige el Servicio de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela y a lo largo de su carrera ha desarrollado su actividad en cirugía facial, mamaria, corporal y reconstructiva", recuerda la conductora del programa.

Lidera un equipo multidisciplinar, donde trabaja con técnicas avanzadas y una filosofía basada en tres pilares: precisión quirúrgica, seguridad y naturalidad en los resultados. Recientemente ha sido reconocido como uno de los 20 facultativos más destacados de España en su especialidad en el especial 'Los 300 mejores médicos de España', elaborado por el Observatorio de la Sanidad de EL ESPAÑOL.

Nuria March comienza preguntándole si aún sigue sintiendo esa adrenalina antes de operar. "Yo no le he perdido el respeto al quirófano en todos estos años que llevo trabajando y cada vez que entro en quirófano tengo una ilusión enorme por hacer las cosas bien", responde.

Nuria March y el doctor Ángel Juárez.

Nuria March y el doctor Ángel Juárez. Cedida

Y es que, como él mismo recuerda, "no tenemos que olvidar que cuando un paciente acude a ti, acude con una confianza absoluta y tú tienes que estar a la altura de lo que te está planteando". La honestidad es clave para él y no le cuesta decir "no" cuando considera que la operación no está indicada.

"El médico tiene que ser sincero con el paciente. Siempre de una manera correcta. La cirugía es una ayuda para mejorar el aspecto y sentirse más cómodo, pero tiene límites y exige un estudio detallado, una indicación precisa y que la persona conozca exactamente qué resultados puede obtener", aclara.

Por eso, la preparación psicológica ocupa un lugar esencial en su consulta. Antes de una intervención mantiene varias entrevistas porque, según explica, "en una sola es muy difícil intuir qué hay detrás de esa motivación que le lleva a realizarse una cirugía".

Esta especialidad médica puede ayudar a superar determinados complejos, pero no debe convertirse en una solución para problemas emocionales. "Ayuda a sentirse mejor. Puede reparar, corregir partes del cuerpo y funciones también. Pero no trata las emociones, ni los problemas psicológicos", matiza.

Para Juárez, la diferencia está en entender qué es capaz de solucionar y qué no. Hay personas que han vivido durante años con un complejo provocado por una alteración física y para ellas sí puede funcionar, pero cuando "alguien piensa que operándose le va a solucionar sus problemas personales, emocionales e incluso que le va a cambiar la personalidad", la respuesta es diferente.

Naturalidad frente a modas

Una de las palabras que más se repite durante la conversación es "naturalidad". Sin embargo, Ángel Juárez advierte de que este concepto es relativo y depende de las características físicas de cada persona, de factores étnicos y raciales e incluso de la localización geográfica.

La clave es adaptar la intervención al paciente: "Podemos modificar pequeños detalles, pero no cambiar. La naturalidad es eso, es adaptarnos a ese físico sobre el que estamos trabajando".

Esa búsqueda también se traslada al envejecimiento. Frente a la obsesión por borrar las arrugas, el doctor defiende conservar aquellos rasgos que forman parte de la identidad.

"Se puede tratar la calidad de la piel, corregir pequeñas imperfecciones, mejorar también el aspecto de los párpados, pero determinadas marcas de expresión, la sonrisa, las pequeñas asimetrías no se deben cambiar porque forman parte de la personalidad", explica.

La presentadora del pódcast llama la atención sobre la banalización de las operaciones de estética. La conclusión del cirujano es contundente: "La cirugía se puede normalizar, pero no se puede trivializar porque es un acto médico".

Se trata de un proceso que requiere estudiar los antecedentes del paciente, valorar su estado de salud y explicar un postoperatorio que puede incluir hematomas, inflamación y dolor. Por eso, insiste en que debe realizarse "en un entorno sanitario adecuado, hospitalario".

La información para poder tomar una decisión responsable es fundamental: "En la comunicación médico-paciente está gran parte del éxito de la cirugía".

El avance de la IA

El tema de la inteligencia artificial no puede obviarse, pues está ocupando un espacio cada vez mayor en la medicina estética y reconstructiva. Para Juárez supone "una ayuda importantísima", a la hora de hacer mediciones, organizar cómo van a ser las cirugías y comparar resultados.

Eso sí, considera fundamental que el médico continúe siendo el intermediario entre la IA y el paciente, porque cada persona tiene unas características propias. La robótica, por su parte, ya se utiliza en algunos casos, especialmente en cirugía reconstructiva y en determinadas reconstrucciones de mama o abdominales.

La conversación termina con una historia que resume la dimensión humana de la profesión. Juárez recuerda a una niña de 12 o 13 años que había sufrido la amputación de un dedo al quedar enganchado en una valla por el anillo.

Tras la reconstrucción y años después de recibir el alta, le escribió una carta y le envió una fotografía el día de su boda. En la imagen, el anillo cubría precisamente la cicatriz del dedo reconstruido.

Antes de despedirse, resume sus lemas en tres ideas: una cirugía nunca debería hacerse "por presión del entorno o para intentar corregir alteraciones que no son físicas"; el mayor error antes de operarse es "escoger un equipo quirúrgico exclusivamente por el precio"; y la naturalidad consiste en "que cada persona se siga reconociendo una vez realizada la intervención quirúrgica".

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