La actriz, en el escenario del teatro Fígaro de Madrid.

La actriz, en el escenario del teatro Fígaro de Madrid. Eva Calzadilla

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Amparo Larrañaga: "El consejo de mi familia cuando empecé como actriz fue que si ganaba dinero, comprara pisos"

Vuelve a las tablas con la obra Victoria, en el teatro Fígaro de Madrid, junto a Iñaki Miramón.

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Entrar en la sala vacía del teatro Fígaro de Madrid, un par de horas antes de que empiece la función, y ver a Amparo Larrañaga aparecer sobre el escenario con los focos iluminando su figura como la estrella que es, supone un buen comienzo para una tarde de conversación con alguien que lleva casi cinco décadas subida a un escenario.

Natural y sin un ápice de divismo, porque la profesión la vivió en primera persona desde niña, ha crecido en ella y conoce las luces y las sombras que hay cuando se baja el telón.

Su árbol genealógico resulta apabullante: bisnieta, nieta, hija, sobrina y hermana de actores. En las ramas de ese ADN están los más grandes: sus abuelos Ismael Merlo, María Luisa Colomina, Pedro Larrañaga y María Fernanda Ladrón de Guevara.

Sus padres, Carlos Larrañaga y María Luisa Merlo, su tía paterna, Amparo Rivelles; su hermano Luis Merlo... Y aún podríamos seguir con la lista. ¿Estaba predestinada a ser actriz? Quién sabe... pero aquí está, convertida en una de las intérpretes más consolidadas y queridas de las tablas.

Su último trabajo es Victoria, una comedia con trasfondo, de esas que tanto le gustan —y nos gustan—- Plantea el reencuentro de la familia que ya protagonizó Laponia, con nuevos problemas y nuevos desafíos. Como compañeros de reparto, Iñaki Miramón, Mar Abascal y Juli Fábregas.

Esta vez, el universo del fútbol sirve de excusa para abrir un debate apasionante: el miedo de los padres a equivocarse y el empeño en dirigir la vida de los hijos. Nos sentamos con Amparo para hablar de la obra, del paso del tiempo sin ataduras y de por qué la cultura es más necesaria que nunca.

La actriz interpreta a Mónica y la obra tiene como trasfondo el fútbol.

La actriz interpreta a Mónica y la obra tiene como trasfondo el fútbol. Eva Calzadilla

La obra es una comedia, pero toca muchos temas de calado, entre ellos cómo proyectan los padres sus sueños sobre los hijos...

Sí, realmente, cuestiona cosas bastante importantes. Imagínate, un conserje de colegio y una vendedora de lotería de una administración chiquitita que en un momento dado ven que su hijo puede ser un Messi, fichando por un gran equipo. Y él, Martín, que de pronto quiere dejarlo, abandonar.

Ahí entra el miedo de los padres a equivocarse: si le dejan seguir su impulso quizá no les perdone que le permitieran tomar esa decisión y si es al revés también podría ser erróneo. A través de los hijos proyectamos, aparte de muchas frustraciones, muchas ganas de que sean mejores que nosotros, muchos sueños incumplidos.

Es verdad que el apoyo incondicional está bien, pero hay que dejarles un poquito de margen para que ellos se equivoquen o acierten. Esa es la realidad, pero les obligamos.

Y más ante la posibilidad de tener una estrella en casa...

Sí. En el fútbol vemos a esos padres que están obsesionados con tener un Cristiano Ronaldo en casa. Un amigo mío que es entrenador de chicos, me cuenta la presión que ejercen sobre ellos y las broncas que les echan si un día no juegan bien.

Parece que hay una obsesión porque sean millonarios, deportistas de élite... y a lo mejor lo que quieren hacer es irse a Finlandia a dibujar postalitas navideñas.

¿Tú has sido una madre tipo Mónica, tu personaje, con tus hijos?

No, yo dejo más libertad. Es como cuando me preguntaban, qué ha estudiado tu hijo y yo respondía que antropología social. Enseguida te hacían el símbolo de la pasta y planteaban cuánto se ganaba con eso. ¡Pero eso es lo que él quiere estudiar y lo que le hace feliz!

¿Estamos instalados en la cultura del capitalismo salvaje y educamos en base a ello a los hijos?

Sí, se los educa a través del dinero y eso es muy grave en un momento dado. Estamos obsesionados con la carrera, con que triunfen, que ganen dinero, que vayan a un montón de extraescolares.... Controlamos y dirigimos sus vidas desde pequeños, y a veces nos pasamos.

La actriz, en un momento de la entrevista en el escenario.

La actriz, en un momento de la entrevista en el escenario. Eva Calzadilla

¿Cómo es Amparo Larrañaga en su faceta familiar?

Yo soy muy de mi familia, aquí tenemos todos una función. Mi hermano Pedro es el empresario y se ocupa de todo el tema económico de montar las funciones. Yo estoy aquí arriba, Luis también lleva la parte creativa, y mi hijo mayor Ismael también trabaja en el teatro con nosotros. Soy muy cuidadora, me ocupo mucho del tema médico, de mi madre...

Los cuido, pero no los coarto. A mis hijos siempre les he dado libertad para encontrar su propio camino, aunque a veces cuestan que den con él. Hasta que aciertan, prueban, van y vienen. Pero si lo basamos todo en la pasta...

Vienes de una importante saga de actores, tu vocación de actriz parecía predestinada. ¿Te planteaste ser otra cosa?

¡Yo no quería dedicarme a esto! Al contrario, a mí no me gustaba, porque lo había vivido desde niña. Me parecía un rollo tremendo. Veía a mis padres trabajar y trabajar, no descansar nunca, ni en Nochevieja. Tras la huelga de actores del 75 se consiguió que el lunes fuera día descanso. Mi tía Amparo Rivelles vivió la época de tres funciones diarias...

Y luego se iban de gira. Un trabajo bestial y encima luego para no tener nada, porque es una profesión muy inestable que requiere mucho sacrificio. Por eso, creo que los hijos de actores podemos cogerle manía a esto fácilmente en la infancia. Me parecía todo muy aburrido y la realidad es que yo quería ser médico.

"Se nos exige una belleza y un peso que a ellos no se les pide. No me apetece estar sometida a esa dictadura"

¿Cuándo cambió la perspectiva?

Me fui a vivir con mi abuelo, Ismael Merlo, y él me fue metiendo el veneno de la interpretación. Hice mi primera obra a los 15 años, Solos en esta tierra, enseguida tuve mi representante... Conté con la suerte de no tener que entrar desde fuera, porque estaba dentro del mundillo. Me costó, porque me tenían mucha manía, me lo he tenido que ganar.

Son tus propios compañeros del gremio los que te miran con recelo. Yo he pasado momentos difíciles al principio, lo que pasa es que tengo la piel dura, aguanto muy bien las críticas y también los fracasos. Lo que me parece más meritorio es que llevo 49 años trabajando en esto. A mí no me puede cuestionar nadie a estas alturas, pero los primeros años fueron duros.

El teatro es tu gran pilar, aunque has hecho tele quién no recuerda Periodistas y cine. ¿Ha sido una cosa pensada o la carrera se ha ido dando así? El otro día María Galiana decía que se había pasado 20 años haciendo Cuéntame y que quizá le hubiera gustado tener más papeles en cine...

A mí siempre me ha gustado mucho el teatro. Tengo anécdotas maravillosas de mi abuelo, de mi padre y de mi madre, me encantaba ir a verlos. Me sabía las funciones.

Cuando yo empecé, me ofrecieron hacer televisión, presentando el programa Aplauso. Y a los dos meses me fui porque me llamó Arturo Fernández para hacer una protagonista de una obra francesa preciosa que se llamaba El huevo de Pascua.

Él era el galán por excelencia en ese momento y se trataba de un vodevil buenísimo. Entonces decidí que quería hacer una carrera en teatro. Además, la profesión de actriz es muy injusta para las mujeres cuando cumplen determinados años.

Vi cómo mi abuela iba decayendo en papeles protagonistas con el paso del tiempo y eso que antes era distinto. Ahora el mundo es para los jóvenes, sin duda.

Las mujeres de mi familia y gente de la profesión acababan carreras importantísimas teniendo que vender hasta su piso con ellos dentro para poder subsistir, viendo cómo no les habían pagado la Seguridad Social porque entonces eso no era delito y no tenían ni una jubilación que cobrar.

Entonces yo decía: "Me voy al teatro". Porque ahí tenías a Nuria Espert haciendo personajes de 20 años y nadie se lo cuestionaba. Es una convención que está admitida absolutamente.

Y he de reconocer que yo, en eso, soy pudorosa. Por ejemplo, yo no quería hacer Laponia porque era la madre de un niño que aún creía en Papá Noel y yo ya tenía 59 años. Me convencieron... y luego nadie me cuestionó.

Amparo Larrañaga lleva casi cinco décadas dedicada al teatro.

Amparo Larrañaga lleva casi cinco décadas dedicada al teatro. Eva Calzadilla

¿Es por una cuestión de coherencia con la historia en sí?

Sí. Lo que pasa en el cine es que resulta imposible enfrentándote a un primer plano, porque todo está en la cara y yo no me he operado de nada, no me he hecho nada, con lo cual llevo la edad, el rictus, las arrugas o el párpado caído...

¿Eso te permite no caer en la dictadura de la eterna juventud para poder trabajar?

Eso es. Entonces, yo me enganché al teatro y vivo muy tranquila. Apruebo totalmente a la persona que se quiera operar, etc. En el cine hay mucha presión, aunque ahora veo cada vez más gente que sale a cara lavada.

Quiero estar tranquila y no pensar todo el rato en que debo estar guapa, sin ojeras, sin colgajos... dependiendo de que un director de fotografía me ilumine fenomenal. No quiero eso..

Y aquí quiero resaltar la invisibilidad de la mujer. Se te da por perdida a cierta edad. Se nos exige una belleza, un peso o un pelo que no les pide a ellos. Yo peleo mucho contra todo esto, porque no me apetece estar sometida a esa dictadura. Por eso tampoco tengo redes sociales.

¿Cómo ves el panorama del teatro actual?, ¿goza de buena salud?

No, después de la pandemia, se terminó. Por alguna razón, las cosas que duraban dos temporadas ahora aguantamos cuatro meses como mucho, tampoco hay tantas giras...

El problema es que no hay relevo generacional. Pero nos mantendremos, como ha hecho la vida en todo el teatro. Al final la gente se cansa de tanta serie en las plataformas, que además muchas son iguales, y tiende a volver al teatro.

¿Falta público joven?

El mayoritario siguen siendo señoras con una edad, aun ahora.

"En la política somos feligreses. No le demos más carnaza, hablemos más de cultura y de teatro"

En el terreno de la producción teatral, antes y ahora, la presencia femenina era importante, ¿ves una evolución?

Mi abuela María Fernanda era muy admirada. Tenía su propia compañía y un vagón de tren. Era empresaria muy por encima de su marido. Hizo cine mudo, estuvo en Hollywood. Yo lo que he vivido en las mujeres es una presencia teatral muy importante, quizá mayor que la de sus compañeros.

Lo que sí he notado es el tema del relevo generacional en el teatro.

¿A los actores jóvenes no les interesa?

No, nada. Mira, yo para hacer un reparto para una obra me vuelvo loca, les compensa más hacer una serie por lo que implica de visibilidad.

Antes había muy buena relación entre televisión y teatro y las productoras facilitaban los horarios de rodaje para que pudieran ir a las obras. Ahora estamos en manos de gente que son simplemente gestores de dinero.

Tampoco se gana como antes...

Todos ganamos menos. En mi caso, que soy empresa, si la obra no funciona, este escenario tan bonito que cuesta 150.000 euros lo tengo que tirar a la basura.

Sin embargo, en una película, entre derechos de exhibición en todas las teles del mundo y las plataformas que te la compran para tenerla, se acaba recuperando lo que has puesto. Y las subvenciones, claro.

¿No las hay para teatro?

No, nada de nada. Se tendría que hacer leyes de mecenazgo donde la gente pudiera de verdad desgravar, pero de manera importante. Y que los gobiernos se interesaran, a ser posible, un poquito más por la cultura y que volviera a ser popular.

La cultura es tan importante como la bandera de tu país. En Francia tienen la ley de mecenazgo con el IVA muy bajito hasta que triunfas. Y si no triunfas, para que no tengas tantas pérdidas, te ayudan.

Estamos viviendo un un momento en el que todo se mezcla: el arte, la cultura, la política. ¿Qué es lo que más te preocupa de la situación actual?

A mí, por ejemplo, me preocupa mucho el tema de la vivienda. Mi hijo, que tiene 27 años, no se puede independizar, ni siquiera puede pagar un alquiler. ¿Cómo es posible? Me angustia mucho también la polarización. ¿Por qué nos ponen a unos contra los otros todo esto? Antes el mundo era más dialogante.

Así que yo he dicho que se acabó, en mi casa no se ve nada en la tele. Yo leo el periódico en mi móvil y se terminó. Porque es todo de un exhibicionismo, de una utilización... Si somos de un lado, tenemos que darles siempre la razón, aun cuando no la tienen. ¿No podemos ser un poquito más objetivos? Somos feligreses, no tenemos capacidad de cuestionar si realmente todo es verdad.

Si estos lo hacen mal y no valen para nada, a la calle y ya está. No quiero que en mi casa se hable de esto. Veo gente que de pronto me dicen unas barbaridades... y pienso ¿cómo es posible con la trayectoria que tiene esta persona?, ¿cómo se mete en estos berenjenales?

La política ocupa el 99,9%, ya prácticamente todo, hasta los programas de entretenimiento o de por la mañana, por la tarde, a mediodía. No les demos más carnaza, hablemos de cultura, de teatro.

La actriz confiesa no vivir pensando en el físico y admite no haberse operado de nada.

La actriz confiesa no vivir pensando en el físico y admite no haberse operado de nada. Eva Calzadilla

Volviendo a tu carrera, has hecho prácticamente de todo. ¿Hay algo que sueñes, que te falte?

He hecho de todo y no desprecio nada. Pero me gustaría hacer un monólogo y le he pedido a Cristina Clemente que me lo escriba. Trabajar sola es un reto, porque ahí no hay quién te cubra. Aquí somos equipo, cuando uno está más flojo, el otro está más alto y así. Pero ese reto me apetece.

Siempre me pregunto, ¿cuánto tardáis en aprenderos esos textazos?

Eso es muy fácil, porque además yo tengo mucha retentiva. Normalmente, empiezo a estudiar 10 días antes de los ensayos. Lo complicado es encajarlo con los otros compañeros, mientras caminas por el espacio para no tropezarte con los muebles, por ejemplo... El proceso acaba cuando miras a los ojos del actor y ya lo tienes, sin pensar qué decir, qué hacer o cómo interpretar.

En las series también es muy complicado, porque te dan un guion a la semana o cada diez días y además se mezclan. Y el cine es una artesanía pura y dura, muy complicada de hacer bien.

Y hablando de cine, ahí tenemos a Los Javis, que van a por el Oscar...

¡Sí! Cuando un actor o un director español gana un premio como este me emociono mucho. Y hay gente que le molesta, dependiendo de quién sea. Da igual lo que piense políticamente uno u otro. Almodóvar, Javier Bardem, Penélope Cruz o en este caso Los Javis.... Todos ponen a nuestro país en el mapa, tenemos que ponernos igual de contentos que cuando se gana un Mundial de fútbol.

Es parte de nuestra cultura y de nuestro legado. Deberíamos de estar todos orgullosos.

"A mí no me puede cuestionar nadie a estas alturas, pero los primeros años fueron bastante duros"

¿Recuerdas el mejor consejo que te han dado y quién te lo dio?

Mis padres no eran de dar consejos, pero mi familia me decía: "Hija, cuando ganes dinero, compra pisos" por esa inseguridad que da esta profesión. Mi padre nunca se compró uno, porque creía que iba a durar toda la vida y luego no fue así. Sé que ha habido mucha gente de esta profesión que lo ha pasado muy mal.

Y luego hay algo en lo que nadie piensa que son los equipos técnicos que viven de esto, desde el transportista al profesional que está poniendo luces. Se dice que vivir bien de esto lo consigue el 9%. El resto malvive.

Tu madre, María Luisa Merlo, lleva toda la vida trabajando...

Sí, y ahora con 85 ya ha dicho que no quiere más. Nos lo ha dicho en un mes, que tuvo un pequeño problema de salud y nos comunicó que se acabaron las giras para ella. Pero poco antes se iba a Extremadura, hacía la función y se volvía a casa. Ya no le apetece...

¿Y tú hasta cuándo te ves encima de un escenario?

No quiero estar hasta los 84 como ella. Yo creo que a los 70 es suficiente. Quiero vivir.

Larrañaga recibe a Magas dos horas antes de la función.

Larrañaga recibe a Magas dos horas antes de la función. Eva Calzadilla

En la obra, la protagonista 'oculta' es Victoria, la matriarca de la familia, que quiere irse a una residencia y sus hijas no le dejan. ¿Abrimos el melón del abandono de los mayores?

Está complicado. Las listas de espera de las residencias, muchos funcionarios que no eligieron la seguridad social y ahora no tienen donde ir... ¿Y entonces qué hacemos? Porque hay gente que no puede tenerlos, especialmente cuando necesitan apoyo si son dependientes...

¿Hasta cuándo estará la obra en cartel?

De momento hasta enero, siempre depende de muchos factores. La gente viene de vacaciones, no tiene dinero, los colegios, los uniformes... Pero nos siguen quedando las señoras que ya están jubiladas y que pagan su entrada de teatro y son felices. ¡Y que no nos falten!