La periodista Beatriz Arias, en los jardines de Atresmedia.

La periodista Beatriz Arias, en los jardines de Atresmedia. Esteban Palazuelos

Protagonistas

Beatriz Arias viaja a Silicon Valley en su primer libro: "Viví la época de esplendor de Twitter y la llegada de Elon Musk"

La directora de Social Media de Atresmedia publica Soy la nueva, donde retrata los abusos de poder y el síndrome de la impostora entre otros temas.

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Quien no haya sentido miedo e inseguridad al empezar en un nuevo trabajo que levante la mano... El temor a no encajar, sumado a la jungla de las multinacionales tecnológicas es el motor que ha impulsado a Beatriz Arias a escribir su primera novela.

Sabe bien de lo que habla porque esta periodista leonesa fue directora de Alianzas Estratégicas y Medios para Twitter España —coincidió con Elon Musk en su aterrizaje— y actualmente dirige el departamento de Social Media en Atresmedia. Ahora debuta en la ficción con Soy la nueva, donde vuelca parte de su historia.

A través de su protagonista, Antía, descubre los entresijos del mundo corporativo hablando, con mucha retranca gallega —su familia es de allí— de abusos de poder, sororidad y el síndrome de la impostora.

Beatriz, ¿qué te ha llevado a meterte en este jardín de escribir tu primera novela?

Me parecía una idea divertidísima volcar en clave de ficción muchas de las situaciones que yo misma había experimentado durante mi etapa de trabajo en empresas tecnológicas y grandes corporaciones globales.

Al final, todos nos podemos sentir identificados con la novela porque ¿quién no ha pasado alguna vez por la experiencia de ser 'el nuevo' en un sitio? Es una situación que te obliga a enfrentarte a un montón de miedos y dudas.

'Soy la nueva' es su novela debut.

'Soy la nueva' es su novela debut. Esteban Palazuelos

Y aprovechas para poner sobre la mesa debates de actualidad...

Claro, tanto dinámicas del entorno puramente laboral —como pueden ser los abusos de poder o el síndrome del impostor— como a aspectos mucho más íntimos y personales, como esas épocas en las que dudas de ti misma y te asaltan las inseguridades. Al juntarlo todo, se crea un cóctel bastante explosivo.

Es importante que en los entornos laborales sean cada vez más seguros para que tú te puedas mostrar vulnerable y no te sientas insegura o no pienses que te vas a exponer por mostrar eso.

Siempre he sentido mucha curiosidad por el proceso de creación de un libro. ¿Cómo te enfrentaste a esa primera página en blanco?

Confieso que cometí una pequeña locura en el proceso de escritura que probablemente no sea ni medio normal: ¡empecé a escribir la novela por la mitad! Redacté toda la historia desde ahí hasta el final, porque era lo que tenía más claro en mi cabeza, y luego me puse con el principio.

Ha sido una aventura maravillosa que me ha llevado dos años.

¿Qué parte de tu propia experiencia personal e identidad has volcado en el personaje de Antía?

Depende mucho del capítulo, pero hay un elemento de mi identidad que es clave. Aunque yo soy leonesa, toda mi familia es gallega. De hecho, pasaba la mayor parte de mis veranos de la infancia en Ferrol con mis abuelos, y Antía también tiene su historia allí.

Toda esa retranca gallega que he mamado desde que era una niña está muy presente.

Viniendo de sectores tan competitivos como el tecnológico, ¿qué hay de real en el trasfondo del libro?

Muchísimo. Me he inspirado de manera muy directa en todo lo que experimenté en primera persona cuando trabajaba para una multinacional norteamericana con presencia en todo el mundo. Pero no sólo me nutrí de mis vivencias; también recogí muchas cosas que me contaban compañeros que trabajaban en otras compañías similares en aquella época.

Esa etapa de esplendor que han vivido las tecnológicas en los últimos años tenía una parte increíblemente positiva: te permitía tener presencia en una red de profesionales excelente repartida por todo el planeta, de los cuales aprendías muchísimo, y te obligaba a trabajar con unas dinámicas de cambio superrápidas y ágiles.

Sin embargo, esa misma agilidad tiene una contrapartida menos agradable. En el momento en que cambia el contexto macroeconómico, el accionariado o los dueños de la empresa, esas mismas corporaciones pueden llegar a realizar movimientos internos extremadamente fríos, rápidos y ejecutores.

Twitter forma parte de tu currículum. ¿Cómo fue aquella etapa?

Yo viví las dos fases de la compañía. De hecho, cuando se produjeron aquellos despidos tan masivos y sonados con la llegada de Elon Musk y la reestructuración, mi equipo y yo nos salvamos, así que pudimos experimentar de primera mano la transición.

Viví lo que considero la época de mayor esplendor de la plataforma, aquel momento en el que la sociedad descubrió que enviando un mensaje de apenas 140 caracteres podías conectar de inmediato con el mundo entero y recibir una respuesta directa.

¿Cuál era tu labor?

En mi equipo nos dedicábamos a una tarea casi pedagógica: formábamos a celebridades y a periodistas en el uso de la herramienta, y progresivamente fuimos desarrollando la vertiente de negocio, demostrando que la plataforma no sólo servía para conversar, sino que ofrecía vías muy potentes de monetización.

La rebautizada X de Elon Musk poco tiene que ver con lo que fue. ¿Qué opinas de esa transformación?

Cuando llegó él, las cosas cambiaron drásticamente y eso es algo que pudimos ver todos. Creo que fue uno de los procesos de compra más públicos que han sucedido nunca, porque lo seguimos todos prácticamente en tiempo real a través de las pantallas.

Cada plataforma ha tenido históricamente un uso o un foco mayoritario. En mi caso, soy una gran defensora de las redes sociales porque considero que nos han permitido dar voz y llegar a gente que estaba muy silenciada o que no tenía la oportunidad de gritar y pedir ayuda.

Pero, al mismo tiempo, en la novela he querido abrir precisamente ese debate sobre qué es lo que realmente se esconde detrás de una pantalla, en la intimidad de alguien que escribe desde su teléfono móvil en casa.

Beatriz Arias empezó en la radio, en su León natal.

Beatriz Arias empezó en la radio, en su León natal. Esteban Palazuelos

¿Eres partidaria de la prohibición a los menores de 16 años del uso de las redes sociales?

A mí, personalmente, me parece una medida muy necesaria. Ha llegado el momento de que las propias plataformas reconozcan la realidad y colaboren activamente para mejorar la situación.

En tu libro se habla de sororidad y liderazgo, pero todavía arrastramos el estigma de la rivalidad entre mujeres en el trabajo, más si se trata de un sector tecnológico donde el porcentaje femenino ronda el 30%. ¿Aquí ser 'la nueva' es aun más difícil?

Es cierto que las estadísticas generales están ahí, pero la realidad varía mucho dependiendo de la compañía. En Twitter, por ejemplo, existía una cultura de igualdad muy fuerte y el porcentaje de directivas estaba prácticamente a la par con el de los hombres. De hecho, el liderazgo femenino es algo que he querido poner muy en valor en Soy la nueva.

Respecto a la rivalidad femenina, yo sólo puedo hablar desde mi experiencia y soy consciente de que cada mujer tendrá su propia historia.

En mi caso, puedo decir con orgullo que los saltos más importantes y significativos de mi carrera profesional se los debo a mujeres que decidieron apostar firmemente por mí, que supieron detectar mi talento y que confiaron en mis capacidades incluso en esos momentos en los que yo misma dudaba de mí.

La unión hace la fuerza...

Claro, así abrimos camino para que lleguemos todas. Aunque, por supuesto, todavía quedan personas que arrastran inseguridades profundas y que, en lugar de resolverlas mirándose al espejo y haciendo un trabajo de introspección, intentan paliarlas atacando o rivalizando con la compañera de enfrente. Eso es algo que cada una debe trabajar de forma individual.

¿Crees que aún quedan muchas actitudes arcaicas por parte de los hombres en esos entornos de poder?

Sí. Sigue habiendo machistas, pero también paternalistas. Aun así, hay muchos hombres que te ayudan a ser mejor, a llegar más alto, que no tienen ningún problema en que tú seas superior económicamente.

Hay más hombres feministas que antaño y eso hay que ponerlo también en valor.

¿Crees que ha cambiado la forma de ejercer ese liderazgo gracias a la llegada de las mujeres a los puestos de poder?

Sin duda. Hace años, las pocas que lograban alcanzar puestos de alta responsabilidad sentían que debían mimetizarse con el entorno para ser aceptadas, lo que a menudo las llevaba a adoptar un rol muy masculinizado o a imitar los comportamientos de los hombres.

Hoy en día estamos viendo ejemplos maravillosos de liderazgo femenino donde no tienen que renunciar a sus cualidades, a su sensibilidad ni a sus aptitudes propias. Es un estilo directivo diferente, complementario al masculino, que enriquece enormemente la visión y la estrategia global de cualquier empresa.

El síndrome de la impostora también se refleja en la trama. ¿Por qué crees que nos cuesta tanto desprendernos de esa sensación?

Creo que la razón es que, socialmente, seguimos sintiendo la presión de tener que demostrar el doble para que se nos reconozca el mismo valor. Ellos también lo sufren, pero sospecho que en su caso suele ser algo más transitorio.

Durante la promoción del libro me está llamando mucho la atención comprobar la cantidad de mujeres con trayectorias consolidadas que se acercan a decirme que, aunque ya no son las nuevas en sus puestos y llevan años de experiencia, se siguen sintiendo exactamente igual que el primer día.

Esto demuestra el tremendo esfuerzo mental y corporal que requiere deshacerse de esa sensación, y que no basta con acumular años de veteranía para que desaparezca.

Además, factores inevitables como las interrupciones en la carrera profesional debido a la maternidad o las dificultades para conciliar influyen muchísimo en que, al reincorporarte o afrontar un nuevo reto, lo hagas con una dosis extra de inseguridad.

¿Echas de menos el reporterismo de calle, ese periodismo más puro?

Yo creo que ese gusanillo nunca se pierde del todo; cuando eliges esta profesión, la llevas grabada en el ADN hasta el último día de tu vida. Recuerdo mis inicios con una ilusión tremenda. Desde pequeña veía los informativos de Antena 3 desde mi casa y tenía clarísimo que mi sueño era trabajar en esa redacción y ser compañera de las personas que veía en la pantalla.

Por supuesto, antes de llegar ahí tuve que pasar por muchísimas becas y trabajar muy duro. A veces escuchamos discursos muy idílicos sobre cumplir sueños, pero la realidad es que detrás hay un esfuerzo descomunal, veranos enteros trabajando sin cobrar y dejándote la piel.

También le debo mucho al esfuerzo que hizo mi familia por mí. El día que por fin me vi en esa redacción rodeada de mis grandes referentes fue uno de los momentos más felices de mi vida.

Mis primeros pinitos en la radio, en León, también me marcaron muchísimo. Aún me acuerdo de mi primer día de reportera en el que me enviaron a cubrir un atraco en una sucursal bancaria.

En realidad solo tenía que hacer una crónica telefónica, pero me temblaban tanto las piernas que no era capaz ni de sujetar el folio con los apuntes. Al mirar atrás veo a esa niña con mucha ternura, pero todas esas primeras veces te van sumando experiencia y te preparan para el futuro.

¿Da miedo la IA en esta profesión?

Considero que debemos verla como una aliada que camina a nuestro lado. La inteligencia artificial puede ser fantástica para automatizar y agilizar tareas mecánicas que nos quitan mucho tiempo valioso en las redacciones.

Sin embargo, la mirada analítica de un periodista, la sensibilidad para contar una historia desde un punto de vista humano o la chispa creativa que necesitas para arrancar un reportaje son elementos que ninguna máquina va a poder sustituir jamás.

Una curiosidad, ¿quién fue la primera persona de tu entorno que leyó el borrador final de la novela y qué feedback te dio? ¿Andas ya pensando en escribir otra?

Helena, una de mis mejores amigas y excompañera de Twitter España. Para mí era muy importante que la leyera alguien que me conocía a nivel personal, pero que también entendía perfectamente los códigos de las multinacionales y de plataformas como la de nuestro libro.

Además, he tenido la suerte de contar con madrinas excepcionales, como Sonsoles Ónega, cuyos consejos son tan valiosos que dan ganas de guardarlos bajo llave en un cofre del tesoro para sacarlos dentro de 50 años.

De ella he aprendido, sobre todo, su inmensa generosidad con las que somos nuevas. A pesar de tener una carrera consolidada y de ser un Premio Planeta, invierte su tiempo desinteresadamente en amadrinar y apoyar a las escritoras que estamos empezando. Es un gesto precioso que hay que poner en valor.

¿Habrá más novelas?

Escribir me ha devuelto tantas alegrías que ya me pica el gusanillo de volver a intentarlo en el futuro.