Cristina Soler.

Cristina Soler. Cedida

Protagonistas Día Mundial por los Derechos del Nacimiento y el Parto Respetado

Cristina Soler, tras su cesárea: "A mi marido le dijeron: 'reza por ella, la hemorragia no se está controlando'"

Una misma experiencia y tantas formas de vivirla. Existen múltiples protocolos, culturas y cuidados a la hora de dar a luz en el viejo continente.

Más información: De padres visitantes a padres cuidadores: así beneficia la presencia de la familia a los bebés en la UCI neonatal

Publicada

El alumbramiento es una vivencia universal, pero la forma de transitarlo cambia profundamente según el país, el sistema sanitario y la cultura que rodea a la maternidad.

En el marco del Día Mundial por los Derechos del Nacimiento y el Parto Respetado, este reportaje explora cómo se vive la llegada de una nueva vida en diferentes rincones de Europa y las diferencias que existen en la atención médica, el acompañamiento emocional y las decisiones sobre el propio cuerpo.

Esta fecha visibiliza la necesidad de garantizar una atención digna, informada y libre de violencia durante el embarazo, el parto y el posparto.

También, crea conciencia sobre el derecho a vivir el nacimiento de manera segura, acompañada y respetuosa.

Según datos del Ministerio de Sanidad, en España uno de cada cuatro partos fueron cesáreas en 2024. Una tasa que está por encima de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es alrededor del 10-15%.

Este dato es importante porque supone una invitación a mirar más de cerca el sistema en el que las madres traen al mundo a un bebé. Aunque cada experiencia sea única, irrepetible y, sin duda, trascendental.

Algunas historias se quedan en el recuerdo como algo mágico y maravilloso. Otras pasan a los libros de lo que no se debe hacer a una mujer en el momento más vulnerable de su existencia.

De aquí parten dos conceptos opuestos: el parto respetado (también llamado humanizado) vs. la violencia obstétrica.

En España, la Ley Orgánica 1/2023 recoge de forma explícita el derecho a dar a luz en un entorno adecuado y respetuoso. Esta es una reforma a la ley de salud sexual y reproductiva.

Dicho concepto también es reconocido por la OMS y busca prevenir la violencia obstétrica, entendida como el trato deshumanizado y la vulneración de los derechos de la gestante y el niño que nace.

Cristina Soler.

Cristina Soler. Cedida

España

Emergencia evitable.

Cristina Soler (Madrid, 1988) tuvo mellizos varones en Madrid y define su experiencia: "La peor que podría imaginar".

¿Cómo viviste el seguimiento de tu embarazo?

Las consultas eran rápidas y no había espacio real para preguntas. A veces me da la sensación de que nos llevan como pasajeras en un coche: el médico conduce y nosotras sólo vamos mirando por la ventana.

¿Cómo fue tu experiencia de parto?

Fue inducido con mucha presión para evitar una cesárea. Estuve 20 horas con oxitocina —el doble de lo recomendado en un parto gemelar—, lo que derivó en una intervención de urgencia evitable.

A mi marido le dijeron: "Reza por ella, la hemorragia no se está controlando". Perdí mucha sangre, mi útero reventó y tuvieron que extirparlo para salvarme la vida.

Gracias a los médicos de guardia estoy viva y mis hijos nacieron sanos.

¿Cómo viviste el posparto inmediato?

En plena pandemia, permanecí en la UCI mientras mis bebés estaban en neonatos. Los conocí por videollamada, sin piel con piel ni contacto durante casi 24 horas.

Me pidieron extraer leche mirando una foto de ellos. Había dado a luz, pero aún no había podido sentirme madre. No recibí ningún tipo de apoyo psicológico.

¿Sientes que tu parto fue respetado?

No, sobre todo por la falta de información. Durante la inducción pregunté varias veces por los límites y los riesgos, pero sólo me decían que los bebés estaban bien, sin explicarme qué estaba ocurriendo con mi cuerpo.

Hubo intervenciones que viví como innecesarias e invasivas.

Por ejemplo, prolongar la inducción sin avance, tactos constantes sin explicación y una epidural mal colocada varias veces.

¿Qué reflexión te deja esta experiencia?

Los médicos son profesionales, pero también humanos y pueden cometer errores. Estar informadas, hacer preguntas y participar en las decisiones no es desconfiar, sino cuidar de una experiencia que marca para siempre.

Siempre me ha costado hablar de mi dolor, porque sé que hay mujeres con historias incluso más duras. Pero con el tiempo, he entendido que eso no invalida lo que yo sentí.

Un sistema cuestionable

En la opinión de Teresa Escudero, portavoz de la asociación 'El Parto es Nuestro', tener un alumbramiento respetado no debería ser un privilegio, sino lo normal. "Hay hospitales en España que están haciendo bien las cosas, el problema es que sean una excepción", cuenta.

Cuando un centro sanitario tiene un porcentaje muy superior de cesáreas comparado con el resto, es que algo se está haciendo mal.

Pero tener una intervención quirúrgica no es el mayor problema, sino la falta de acompañamiento y empatía cuando sucede —ya sea programada o de emergencia—.

"A las mujeres nos cuesta mucho nombrar todas las violencias a las que estamos expuestas. Lo normalizamos y pensamos 'es que el doctor tuvo que hacer esto para salvarme la vida'. Bueno, pues tal vez no hubiera tenido que tomar esa decisión si no hubiera hecho otras cuatro cosas antes que desencadenaron en eso", continúa Escudero.

Beatriz Herrero.

Beatriz Herrero. Cedida

Alemania

Un simple trámite y falta de higiene.

Beatriz Herrero (Valencia, 1987) tuvo una niña en Braunschweig: "El trato no fue el mejor, desde luego".

¿Cómo viviste el momento de traer a tu hija al mundo?

Allí no les gusta utilizar la epidural y a mí me prolongaron muchísimo tiempo intentando inducir el parto. No lo consiguieron. Después, la cesárea fue rápida.

Utilizar la palabra violencia nunca me ha gustado porque es fuerte. Pero sí que el trato es muy mejorable. Para ellos parece que se trata de un simple trámite, poco personalizado y deshumanizado.

¿Qué pasó una vez que nació la bebé?

La experiencia no fue nada buena. Yo creo que allí hay muchísimos problemas en la formación, sobre todo de enfermeros.

Además, las instalaciones dejan mucho que desear, en la habitación podía haber hasta tres y cuatro madres. También me sorprendió la falta de limpieza.

¿Qué es el parto respetado?

  • La mujer debe recibir información clara y fácilmente comprensible sobre cada procedimiento y decidir libremente si acepta o no. Ya sea cesárea, epidural, inducción, episiotomía, uso de oxitocina, etc.
  • Ante todo, se respeta su plan de parto y su capacidad de tomar decisiones.
  • Tiene derecho a estar acompañada por la persona que elija durante el parto y posparto inmediato. Puede ser su pareja, un familiar, una doula.
  • Se evita el trato deshumanizado, la infantilización o el lenguaje irrespetuoso.
  • Se favorece un entorno íntimo, tranquilo y con respeto a los ritmos naturales del parto.
  • Siempre que las circunstancias lo permitan, se fomenta el contacto piel con piel inmediato al alumbramiento.
  • Se proporciona apoyo activo a la lactancia materna, si así lo desea la madre.

En papel suenan muy bien todas estas directrices. Sin embargo, cuando aterrizamos en el mundo real y escuchamos algunos relatos, las cosas cambian.

En la práctica, no significa rechazar la medicina ni el uso de tecnología, sino garantizar que el nacimiento se desarrolle con información, consentimiento y acompañamiento, priorizando la salud física y emocional de la madre y el neonato.

Neuza Duarte.

Neuza Duarte. Cedida

Noruega

La confianza en estado puro.

Neuza Duarte (Lisboa, 1985) tuvo un niño en Bergen: "Nada fue como lo esperaba y a la vez fue perfecto".

¿Por qué decidiste parir en casa?

Era una decisión consciente y alineada con mis deseos de un parto respetado. Lo tenía claro desde el principio.

¿Contrataste a alguien más además de la matrona?

Sí, contraté a dos doulas. Una para darme apoyo emocional y físico durante el parto; otra para estar pendiente de mi hija, que iba a estar presente.

¿Cómo empezó el parto?

Fue una noche de tormenta en diciembre. A las ocho y media rompí aguas. Las contracciones comenzaron alrededor de las once de la noche y fueron muy intensas desde el inicio.

Vivimos en una isla conectada por un puente, que precisamente esa noche se cerró por el viento. La matrona y las doulas quedaron momentáneamente atrapadas al otro lado.

¿Cómo fue el momento del nacimiento?

Todo fue muy rápido. Las contracciones eran tan fuertes que no dio tiempo a preparar la piscina de parto. El bebé empezó a salir mientras yo estaba en el váter. Las doulas llegaron primero y me ayudaron a ponerme en el suelo, a cuatro patas, y el niño nació a la una y media de la madrugada.

La matrona llegó dos minutos después. Enseguida confirmó que estaba bien, con buen color, y que sólo necesitaba tiempo tras un alumbramiento tan rápido.

¿Sentiste que tu parto fue respetado?

Sí, en todo momento. Mis peticiones siempre se tomaron en cuenta. Me sentí sostenida por este círculo femenino.

Secuelas de la violencia obstétrica

Según el RSD Journal, esta se asocia de forma consistente con la depresión posparto (DPP), la ansiedad y los síntomas de estrés postraumático. Además, puede dificultar el vínculo madre-bebé.

Muchas mujeres describen la experiencia como un evento traumático que deja huella durante años. Esto, evidentemente, afecta su confianza en el sistema sanitario y en su predisposición a buscar atención médica en futuras gestaciones.

Paola Rojas y su esposo, Bram Nawijn.

Paola Rojas y su esposo, Bram Nawijn. Cedida

Países Bajos

Adiós epidural y te marchas cuanto antes.

Paola Rojas (Colima, México, 1984), tuvo una niña en La Haya: "Sólo te dan morfina para el dolor".

¿Cómo fue el seguimiento de tu embarazo?

Desde el primer momento, me asignaron una matrona. Al ginecólogo nunca lo ves, a menos que tengas alguna complicación. En mi caso, tuve diabetes gestacional, así que necesitaba otro tipo de seguimiento. Más ecografías, visitas al obstetra y el parto en el hospital.

¿Qué pasa cuando llega el momento de dar a luz?

Abogan mucho por que no te pongan la epidural, ni siquiera tienen a los anestesistas listos por si la pides; la tienes que exigir prácticamente.

Eso cuando estás en el hospital, porque hacen todo lo posible para que elijas tener al bebé en casa. Ellos no tratan el embarazo como una condición que requiere atención médica, sino como un evento natural.

¿Crees que tu parto fue respetado?

Yo siento que sí, pero eso lo pude ver después. Al principio me asustaba la forma en la que hacen las cosas.

Una vez que nació la bebé, ¿cómo continuó la experiencia?

Nos revisaron a las dos, a ella le pusieron su ropita. No habían pasado ni dos horas cuando nos dijeron que ya nos podíamos ir. Era casi media noche en pleno invierno.

Al final nos dieron la opción de quedarnos, pero hasta las ocho de la mañana, a más tardar. Me pareció muy raro, seguía nerviosa y temía que pasara algo.

Mirella Muñoz.

Mirella Muñoz. Cedida

Francia

Sin espacio en la clínica.

Mirella Muñoz (San Juan de los Lagos, México, 1986), tuvo primero un niño, cuatro años después otro —ambos en París—: "No sentí violencia obstétrica como tal".

¿Cómo fue el seguimiento del embarazo?

En el primero, lo tuve con una ginecóloga porque no sabía que existían las matronas. La atención fue muy fría y me quedé con muchas dudas.

En el segundo, decidí seguir todo con enfermeras obstétricas y me gustó mucho más. Fueron muy humanas, llevaron todo el seguimiento, el parto y el posparto.

¿Se respetó tu plan de parto?

Sí, ambos fueron muy íntimos y nada aparatosos: pocas personas, sin tantos cables ni gente entrando y saliendo. Pedí epidural y fui escuchada. Nunca me separaron de mis bebés.

En el segundo embarazo yo quería una cesárea porque mi esposo viaja mucho y tenía miedo a estar sola en el momento del nacimiento, pero me explicaron que no era algo que se hiciera sin necesidad.

En su momento me molestó mucho, pero hoy, con perspectiva, agradezco que me hayan orientado y respetado el proceso natural.

¿Sentiste que sufriste violencia obstétrica?

No como tal. La primera vez sufrí más, porque fue muy largo y me mandaban a casa varias veces. Después entendí que era porque no había espacio en la clínica.

Me realizaron la maniobra de Hamilton —separación de las membranas amnióticas del cuello uterino— y me dolió muchísimo, pero todo se me explicó antes y siempre pidieron mi consentimiento.

Un escenario diverso

En conjunto, estos relatos de parto dibujan un mapa europeo desigual. El nacimiento, llamado a ser un ámbito común de atención y dignidad, refleja diferencias notables condicionadas por protocolos, culturas médicas y vacíos de escucha.

Recoger estas voces, incluso cuando resultan incómodas, permite observar un escenario fragmentado, donde las condiciones en las que se nace siguen dependiendo más del contexto que de un estándar compartido de respeto.

"Para cambiar el mundo, primero debemos cambiar la forma en que nacemos". - Michael Odent, médico obstetra.