La escritora posa en Madrid con su nuevo libro.

La escritora posa en Madrid con su nuevo libro. Raquel Sáez

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Reyes Monforte 'revive' a la directora de cine del nazismo: "Era la protegida de Hitler, la única que le tuteaba"

La escritora acaba de publicar La mirada del mal, sobre la vida de Leni Riefenstahl, la mejor cineasta de todos los tiempos.

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Hay personajes en la historia que no pasan de puntillas... ni aunque lo intenten. Y el que nos ocupa es fascinante: Leni Riefenstahl, la directora de cine que llevó el nazismo a la gran pantalla y lo vistió de grandilocuencia y belleza.

Efectuó la mayor obra de propaganda de un régimen brutal y genocida —Goebbels se quedó en puro aprendiz— con el beneplácito del Führer y pasó a la posteridad... para bien y para mal.

La amiga de Hitler, autora de títulos como La victoria de la fe (1933), El triunfo de la voluntad (1935) y Olympia (1938), está considerada la mejor cineasta de todos los tiempos. Fue una pionera y también una gran oportunista que puso su pasión por encima del horror imperante en la Alemania de las SS.

¿No sabía o miraba para otro lado? Esa es la cuestión... El hecho es que Helene Bertha Amelie Riefenstahl, nacida en Berlín en 1902, fue una de las mujeres más importantes de la época: bailarina, actriz de éxito —coetánea y amiga de Marlene Dietrich hasta que el nazismo la separó— y una directora brillante e innovadora.

Lo dicen sus propios compañeros, desde Steven Spielberg hasta Walt Disney, pasando por Coppola: todos ellos han seguido muchas de sus enseñanzas. Ahora, su historia vuelve a cobrar significado gracias a Reyes Monforte y su libro La mirada del mal —como se referían a Leni—.

Ha sido un largo proceso de una investigación que tiene como resultado más de 700 páginas que enganchan desde la primera línea.

Monforte posa en una terraza con las vistas del Palacio Real.

Monforte posa en una terraza con las vistas del Palacio Real. Raquel Sáez

La escritora, autora de best sellers como Un burka por amor, La violinista roja o La condesa maldita y premio de Novela Histórica Alfonso X, habla con auténtica pasión de Riefenstahl mientras desgrana los entresijos del Tercer Reich, la Segunda Guerra Mundial y el fin del conflicto.

Todo a través de los ojos de la única mujer que se atrevía a desafiar a Hitler.

¿Por qué elegiste la figura de Leni Riefenstahl para esta novela?

¡Es la directora de cine más famosa del mundo! Hace diez años cayó en mis manos una revista antigua de The New Yorker donde había un reportaje sobre ella.

En aquel momento estaba haciendo el documental El triunfo de la voluntad, sobre el séptimo congreso del Partido Nacionalsocialista (NSDAP) en Núremberg, un año después de que Adolf Hitler llegara al poder.

Escribían en él que era fascinante ver a una mujer haciendo su trabajo en una Alemania totalmente masculina y machista, del Tercer Reich y de las SS.

Las 250.000 personas que abarrotaban ese evento eran hombres y todos sabían quién era esa mujer vestida de blanco que daba órdenes cinematográficas y a la que todo el mundo obedecía por ser la protegida de Hitler.

En un país donde, para los nazis, la mujer se reducía a las 'tres kas' (küche, kinder, kirche: cocina, niños e iglesia), el Führer eligió a la mejor cineasta del momento.

Ella es la responsable del poder visual del nazismo, no Goebbels pese a ser el ministro de propaganda. Directores como Steven Spielberg, que además es judío, Tarantino, Walt Disney o Coppola reconocen que es la mejor y beben de su técnica.

Ella se justificaba diciendo que no formaba parte del partido. ¿Cómo logró conjugar el arte con un régimen tan brutal?

Leni siempre aseguraba que ella no era nazi, sino amiga de Hitler, y que él le dio el dinero y los medios necesarios para hacer grandes cintas.

Le había conocido en un mitin en 1932 y se quedó fascinada con su carisma. Le escribió una carta y, al cabo de dos días, su secretario la citó. Ahí, él le dijo que cuando llegara al poder quería que hiciera sus películas. Y así fue...

Fue detenida después de la Segunda Guerra Mundial y pasó tres procesos de desnazificación. Salvó todos los juicios porque la sentencia final decía que fue "compañera de viaje por simpatía o por oportunismo", subrayando esto último.

En uno de los interrogatorios se le recriminó haber hecho bonito el nazismo, y ella, que era muy soberbia y vehemente, contestó: "¿Desde cuándo la belleza es fascista? Yo me dedicaba a hacer bonito lo que filmaba, fuera política o fueran deportes".

¿Cómo era su relación con Hitler?

Fue la única mujer que le tuteaba —junto con Eva Braun, supongo— y también la única que se atrevió a llevarle la contraria y a desobedecerle.

Por eso, al terminar la guerra dijo: "Yo no puedo hablar mal de Hitler en el sentido de que a mí me trató bien. Era mi amigo. A mí me soportó todo. Luego me enteré de lo que había hecho en los campos de concentración... No sabía nada de eso".

La escritora rescata mujeres importantes de la historia en sus novelas.

La escritora rescata mujeres importantes de la historia en sus novelas. Raquel Sáez

¿Resulta creíble que estuviera al margen?

Muchos alemanes no sabían todo lo que pasaba... o bueno, quizá miraban para otro lado. También en el resto del mundo, porque mientras todo ese horror sucedía se hacían tratos con Hitler, etc.

Hay una cosa curiosa que lo demuestra, cuando Leni llega a Nueva York en noviembre de 1938 para promocionar Olimpiada, los titulares decían de ella: "Tan bonita como una cruz gamada". La llamaban "los ojos de Hitler".

A los cinco días de estar allí, estalló la llamada 'noche de los cristales rotos' —los ataques contra la población judía, quema de sinagogas, etc., en Berlín—, que supuso un antes y un después.

A partir de ahí, sí pasaron a referirse a ella como "la mirada del mal" y se boicoteó la película por parte de la liga antinazi de Hollywood, que era muy poderosa.

A nivel personal, ¿qué es lo que más te ha llamado la atención de Leni al investigarla a fondo?

Fue una mujer muy dura, que sufrió la cultura de la cancelación toda su vida tras la guerra, pero nunca dejó de moverse y murió con 101 años, casándose unas horas antes con su segundo marido, 40 años menor.

Era muy abierta sexualmente y tuvo muchas aventuras. En los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, el atleta estadounidense Glenn Morris, tras ganar la medalla de oro, bajó del podio delante de 110.000 personas y del palco de Hitler, le abrió la blusa a Leni y la besó en los pechos, porque eran amantes en secreto.

Por otra parte, dentro del Tercer Reich, Goebbels y Rudolf Hess se la tenían jurada por su cercanía con el Führer. El primero la odiaba, decía que si no fuera mujer la tiraría por las escaleras porque él quería controlar el cine.

Incluso inventó una campaña de difamación ordenando investigar si la abuela de Riefenstahl era judía, pero no pudo hacer nada porque Hitler la protegía.

Esa protección y cercanía al poder le dio una libertad absoluta. Por ejemplo, ella siguió contratando a profesionales, guionistas y cámaras judíos cuando las leyes de Núremberg ya lo prohibían.

¿Tenía poder real?

Se aprovechó de esa relación para conseguir todo el dinero y los medios del mundo para hacer sus películas. Hitler llegó a darle cinco millones de marcos para rodar su última película, Tierra baja.

Albert Speer, ministro de Armamento y Producción de Guerra, se quejaba de que necesitaban ese dinero para balas y tanques, pero él priorizaba a Leni porque sabía que el cine era el arma de propaganda más poderosa para influir y manipular a las nuevas generaciones.

De hecho, de las más de 65.000 escuelas que había en Alemania, 40.000 tenían cine y en todas se proyectaban las películas de Riefenstahl.

Con respecto a su legado técnico, ¿cuál es su verdadera importancia en la historia del cine?

Su técnica cinematográfica es indiscutible. Cuando falleció en 2003, la incluyeron en el In Memoriam de los Oscar.

Hubo protestas de la liga antinazi, pero Elton John salió en su defensa diciendo que la industria debía ser coherente porque utilizaban a diario la vanguardia audiovisual que ella creó.

Leni se obsesionó con el movimiento: fue la primera en poner patines a los operadores de cámara, en cavar zanjas en el estadio de los Juegos Olímpicos para filmar los saltos desde abajo, en usar cámaras acuáticas para las pruebas de trampolín y en utilizar planos cenitales y travellings.

George Lucas reconoció que copió la escena de la asamblea de Star Wars de las películas de Riefenstahl. El director de El Rey León admitió también que el desfile de las hienas es un calco exacto del de las SS en El triunfo de la voluntad.

Incluso las retransmisiones actuales de los Juegos Olímpicos y el protocolo del encendido de la llama olímpica son un invento de la directora.

Reyes, en tu trayectoria abundan las novelas protagonizadas por mujeres con cosas que contar y denunciar, como Un burka por amor. De hecho, se cumplen casi 20 años de su publicación y sigue reeditándose y traduciéndose a diferentes idiomas.

Sí, acabamos de sacar la edición número 75 y hace un mes me llegó la versión en albanés. Han pasado dos décadas y la historia demuestra ser cíclica. Eso que dicen de que hay que conocerla para no repetirla no funciona; lo hacen una y otra vez.

Cuando saqué la novela, en 2007, los talibanes ya no estaban en Kabul, pero la trama de la protagonista ocurrió cuando sí mandaban allí.

Y fíjate, casi veinte años después, estos tíos han vuelto a entrar en la ciudad de la misma manera que Hitler entró en Austria: sin un único disparo, anexionándose el territorio, y nadie ha dicho nada. Los norteamericanos se fueron, los rusos ya se habían marchado y la comunidad internacional no entró a actuar.

Estamos en lo mismo: las mujeres otra vez con el sudario de tela y a nadie le importa.

Y en medio de todo esto, en Occidente debatiendo sobre su normalización o legalización. ¿Lo entiendes?

El burka y el niqab ni es política ni es religión, sino la mayor humillación para una mujer. No podemos normalizarlo. Quienes dicen que es una elección o que pertenece a la libertad individual son unos ignorantes.

¡Deberían ser mujeres durante un mes en Afganistán y luego venir a hablarme de eso!

Yo me puse un burka en Madrid cuando escribí la novela porque, lógicamente, necesitaba sentir lo que sentía la protagonista, y no tengo palabras. Es una cárcel de tela, es como si te metieran en un saco, un secuestro.

Además, tiene consecuencias físicas brutales para la salud: las mujeres van arrastrando el tejido por la calle, eso genera polvo y se lo van tragando al andar.

Cuando oigo que hay que respetar la cultura del burka, me parece brutal juntar las palabras cultura y muerte en una misma frase.

El título del libro, Un burka por amor, es polémico porque puede dar a entender que es algo idealizado, pero en la novela el marido la obliga a usarlo porque si no la matan.

La autora, en un momento de la entrevista.

La autora, en un momento de la entrevista. Raquel Sáez

Terminamos con una curiosidad, ¿cómo es tu método de trabajo y tu proceso de escritura diaria?

Soy muy germana y metódica para eso. Cuando me pongo a escribir, ya sé perfectamente cómo va a empezar y cómo va a terminar el libro; tengo estructurada cada parte.

Nunca he tenido un bloqueo literario. Creo que me ayuda haber estado casi 20 años en la radio haciendo guiones diarios a contrarreloj.

Al revés, mi problema es tener que cortar para que las novelas no me queden de 900 páginas.

Disfruto muchísimo del proceso de documentación y lo hago personalmente, no contrato a equipos. Me gusta bucear en archivos, fotografías y libros porque busco los pequeños detalles que a otros les parecen insignificantes, pero que a mí me sirven para perfilar al personaje.

Cuando estoy en fase de escritura soy muy disciplinada y escribo todos los días, incluidos sábados y domingos. Si rompo la rutina de trabajo me cuesta mucho recuperarla.

Se me quedó grabado algo que me contó Almudena Grandes en una entrevista en la radio: que cuando estaba escribiendo, daban las 12 de la noche en una cena con amigos y se marchaba a casa porque al día siguiente tenía que seguir escribiendo, fuera sábado o domingo. Yo aplico lo mismo.