La actriz, en un posado para Magas.

La actriz, en un posado para Magas. Esteban Palazuelos

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Nadia de Santiago: "A los actores nos ven como grandes enciclopedias que tienen que opinar de todo"

La actriz acaba de estrenar Umbra Dei, una ficción sonora ambientada en el reinado de Fernando VII, con la Inquisición de telón de fondo.

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Su rostro es un imprescindible en la televisión y el cine de nuestro país: Las chicas del cable, Manual para señoritas, Musarañas, Las 13 rosas... ahora su voz se impone como protagonista detrás de un micrófono en un estudio de grabación. Nadia de Santiago acaba de estrenar la ficción sonora Umbra Dei en Audible.

Un formato que no es nuevo para ella y que abre infinitas posibilidades a los actores y actrices. No confundir con el doblaje: son series narradas por intérpretes que se escuchan a través de la citada plataforma.

Nos hace en cierto modo viajar en el tiempo hacia esas radionovelas de los años 50 que mantenían a la población pegada a las ondas.

Ahora, los medios técnicos son mucho más importantes, la producción muy cuidada y, además, supone una nueva oportunidad para abrir el espectro laboral de los intérpretes.

Esta madrileña de 36 años lo sabe y se muestra entusiasmada con su segunda incursión en este universo.

Cartel de 'Umbra Dei', protagonizada por Daniel Grao y Nadia de Santiago en Audible.

Cartel de 'Umbra Dei', protagonizada por Daniel Grao y Nadia de Santiago en Audible.

Se trata de un thriller sobrenatural de investigación en la España de Fernando VII que comienza con un párroco de un remoto pueblo de Asturias que aparece brutalmente mutilado.

Los vecinos no tienen dudas: es obra de brujas. La Inquisición inicia una investigación marcada por la superstición, donde los intereses políticos prevalecen sobre la verdad. Nadia interpreta a la joven condesa de Redes, hija de una cocinera en Gijón que fue comprada por el conde cuando ella tenía 21 años y él 63.

Un papel complejo que ella desgrana a lo largo de esta entrevista, además de hacer un recorrido por la situación actual del cine, la importancia de la salud mental y de que haya más presencia de mujeres como directoras.

También muestra su faceta más espiritual: la meditación forma parte de su vida, con talleres dirigidos a actores.

Vuelves a la ficción sonora, un formato relativamente nuevo que está funcionando bastante bien. ¿Qué cosas has descubierto a nivel interpretativo en él?

Sólo trabajas con el instrumento de la voz, pero tampoco te puedes olvidar del cuerpo porque entonces la emoción no se plasma igual y la interpretación no llega al oyente de la misma manera. En esta ocasión, creo que todos lo hemos vivido de una forma muy similar a como rodamos normalmente en el medio audiovisual.

Estábamos todos metidos juntos en la pecera, algo que no es habitual. Gracias a eso, la energía la hemos sentido de forma directa. Ha sido chulísimo de grabar de esta manera.

Imagino que tendréis que recurrir a vuestros propios trucos mentales para poneros en situación. En un rodaje tradicional el escenario, la ropa y la caracterización son un añadido que ayuda. Aquí el trabajo mental debe de ser un poco más complicado para meterte en el papel...

Es verdad que te olvidas más de la imagen real, así que te la tienes que imaginar por completo: cómo es el entorno, cómo vestiría ella... Pero esa ambientación yo ya la tenía muy clara, porque el guion estaba muy bien escrito, así que ha sido muy fácil.

Además, a mí personalmente me encanta el contexto histórico en el que se sitúa: la Inquisición y el reinado de Fernando VII. La trama mezcla una historia de brujas, suspense, thriller y un amor apasionado y prohibido.

Tu personaje, Blanca, sufre todas las imposiciones de la época para las mujeres, siendo obligada a casarse con un señor muchísimo mayor. ¿Cuál es tu visión personal de ella y de los retos que enfrenta?

Viene de una familia humilde y aunque se casa un poco obligada, la relación que se establece entre ellos es muy bonita, fraternal y muy paternal. Él es mucho mayor que ella, pero no es una relación fea para nada, aunque haya sido por conveniencia o exista esa diferencia de edad.

A mí me gusta mucho Blanca porque posee esa nobleza, pero también tiene una parte oscura, misteriosa y con un punto brujilla. Es un personaje con luces y sombras, y esto me agrada mucho porque la hace más compleja y la dota de muchas aristas que sorprenden.

La actriz tiene muchos proyectos en mente, entre ellos el estreno de una nueva película.

La actriz tiene muchos proyectos en mente, entre ellos el estreno de una nueva película. Esteban Palazuelos

Es interesante porque da la impresión de que no se queda en el papel de sumisa que, por razones obvias, tuvieron muchas mujeres de la época. ¿Le da una vuelta de tuerca a ese rol?

Pese a estar encuadrada dentro de ese contexto histórico tan rígido, es un personaje muy contemporáneo porque ella misma maneja sus propios hilos. Es muy aventurera y valiente. Luego, junto con el personaje de Juan (Daniel Grao), emprenden los dos una gran historia a todos los niveles que pone encima de la mesa el debate entre la superstición, la brujería y lo científico.

¿Y tú eres supersticiosa a la hora de elegir tus papeles, en tus rutinas de trabajo o en tu vida normal?

Quizá cuando era un poco más joven sí. Ahora, lo que me gusta mucho es el ritual. Me encanta porque creo que a veces hace que las cosas tengan sentido, es una forma de poner atención a los detalles para que adquieran significado.

No vivo metida en un ritual constante porque, como en todo, me gusta buscar el equilibrio, pero sí creo en prestarle atención a esas cosas que siempre han estado ahí y que hemos ido perdiendo. El ritual nos ordena internamente y nos hace poner el foco en el sentido de hacia dónde vamos.

Aparte de actriz, trabajas en otras facetas como productora y guionista. ¿Esta diversificación responde a una vocación personal por investigar o nace de la necesidad de crear tus propios proyectos para contar exactamente lo que tú quieres?

Creo que tiene un poco de todo. A mí todo lo que sea crear en equipo me gusta mucho y narrar cosas me encanta, así que empiezas por el deseo de estar en otro lugar de la producción y ayudar a contar relatos desde otra perspectiva.

Los actores hacemos un gran trabajo de entrega a la hora de ayudar a alguien a contar su historia, pero cuando el proyecto es propio ya es como la defensa de un hijo, algo que está muy integrado en ti.

Me gusta mucho porque me sube el nivel de creencia en lo que hago. Quiero hacer proyectos que te ayuden a reflexionar, que te puedan sanar o que te ayuden a mirar el mundo de otra manera.

He leído que cuando tenías diez años pediste una cámara de vídeo. ¿Te planteas dar ese salto a la dirección en el futuro?

De niña me veía dirigiendo, sí, y ahora también me lo planteo. Me da respeto, claro que sí, pero siempre pienso que este es un trabajo en equipo. Para mí la verdadera obra de arte reside en cómo un grupo de 60 personas se pone de acuerdo y rema en la misma dirección para sostener y contar algo en lo que crees de verdad.

Sostener eso, verte el careto durante cuatro meses de trabajo continuo y encontrar lo mejor de cada persona para aguantar y sacar adelante el proyecto por el que te han contratado es lo importante. Si me reúno con un gran equipo que sea amoroso, fuerte y que me sirva de sostén, me lanzo ahí sin paracaídas.

Sola no vas a ningún lugar, hacen falta grandes grupos. En la interpretación lo noto muchísimo. Pasas muchas horas currando con cosas muy sensibles, te estás abriendo constantemente y tienes que saber abrir y cerrar emocionalmente para que no te influya negativamente. Estar rodeada de un buen entorno es el lugar donde caer. Los actores nos necesitamos mutuamente y estamos muy expuestos, somos personas vulnerables.

Todos los seres humanos lo son, pero nosotros jugamos conscientemente a quitarnos capas con esa fragilidad. El equipo es el sostén que necesitas para poder volar.

La parte espiritual y la meditación están muy presentes en ti. ¿Es un ejercicio necesario para cuidar la salud mental y el bienestar interior en una profesión inestable como la vuestra?

Al final, creo que he profundizado en ello porque lo he necesitado personalmente. Todos precisamos parar un momento, respirar y ser capaces de caer en ese vacío sin que nos invada el miedo. Es una disciplina que practico activamente porque me ha hecho falta para poder desconectar la cabeza, soltar, dormir bien y comer bien.

Consiste en estar conectada a las cosas más básicas del animal que somos. Vivimos en un mundo que a veces va tan rápido y nos llena la cabeza con tanta información, que resulta necesario atreverse a parar y no sentirse culpable cuando pasas un día entero contemplativo; hay que hacerlo sin miedo. De esos momentos de parón surgen verdaderos manantiales de cosas y se aclaran los focos de hacia dónde quieres ir.

¿Dirías que llegar a este nivel de estabilidad interior te ha cambiado como actriz a la hora de trabajar?

Muchísimo. Lo he necesitado porque antes absorbía demasiado de todo lo que me rodeaba y me iba a casa con mucha carga encima. Esto me ha enseñado a separar mi propio yo del entorno, a saber cuándo abrir y cuándo cerrar.

Al interpretar tienes que permanecer obligatoriamente en el presente. Cuanto más estás ahí, mejor escuchas al otro actor y sabes recibir lo que te da. La interpretación es una danza: tú me das algo, yo lo transformo usando los cimientos que hemos puesto para construir el personaje, y te lo vuelvo a lanzar.

El compañero representa más del 50% de mi propio trabajo. Si estás atenta y presente con él, pasan cosas muy mágicas en la escena. Lo maravilloso es que la vida es un gran papel, así que todo esto sirve para mejorar y para estar mejor en el mundo.

Requiere mucho trabajo porque cada uno traemos nuestra propia historia detrás y ha habido que colocar bastantes cosas, como quien tiene que poner los muebles del salón, porque no es un proceso fácil.

Siempre se habla de polémicas en torno a las subvenciones, las taquillas o las comparaciones entre películas como ha pasado recientemente con la de Santiago Segura. ¿Por qué crees que hay tanto ruido y cómo ves el momento presente con la llegada de las plataformas?

Tiendo a ser muy positiva. Creo que la aparición de las aplicaciones de streaming es algo muy positivo, ya que permite que tu trabajo se pueda ver en muchísimas naciones distintas y actualmente hay bastante volumen de producción. A mí me encantaría que el arte sirviera fundamentalmente para sanar de alguna manera o para hacerte ver la vida desde otra perspectiva, eso ya sería genial.

No sé si este tiene que estar mezclado con la política o con cómo nos relacionamos en esos ámbitos comunes, aunque soy realista y sé que vivimos así y que las cosas se mezclan. Pero me gustaría que existiera una mirada mucho más amplia de lo que significa todo esto.

A veces existe la exigencia social de que los artistas y los actores tengamos que opinar absolutamente de todo, como si estuviéramos obligados a manifestar una postura pública sobre cualquier tema. Nos ven como si fuéramos grandes enciclopedias comprometidas con todo, pero no es verdad. Somos personas normales, como el resto del mundo.

De muchos asuntos no tengo una opinión, y no pasa nada. Mi trabajo es interpretar.

La actriz combina la interpretación con talleres de meditación.

La actriz combina la interpretación con talleres de meditación. Esteban Palazuelos

Si tuvieras que pensar en un equivalente actual, ¿cuál dirías que es la Inquisición del siglo XXI en nuestra sociedad?

Pensando en algo genérico, creo que el teléfono móvil representa una tiranía y se puede ver de este modo si no se utiliza bien. Hay que mirarlo seriamente, porque funciona como una adicción, igual que el tabaco.

Además de esta ficción sonora que se acaba de estrenar, ¿qué otros proyectos tienes en mente?

Hay cosas por ahí pasando, se están moviendo proyectos pero no se puede adelantar demasiado sobre ellos. Las ideas son como un bebé y hay que mantenerlas en la intimidad y con cuidado. Lo que sí te puedo contar es una película que rodé el año pasado y que se titula El retorno de Júpiter. Es la ópera prima de Maggie Civantos. Yo la amo mucho, es como mi hermana.

Si todo marcha según lo previsto, se estrenará durante el último trimestre de este año. Es un film muy guay que hemos rodado con muchísimo amor y con un equipo increíble.

Un título capitaneado por una mujer es una gran noticia. ¿Cómo valoras la evolución de la brecha de género en la dirección de cine?

Es algo muy importante. Si analizo mi propia trayectoria con datos objetivos, en 26 años de carrera profesional sólo me han dirigido tres o cuatro mujeres. Me parece un canteo tremendo cuando lo miras así, fríamente, con los datos en la mano.

Es evidente que los proyectos dirigidos por ellas siguen siendo muchos menos y continúan estando en minoría en las nominaciones y en los premios; la brecha de género está ahí perfectamente medible.

Sin embargo, soy optimista porque siento que la situación está cambiando y que ahora mismo hay más directoras en activo. La tendencia va para arriba y tenemos esperanza en que siga evolucionando positivamente.