Retrato de la comunicadora estadounidense radicada en París.

Retrato de la comunicadora estadounidense radicada en París. Sara Terol Rico

Protagonistas

Dana Thomas, periodista de moda: "El consumidor de clase media ha quedado ignorado por la industria actual"

La experta y autora de Fashionopolis analiza un sector en cambio, marcado por desequilibrios pero también por nuevas formas de entender el éxito.

Más información: España impulsa el renacer de la moda de autor mientras la UE pone coto al 'efecto Shein': "Nuestro modelo es pionero"

Alejandra Caro
Publicada

Antes incluso de sentarse, se fija en el vestido. "Es precioso", comenta casi en automático. No es un gesto superficial, sino casi un reflejo profesional. Después de décadas observando la moda desde dentro, la periodista y autora especializada Dana Thomas sigue mirándola con curiosidad, no con cinismo.

Nos encontramos en Barcelona, en el contexto del European Designer Fashion Summit, impulsado por la Fundación Academia de la Moda Española. Un encuentro que, más que celebrar el sector, intenta entenderlo: ordenar un sistema que lleva años expandiéndose sin una narrativa común.

Thomas encaja ahí con precisión quirúrgica. Desde Deluxe: cómo el lujo perdió su brillo hasta Fashionopolis, ha construido una de las miradas más lúcidas —y menos complacientes— sobre el textil. Habla sin dramatismo, pero con claridad. Cuando se le pregunta dónde está hoy la industria, no duda: "Fragmentada".

La palabra queda flotando, como si resumiera años de transformaciones acumuladas. En realidad, no es una sorpresa. Ya en Deluxe planteaba dos caminos posibles: por un lado, grandes grupos cada vez más grandes; por otro, diseñadores que no querían formar parte de ese sistema.

Una industria fragmentada

Hoy, ambos mundos coexisten sin integrarse del todo. Por un lado, los gigantes del lujo, cuya escala ha dejado de tener referencias. "Recuerdo cuando superar los mil millones parecía enorme", comenta con una media sonrisa. "No era nada. Era sólo el principio".

Por otro, un ecosistema cada vez más visible de marcas independientes que operan bajo otras reglas: menos obsesión por el volumen, más control creativo, más identidad. Diseñadores que, simplemente, no quieren construir imperios.

Y entre ambos extremos, casi como un tercer actor que nadie había previsto con esta intensidad, se ha consolidado la moda ultrarrápida. Empresas que no existían cuando escribió Fashionopolis y que hoy dominan el mercado global.

Dana Thomas en su entrevista para Magas.

Dana Thomas en su entrevista para Magas. Sara Terol Rico

El resultado no es un sistema. Es una superposición de modelos. Y en ella hay un vacío particularmente revelador: el del mercado medio. "El consumidor de clase media ha quedado ignorado", afirma.

La explicación no es estética, sino económica. Tras la crisis de 2008, la industria se reorganizó: el lujo se concentró en los clientes más ricos; la moda rápida capturó volumen a través del precio. Entre ambos, el espacio intermedio se vació.

Ese espacio —el de las marcas que ofrecían diseño y calidad en una franja intermedia— se ha ido evaporando. "No hay muchas propuestas entre 200 y 1.000", señala. Tampoco sobreviven, en su mayoría, aquellas líneas de entrada al lujo que durante años funcionaron como puente.

Y, sin embargo, la demanda sigue ahí, latente. "De vez en cuando, alguna marca intenta ocupar ese territorio con inteligencia: producto cuidado, precio razonable. Pero son excepciones, no una reconstrucción del sistema", matiza.

Nuevos modelos, nuevos retos

La conversación, casi inevitablemente, se desplaza hacia una pregunta fundamental: qué significa hoy tener éxito. Durante décadas, la industria ha operado bajo una lógica aparentemente incuestionable: crecer, escalar, dominar. Pero ¿y si triunfar no fuera eso?

"Si son felices… eso es", dice. La respuesta es sencilla, pero tiene algo radical. Habla de empresas rentables que no necesitan convertirse en gigantes, de equipos estables, de diseñadores que reconocen su trabajo en la calle. "Antes eso bastaba", comenta. No hay nostalgia en su tono, sino una constatación: el modelo dominante no es el único posible, aunque sea el más visible.

Cuando aparece la sostenibilidad, la entrevista cambia de textura. No porque el tema sea nuevo, sino porque está cargado de expectativas que rara vez se cumplen. Para Thomas, no es una tendencia, sino algo personal, biográfico. "Siempre ha sido parte de mi vida", cuenta.

En cualquier caso, trasladar esa lógica a la moda es otra cosa. "Hay gente trabajando en ello, pero es un trabajo imposible dentro de estructuras tan complejas como los grandes grupos", reflexiona durante su entrevista con Magas.

No niega los avances, pero tampoco los sobreestima. La sostenibilidad, tal como está planteada hoy, convive con modelos de crecimiento que la tensionan constantemente. Por eso sitúa el cambio en otro lugar, en la nueva generación: "Los estudiantes ya lo tienen integrado".

El triunfo responsable sabe mejor

No como narrativa, sino como base. Y cuando esa generación acceda a posiciones de poder, el sistema empezará a moverse. Poco a poco. Sin rupturas espectaculares. Porque, en el fondo, la cuestión es otra: ¿puede una industria basada en el crecimiento constante ser sostenible?

"Tiene que haber un límite", subraya Thomas al respecto. No habla de ideología, sino de realidad. Y no cree que ese freno llegue por voluntad propia. "Lo que lo va a forzar es la legislación", recalca.

"Esta, más que la conciencia, será la palanca real de cambio. Ya empieza a serlo. Medidas como la prohibición de destruir stock no vendido están modificando comportamientos que durante años se consideraban normales", añade.

El trabajo de Thomas en torno a la moda la ha situado como una referencia mundial en el sector.

El trabajo de Thomas en torno a la moda la ha situado como una referencia mundial en el sector. Sara Terol Rico

Cuando abordamos la moda rápida, su diagnóstico vuelve a ser preciso. El problema no es sólo la velocidad, sino la combinación de esta con la escala. La rapidez, en origen, era eficiencia: producir poco, testar, ajustar. Pero llevada al extremo y, sobre todo, multiplicada por volúmenes masivos, genera exactamente lo contrario: exceso.

"La agilidad se pierde cuando eres demasiado grande", reflexiona. Es la misma paradoja que atraviesa toda la industria.

En la recta final, la conversación se reduce a una cuestión esencial: la responsabilidad. Durante años, el debate ha oscilado entre culpar al consumidor o a las marcas. Thomas no duda: "Las empresas son las que deciden materiales, procesos, precios. Las que construyen —o no— alternativas".

Ante todo, dice, "es una cuestión de voluntad y de prioridades". Y, en última instancia, todo se resume en una pregunta que suena más a dilema moral que empresarial: ¿estás en el negocio de crear belleza o en el de ganar dinero?

Salgo de la entrevista con la sensación de haber trazado un mapa más que una conclusión. Este es un sector fragmentado, sí, pero también abierto. Donde conviven modelos que responden a lógicas distintas y donde, dentro de esa fractura, empiezan a aparecer otras formas de construir, de crecer —o de no hacerlo— y de definir el éxito.