Sonia Bermúdez, seleccionadora de España, observa el partido de la fase de grupos de la Liga 1, correspondiente a la fase de clasificación europea femenina para la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2027, el pasado 3 de marzo.

Sonia Bermúdez, seleccionadora de España, observa el partido de la fase de grupos de la Liga 1, correspondiente a la fase de clasificación europea femenina para la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2027, el pasado 3 de marzo. Europa Press

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La FIFA da un golpe en la mesa y exige más entrenadoras en sus banquillos: sólo hay un 22% de técnicas en ligas femeninas

Esta exigencia comenzará a aplicarse a partir de la edición de este año de la Copa Mundial Femenina Sub-20, que tendrá lugar en septiembre en Polonia.

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Este mes, el Consejo de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) ha dado un paso al frente en la senda hacia una mayor visibilidad de las mujeres en el sector. Reunido en Zúrich, ha aprobado un reglamento que exige, en todas las competiciones femeninas asociadas a la entidad, que los equipos aumenten su presencia en cuerpos técnicos y de liderazgo.

En concreto, a partir de este año cada club estará obligado a contar con al menos una entrenadora principal o asistente, una integrante del personal médico y dos mujeres entre los oficiales del banquillo. La norma arrancará en el Mundial Sub-20 femenino de Polonia de septiembre, se extenderá a las competiciones de clubes y selecciones de la FIFA y llegará a Brasil 2027.

Es una medida inédita en la historia del deporte organizado a escala global y los números explican por qué ha hecho falta: en el fútbol en general, sólo el 5% de los técnicos registrados en el mundo son mujeres; en las ligas femeninas específicamente, el informe Setting the Pace cifra ese porcentaje en el 22% de los entrenadores principales.

En el último Mundial Femenino de 2023, 12 de las 32 selecciones tenían entrenadora: el 37,5% en el torneo más importante de su género del planeta. Son esos números los que han llevado a Jill Ellis, directora de fútbol de la FIFA, a resumir con estas palabras cuál es la prioridad actual.

"Hoy en día no hay suficientes mujeres en cuerpos técnicos. Debemos hacer más para acelerar el cambio creando vías más claras, ampliando oportunidades y aumentando su visibilidad", reconoció en declaraciones recogidas por EFE al darse a conocer la decisión de la organización.

Irene Ferreras, entrenadora del Valencia F, en una imagen de archivo.

Irene Ferreras, entrenadora del Valencia F, en una imagen de archivo. Europa Press

Su falta de visibilidad contrasta con el crecimiento imparable del sector. Según el informe Football Money League 2026 de Deloitte, los ingresos acumulados generados por los 15 clubes femeninos con mayores beneficios alcanzaron los 158 millones de euros en la temporada 2024-25, un 35% más que en la anterior.

En concreto, el FC Barcelona Femení, con 22 millones de ingresos anuales, es el tercero más rico de Europa. Por otro lado, cabe destacar que la Liga F cerró el curso con 6,7 millones de espectadores frente al televisor, un 90% más que en el previo.

De algún modo, esta realidad —negocio fructífero, falta de diversidad— recuerda a la del deporte universitario estadounidense. Cuando la ley Title IX de 1972 impulsó el acceso masivo de las mujeres al entrenamiento en los centros del país, el 90% de los equipos femeninos estaban capitaneados por ellas. 50 años después, ese porcentaje ha caído al 40%.

La explicación podría estar en que cuando estos programas dejaron de ser cargos marginales y se convirtieron en puestos con salario, estatus y visibilidad, los hombres también empezaron a competir por ellos. Y los obtuvieron. Así, muy a menudo se ve a entrenadores en equipos de mujeres, pero lo contrario sigue siendo menos habitual.

La Eurocopa como demostración

En julio de 2025, Suiza acogió una Eurocopa Femenina que fue, entre otras cosas, un experimento sobre lo que ocurre cuando las mujeres tienen acceso real a los banquillos. Sólo siete de las 16 selecciones llegaron al torneo con una entrenadora al frente: el 43,75% del total, la cuota más alta de la historia de la competición.

De ellas —Montse Tomé con España; Sarina Wiegman, Inglaterra; Pia Sundhage, Suiza; Gemma Grainger, Noruega; Elísabet Gunnarsdóttir, Bélgica; Rhian Wilkinson, Gales y Nina Patalon, Polonia—, cuatro llegaron a cuartos de final. Wiegman ganó su tercer título europeo consecutivo y la FIFA la reconoció por quinta vez como la mejor entrenadora del mundo.

Desde 1997, las mujeres han ganado ocho de las últimas ediciones de la Eurocopa.

Por otro lado, en lo que al Mundial femenino respecta, desde su creación en 1991 se han disputado nueve ediciones y ocho seleccionadores han levantado la Copa: ellos, cinco —Anson Dorrance, Even Pellerud, Tony DiCicco, Norio Sasaki y Jorge Vilda— y ellas, tres —Tina Theune, Silvia Neid y Jill Ellis, que suma dos títulos con Estados Unidos—.

En 2023, las jugadoras españolas volvieron como heroínas nacionales, Putellas y Bonmatí se convirtieron en las futbolistas más reconocibles del país, y su Roja empezó a batir récords de audiencia: la final tuvo aquí una media de 5,5 millones de espectadores y una cuota de pantalla del 65,7%, la más alta de la historia nacional para un partido así.

Aquella selección estaba dirigida por Montse Tomé, la primera mujer en ocupar el cargo de seleccionadora absoluta. En agosto de 2025, Sonia Bermúdez, exjugadora y figura histórica del futfem español, la sucedió en el puesto. Señales de progreso real en la cúspide. Uno que, sin embargo, aún no ha permeado a la base.

El escenario en España

La temporada 2025-2026 de la Liga F arrancó con cuatro entrenadoras. Dos fueron destituidas antes del cierre de curso: Emily Lima, en el Levante, y Ana Junyent, en el Badalona. Quedaron Irene Ferreras, en el Granada CF, y Sara Monforte, en el RCD Espanyol. Dos mujeres en 16 equipos en la primera liga femenina profesional de un país que es campeón del mundo.

Sara Monforte, entrenadora del RCD Espanyol, reacciona durante el partido de la Liga F femenina española entre el Atlético de Madrid y el RCD Espanyol en el estadio Centro Deportivo Wanda Alcalá de Henares el 16 de marzo de 2025, en Alcalá de Henares, Madrid.

Sara Monforte, entrenadora del RCD Espanyol, reacciona durante el partido de la Liga F femenina española entre el Atlético de Madrid y el RCD Espanyol en el estadio Centro Deportivo Wanda Alcalá de Henares el 16 de marzo de 2025, en Alcalá de Henares, Madrid. Europa Press

Llama la atención el contraste con las cifras de participación. En 2014 había 44.000 jugadoras federadas en España. En 2024, según los datos del Consejo Superior de Deportes (CSD), el número ascendió a las 107.853 licencias, superando por primera vez la barrera de las seis cifras. La cifra se ha más que duplicado bajo el césped; en el banquillo, aún no.

La medida de la FIFA ha generado reacciones diversas en España. Beatriz Álvarez, presidenta de la Liga F, la valora positivamente: "Siempre he defendido que las mujeres deben tener acceso real a todos los estamentos del ecosistema futbolístico: banquillos, direcciones deportivas, estructuras ejecutivas y órganos de decisión".

La razón, sencillamente a su juicio, es que "son espacios legítimos que también nos pertenecen". Sin embargo, la dirigente es tajante al afirmar que la cuestión de la igualdad no es sectorial sino transversal: esta, dice, "no puede ser una responsabilidad exclusiva del futfem femenino; creo que medidas como esta deben ir acompañadas de una reflexión más profunda".

La verdadera paridad, prosigue, "llegará cuando veamos más mujeres formando parte de cuerpos técnicos en el fútbol masculino también, en clubes y selecciones. Si no, corremos el riesgo de que el deporte de ellas se convierta en el único espacio donde se exige la igualdad, mientras que el de ellos, que concentra mayor poder y recursos, queda al margen de cambios".

La RFEF, ya en camino

En España, la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) reivindica que ese camino lleva tiempo recorriéndose: "La de la FIFA es una medida con la que estamos familiarizados y que instauramos porque creemos que la presencia femenina en los banquillos es necesaria. En el caso de la selección femenina absoluta hay más mujeres que hombres".

Sonia Bermúdez, seleccionadora de España, es alzada por sus jugadoras tras la victoria en el partido de vuelta de la final de la Liga de Naciones Femenina de la UEFA 2025 entre España y Alemania, disputado en el estadio Riyadh Air Metropolitano el 2 de diciembre de 2025 en Madrid.

Sonia Bermúdez, seleccionadora de España, es alzada por sus jugadoras tras la victoria en el partido de vuelta de la final de la Liga de Naciones Femenina de la UEFA 2025 entre España y Alemania, disputado en el estadio Riyadh Air Metropolitano el 2 de diciembre de 2025 en Madrid. Europa Press

La primera y segunda seleccionadora, Sonia Bermúdez e Iraia Iturregi respectivamente, lo son. Igualmente, destacan nombres como el de la preparadora física Blanca Romero, la delegada Isabel Navas, la nutricionista Noelia Rodrigo o la fisioterapeuta Raquel Urbano, entre otras profesionales del cuerpo médico.

El trabajo llega también a las categorías inferiores: Mila Martínez dirige la selección Sub-17 y Nati Gutiérrez las Sub-15 y Sub-16. Y en la selección absoluta masculina de Luis de la Fuente también aparecen Nuria Martínez como delegada, Paloma Antoranz en el departamento de prensa y Toscana Viar y Antonia Lizárraga como nutricionistas.

Además destaca la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad dentro de la estructura federativa y señalan, entre otros, el papel de María Pry, que actúa como coordinadora de todas las categorías femeninas y es una figura "trascendental", aseguran, dentro del organigrama de la federación.

En conjunto, desde la RFEF defienden que la presencia de estas profesionales en los equipos técnicos y en la dirección no responde a una nueva tendencia, sino a una convicción institucional. La prioridad para la federación es continuar consolidando la igualdad y visibilizar el talento de las profesionales en el deporte.

Fuera de España, desde la sede de la FIFA en Suiza, su presidente Gianni Infantino quiere que ese impulso no se detenga. Tras años presumiendo del boom deportivo y comercial del fútbol femenino, ha reconocido recientemente que "por supuesto, necesitamos más mujeres en puestos de responsabilidad".

El nuevo reglamento se inscribe precisamente en esa línea: forma parte de una estrategia más amplia que combina expansión de torneos, aumento de premios y programas específicos de desarrollo para que el crecimiento del futfem bajo su mandato no se quede sólo en cifras de audiencia o ingresos, sino que se traduzca también en quién ocupa los asientos.

Con la cuenta atrás ya en marcha hacia el próximo Mundial de Sub-20 en septiembre, la incógnita es si ese impulso desde Zúrich bastará para que el mapa del poder técnico cambie al mismo ritmo que lo ha hecho el juego sobre el césped.