Retrato de la actriz.

Retrato de la actriz. Esteban Palazuelos

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Clara Lago: "En el mundo sobra gilipollismo y faltan mujeres al frente de gobiernos. Igual así tendríamos menos conflictos"

La actriz atiende a Magas con motivo del lanzamiento de la segunda temporada de Clanes, la exitosa serie de Netflix que vuelve el 3 de abril.

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De niña, estaba convencida de que cuando su padre se despedía de ella por las mañanas diciéndole "que se iba a la Luna", este emprendía un viaje, literalmente, hasta el satélite blanquecino. En realidad, así era como se llamaba la productora en la que trabajaba, pero ella tardaría un tiempo en descubrir que el oficio de su progenitor estaba muy cerca del futuro suyo.

Clara Lago (Torrelodones, 1990) lleva prácticamente toda una vida delante de la cámara. Nueve años tenía cuando participó en el rodaje de Terca vida (Fernando Huertas, 2000), aunque su verdadero gran debut llegó con El viaje de Carol (Imanol Uribe, 2002), que le valió una nominación al Goya a Mejor actriz revelación.

Desde entonces, la artista ha sido Ainhoa en El mal ajeno (Óskar Santos, 2010), Ginebra en Tengo ganas de ti (Fernando González Molina, 2012), Amaia en Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014) y otros tantos personajes que la han acompañado a lo largo de su carrera.

El último al que ha llegado es al de Ana, la abogada que en Clanes —serie a medio camino entre el thriller y el drama romántico creada y escrita por Jorge Guerricaechevarría para Netflixse enamora en el peor lugar posible: el corazón del narcotráfico gallego.

Tres años después de los hechos de la primera temporada, ella y Daniel (Tamar Novas) han intentado rehacer sus vidas, pero el pasado vuelve a tirar de ellos. Mientras él acepta embarcarse una última vez para ayudar a su padre, ella regresa a Cambados para colaborar con el clan enemigo de los Padín, aun sabiendo que ese paso puede dinamitar su relación.

Los nuevos episodios, que llegan el 3 de abril, prometen más traiciones y la incorporación de Luis Zahera como Paco 'El Curilla', dispuesto a desequilibrar el tablero en este pelotazo del gigante del streaming que llegó a ser la serie de habla no inglesa más vista en su semana de estreno, liderando el ranking en 28 países y llegando al top 10 en 82 territorios.

Clara Lago posa ante el objetivo.

Clara Lago posa ante el objetivo. Esteban Palazuelos

En 2024, Clanes se convirtió en un fenómeno viral. ¿Cómo gestionas, a nivel personal y creativo, la presión de enfrentarte a una nueva entrega cuando recaen sobre vosotros unas expectativas tan altas?

Intento no pensarlo porque esa presión corta alas a mi creatividad. Prefiero enfocarme con las mismas ganas y pasión, como en un acto de fe, pensando 'espero que les guste'. Cuando actúas con cariño y profesionalidad, hay más papeletas de que un proyecto funcione. Además, confío mucho en Vaca Films y en Netflix, que saben medir lo que interesa al público.

En esta nueva tanda de episodios, ¿cómo has vivido el rodaje y la evolución de Ana, la protagonista?

Ha sido maravilloso, porque es un equipo ya formado y volver a trabajar con los mismos compañeros es un gusto, aunque tenemos nuevas incorporaciones estelares. Con el equipo y la productora se han generado relaciones de afecto y un entorno muy favorable. Además, yo ya estaba hecha al personaje y al clima de la serie; eso siempre lo hace todo más fácil.

Un cambio importante ha sido el de la dirección: en la primera estuvo al frente Roger Gual y de esta se ha encargado Marc Vigil. Estaba encantada con el primero y me dio pena saber que no haría esta entrega, pero con Marc ha ido muy bien. Me parece increíble el trabajo que ha hecho: aportar algo nuevo sin perder la esencia de la trama es difícil y lo ha logrado.

Clanes se apoya en el narcotráfico gallego como telón de fondo, un tema profundamente ligado a la historia reciente de España. ¿Qué tipo de trabajo de documentación y preparación debe hacerse para abordar un contexto real tan delicado?

En la primera temporada nos dejamos asesorar mucho por quienes ya habían hecho un trabajo de campo previo, como el guionista Jorge Etxebarria y la productora Emma Lustres, que llevaban tiempo investigando y nos facilitaron entender ese mundo. Para la segunda entrega, eso ya estaba hecho.

Es interesante poder mirar a través de una mirilla un entorno tan alejado, con situaciones límite, delitos y peligros reales de vida o muerte; es difícil ponerse ahí solo con experiencias propias. También ayuda el imaginario colectivo de tanto cine y series que hemos visto. A mí me inspira revisitar Los Soprano, que tiene ese mundo del crimen visto desde lo costumbrista.

En Clanes, el narcotráfico es el telón de fondo, pero lo que engancha son las tramas emocionales y humanas: amor, lealtad, traición, motivaciones que todos hemos experimentado en mayor o menor medida y con las que nos sentimos identificados. Creo que ese es un sello distintivo del proyecto y una de las razones de su enorme acogida, no solamente en España.

Más allá de tu último trabajo, y hablando precisamente de ese imaginario colectivo de cine y ficción del que partimos todos, ¿te consideras una espectadora voraz?

Soy cinéfila y seriéfila, por supuesto. Desde muy pequeñita he tenido la suerte de que mis padres me inculcaran el amor por la pantalla: ir a alquilar películas en DVD era el evento familiar semanal, y también ir a ver películas con ellos. Consumía obras de todo tipo. Cuando mis amigas veían Pokémon, yo estaba con Indiana Jones y los hermanos Marx, y para mí eso era lo más.

El 3 de abril estrena la segunda temporada de 'Clanes' en Netflix.

El 3 de abril estrena la segunda temporada de 'Clanes' en Netflix. Esteban Palazuelos

Tu padre trabajaba en posproducción y tu madre en doblaje. ¿Sientes que crecer en un entorno que conoce bien la industria te dio una base más sólida, más protegida, para desarrollarte como actriz desde tan pequeña?

Curiosamente, creo que no fue tanto por eso, porque de pequeña no tenía mucha conciencia de que mis padres se hubieran dedicado al cine. Mi madre ya no se dedicaba al oficio y yo la veía siempre en casa. En el caso de mi padre, la verdad es que entonces ni siquiera entendía en qué consistía exactamente su trabajo [ríe].

Lo mío fue algo más intuitivo. Lo que sí creo es que, al conocer un poco ese mundo, quizá estaban más tranquilos a la hora de dejarme jugar a hacer pelis. Siempre he sido una niña responsable, no era de decir "no quiero ir más al cole, sólo voy a rodar". Ellos han sido un apoyo enorme en todos los niveles, pero con un mensaje muy claro.

Recuerdo que me decían: "Te dejamos hacer esto porque te encanta, pero tienes que seguir con tu vida, ir a baile los martes y jueves, a inglés, al cole, con tus amigas", que hoy siguen siendo las mismas. Su criterio, junto al de mi representante Antonio Rubial, que insistía en lo mismo, me dio mucha solidez y la tranquilidad de no tener que correr en mi carrera.

Has ido encadenando proyectos muy distintos a lo largo de los años: comedias, dramas, thrillers... ¿Cómo definirías la etapa en la que te encuentras ahora? ¿Es cierto que te atraería un futuro salto a la dirección o a otros roles detrás de la cámara?

Me interesa, aunque no sé si llegaré a hacerlo ni cuándo, pero desde hace unos años noto más ganas de tener voz sobre cosas que no son estrictamente de mi área, y eso lo identifico con tener una visión más general del proyecto. Cuando me llevo bien con quien dirige y me siento escuchada, soy feliz opinando; si no, me quedo en mi parcela.

He tenido la suerte de empezar tan pequeña que casi siempre he podido elegir, porque no tenía la urgencia de trabajar todo el rato. Antonio Rubial siempre decía que una carrera se construye más con los noes que con los síes, que es una carrera de fondo y no hay que tener prisa.

Como empecé sin necesidad económica, cuando me independicé ya llevaba tiempo trabajando y he podido seguir permitiéndome elegir, lo cual es un lujo en esta profesión. Mi criterio no suele ir por temática, género, ni por si es cine o serie: busco que me guste el guion, que haya algo que me apasione, tener la oportunidad de trabajar con cierto director o directora... que el proyecto me mueva algo por dentro.

Clara Lago atiende a Magas en el 'press day' organizado en Madrid.

Clara Lago atiende a Magas en el 'press day' organizado en Madrid. Esteban Palazuelos

Además de tu trabajo como actriz, te has involucrado en un pódcast, Melón imposible, que justo el 6 de marzo llegó a su final de temporada. ¿Qué papel ha jugado ese espacio en tu vida creativa? ¿Contemplas retomarlo cuando tu agenda lo permita?

Ahora estoy rodando una película, luego empiezo otra, quizá haya tercera temporada de Clanes o surja otra producción… Se iban a encadenar varios proyectos y se hacía muy difícil mantener la continuidad de grabación del programa. De momento lo hemos parado.

Como nos autoproducimos y lo hacemos porque nos apetece, si encontramos hueco para retomarlo, lo haremos, y si no, pues ya está.

En un escenario internacional tan complejo como el actual, si tuvieras que elegir un 'melón imposible' que creas urgente abrir este año, uno del que sientas que es imprescindible hablar, ¿cuál sería?

Me preocupan muchos, pero si tuviera que elegir uno sería el del poder de las mujeres. Suena tópico, pero creo que tenemos que empezar a tomar el poder en el mundo. Siento que, si hubiera más al frente de los gobiernos, quizá no estaríamos en el terrorífico lugar en el que nos encontramos ahora a tantos niveles: conflictos bélicos, capitalismo exacerbado…

Evidentemente hay hombres maravillosos y mujeres imbéciles, eso está claro. No soy socióloga ni politóloga y no manejo datos que avalen esta teoría. Es más una intuición, pero tengo la sensación de que hay un exceso de testosterona y de gilipollismo en muchos dirigentes y que, si hubiera más diversidad en el poder, a lo mejor las cosas serían de otra manera.

Retrato de Clara Lago.

Retrato de Clara Lago. Esteban Palazuelos

Al margen de tus proyectos creativos, también eres una ávida emprendedora. De hecho, no todo el mundo lo sabe, pero gestionas un restaurante muy especial en la calle de las Conchas, aquí en Madrid. ¿Por qué hay que ir a La Huerta Funky Castizo?

Como es mío, queda como "claro, qué va a decir", pero es que de verdad que se come riquísimo en él. Es un sitio donde todo el mundo es feliz: los veganos pueden comer de todo, porque es apto para ellos, pero no es sólo para ellos; los carnívoros también comen muy bien allí. Y las personas con intolerancias también tienen muchas opciones sin gluten.

Puede parecer una tontería, pero cuando tienes alguna restricción alimentaria, comer —que es un evento social y uno de los placeres de la vida— se puede convertir en un problema.

Muchas celebraciones o reencuentros se hacen en torno a una mesa, y es una pena cuando eso se complica porque tú acabas comiendo sólo una ensalada de tomate o porque el resto siente que tiene que comer vegano sin querer.

La filosofía de La Huerta nace de algo que vivimos en casa: mi chico no es vegano estricto, aunque en casa sí lo es, y nos costaba encontrar lugares donde los dos fuésemos igual de felices alimentándonos. Al final dijimos: "Vamos a tener que montar un restaurante juntos".

Te hiciste vegana, entre otras cosas, por tu preocupación medioambiental. ¿Cómo ha cambiado tu manera de ver el mundo y de consumir desde que tomaste esa decisión?

Lo hice después de ver el documental Cowspiracy en Netflix. Siempre recomiendo cuatro documentales que están allí: este, Seaspiracy, What the Health y The Game Changers. El primero hizo que mi cabeza explotase porque hablaba de impactos ambientales de la producción y consumo de productos que yo desconocía: deforestación, contaminación, maltrato…

A todos nos han dicho que, para comerte un filete, un animal tiene que morir, pero no solemos conocer todas las implicaciones. También se suele pensar que la leche o los lácteos no son tan graves y lo que hay detrás de la explotación de las vacas es tremendo.

El sistema está muy bien diseñado para que el público general no sepa, tenga que investigar por su cuenta y disocie para no pensar en todo lo que implica.

A raíz de hacerme vegana desarrollé una empatía mucho mayor hacia todos los animales. Y el medioambiente es algo que me preocupa y me perturba mucho, pero también es una causa con la que cuesta más que la gente empatice, porque a veces parece poco tangible. Hablar del planeta a veces no conecta tanto de primeras y es una lucha compleja.

La actriz vuelve a compartir protagonismo con Tamar Novas en 'Clanes'.

La actriz vuelve a compartir protagonismo con Tamar Novas en 'Clanes'. Esteban Palazuelos

Y más aún en el momento que vivimos, en el que el negacionismo y la desinformación climática están a la orden del día.

Hace poco estábamos desarrollando un proyecto relacionado con el restaurante y se me ocurrió buscar cuánto había ahorrado yo, en términos de recursos, desde que soy vegana. Usé una calculadora y mi pareja me sugirió que probara a meter los datos de La Huerta: facturación, número de comensales, etc.

El cálculo de lo que había ahorrado el local en un año era superior a lo que yo había logrado en nueve. Eso me reforzó la idea de que está muy bien intentar enamorar a la gente del veganismo y responder a quienes preguntan, recomendar documentales, etc., pero mucha gente rechaza la palabra por considerarla radical, como si fuera todo o nada.

Yo siempre abogo por que cada uno tome conciencia y dé los pasos que pueda y quiera, pero que pueda sostener sus acciones en el tiempo. Reducir el consumo, aunque sea un poco, ya es muchísimo. Lo vi clarísimo con las cifras: todas las personas que han comido allí han contribuido a una reducción ambiental concreta y medible, y eso es muy gratificante.