La autora y periodista, invitada del pódcast.

La autora y periodista, invitada del pódcast. Sara Fernández.

Protagonistas

La periodista Mamen Sánchez, sobre su última novela: "En situaciones duras, el humor negro es lo que más ayuda"

Con El año que Margarita se fue a París, aborda el nido vacío, el deseo silenciado y la necesidad de reencontrarse a una misma.

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Rosa Sánchez de la Vega
Publicada

Mamen Sánchez, periodista y directora adjunta de la revista ¡Hola!, es una autora reconocida por combinar humor, sensibilidad y emociones cotidianas en sus novelas.

Tras varios éxitos editoriales como La felicidad es un té contigo o La flor y nata, regresa con El año que Margarita se fue a París, su obra más íntima hasta la fecha. Una historia que aborda el nido vacío, el deseo silenciado y la necesidad de reencontrarse a una misma.

A través de una protagonista sin nombre, explora ese momento crucial en la vida de una mujer cuando, tras dedicarse plenamente a la maternidad, se queda sola y comienza a cuestionarse qué quiere más allá de ese rol.

Con una narrativa emotiva y cercana, la novela reflexiona sobre la identidad femenina, los cambios generacionales y la búsqueda de sentido en las etapas de transición personal.

¿Qué te llevó a contar la historia de una mujer que no se va a ninguna parte, pero en la que todo empieza a cambiar por dentro?

Fue un cambio de etapa en mi vida personal. Llevaba tiempo sin publicar, intentaba empezar novelas, pero no me sentía cómoda.

Un día me di cuenta de que no quería escribir ficción como siempre, sino algo que me estaba pasando por dentro y me angustiaba: el miedo a que mis hijos crecieran, se fueran y sentir que esa etapa terminaba.

Cuando ejerces de madre full time eres muy protagonista de la familia, y al acabar eso, tienes que cambiar de perspectiva. Entonces entendí que no quería hacer una novela de aventuras, sino algo más personal.

¿Dirías que el miedo al nido vacío fue el detonante narrativo y emocional que te impulsó?

Sí, es ese miedo, la edad, los cambios normales que hay en todas las familias, las circunstancias, el aprendizaje... El hecho de no haber escrito en cinco años me dio tiempo para pensar y para vivir.

Mamen Sánchez durante la entrevista.

Mamen Sánchez durante la entrevista. Sara Fernández.

¿Crees que hemos confundido durante generaciones el amor con la renuncia?

No es eso, es simplemente que a veces no es posible separar esos dos conceptos. Por mucho que lo intentes, tienes que escoger un tipo de vida u otro.

Casi siempre escoges el de madre.

Pues sí, qué quieres que te diga.

¿Qué lugar ocupa la culpa en esta historia? No me refiero a una culpa aplastante, sino a ese peso sutil que muchas veces nos acompaña.

Es un sentimiento que está siempre en el aire. Desde el día que dejas a tus hijos en la guardería y te vas a trabajar, ya te sientes culpable. Y piensas: "Pero un momento, si solo voy a trabajar".

Ni siquiera me lo voy a pasar bien, que podría, pero aun así te asalta ese sentimiento. Y luego hay personas que lo acusan más que otras. Yo tengo mucha sensación de culpa, y no es bueno. A ver si consigo trabajar en eso…

¿Se debe ser algo más que madre?

Sí, por supuesto. Ser solo madre no basta para ser feliz; hay que ser algo más. De hecho, lo necesitas para estar completa y ser alegre, interesante, divertida... Si te quedas solo en ese papel, no sé si lo vas a lograr. Todas tenemos muchísimo que aportar y disfrutar.

Creo que las mujeres lo hacemos muy bien; sabemos sacar adelante nuestras aficiones y espacios propios. A los hombres, a veces, les cuesta más. La protagonista del libro no rompe con todo, simplemente se queda, observa y recuerda.

Portada de 'El año que Margarita se fue a París', el último libro publicado de Mamen Sánchez.

Portada de 'El año que Margarita se fue a París', el último libro publicado de Mamen Sánchez. Sara Fernández.

¿Crees que hay una revolución en lo pequeño y en lo silencioso?

Yo considero que sí, totalmente. Las historias sencillas, pero cargadas de emoción, nos llegan más adentro. Últimamente, leo mucho ese tipo de libros y me gustan mucho.

¿Por qué decidiste que la protagonista no tuviera nombre?

No lo decidí, simplemente nunca hizo falta ponérselo, porque a ella, se refieren como "mamá", "hija mía"…

Porque lo que estás haciendo es provocar una elección en la lectora.

Pues puede ser, que cada una identifique a esta mujer un poco consigo misma. No lo había pensado, pero tienes razón. A lo mejor, ese es el motivo.

La historia atraviesa dos voces, la de la madre y la de Margarita. ¿Qué buscabas en ese diálogo generacional?

Aunque hay más voces, al leer el título parece que la historia es de quien se va, pero en realidad es de la progenitora que se queda. Me interesaba mostrar esa relación entre generaciones: madre, hija y abuela.

Es una historia de amor entre mujeres. Mis hijas dicen que las niñas de la novela son buenísimas, y yo les respondo: como vosotras.

¿Cómo cambia la relación de la protagonista con su cuerpo, con el tiempo y con la soledad?

Cada vez busca más naturalidad, menos imposiciones, más sencillez y paz. La vida que llevamos en Madrid, trabajando y con hijos, es tan llena que a veces no cabe más, incluso demasiada felicidad. Llega un momento en que se necesita calma.

Quizá esa precede a otra tormenta, pero cuando cambias de etapa, necesitas silencio y serenidad. En este momento de mi vida quiero que todo fluya desde la calma, desde la naturaleza.

En el libro hay una frase que dice: "Quiero comer crudo, estar sola, envejecer como la barandilla oxidada de un barco". Basta ya de cremas, cirugías y presiones para no hacerse mayor. Pues no, se envejece, y no pasa nada. Cuesta aceptarlo, pero llega.

Mamen Sánchez, periodista y directora adjunta de la revista '¡Hola!'.

Mamen Sánchez, periodista y directora adjunta de la revista '¡Hola!'. Sara Fernández.

¿Crees que cuando llega ese silencio, dentro y fuera, es cuando una mujer empieza a saber lo que realmente quiere?

Sí, muchas veces el silencio es clave. Estar sola, pasear, reflexionar… todo eso ayuda a encontrarte.

¿Cómo ha influido tu experiencia como madre y mujer en esta historia? ¿Eres tú la protagonista?

No exactamente. Me reconozco más como una mezcla entre la madre y la abuela. Soy una persona un poco neurótica, preocupada y angustiada, pero también muy alegre que disfruta de la vida. Estoy entre ambas.

¿Escribir este libro fue una forma de autoexploración o de sanación?

Sí, de las dos cosas. Ha sido sanación, exploración y descubrimiento.

¿Qué emociones te ha provocado el nido vacío y la transformación que conlleva?

Aún no lo tengo del todo vacío, pero empiezo a verle las orejas al lobo, que es peor. Quizá luego no pasa nada y todo es maravilloso. Como decía Churchill, que se pasó media vida preocupándose por cosas que nunca sucedieron. A mí me ocurre un poco eso.

Mi vida aún está llena: hijos, novios, novias... ya empieza a haber movimiento. A lo mejor se vacía en un tiempo, pero también puede volver a llenarse.

Autoras de palabra con Rosa, Mamen Sánchez

¿Crees que la maternidad cambia la percepción de la identidad femenina?

Ser madre te transforma la percepción de todo. Sin hijos, tal vez eres otra cosa: profesional, aventurera... Cuando estás con ellos, intentas que no se note lo loca que estás. O que se perciba, quién sabe.

¿Qué importancia tienen para ti la aceptación y el perdón, hacia ti misma o hacia la protagonista?

Soy bastante fácil de perdonar. No me gusta guardar rencor. Siempre busco una explicación positiva al comportamiento de los demás. Además, no creo que nadie quiera hacer daño a propósito, depende de cómo lo tomes tú.

¿Cómo defines la magia de la realidad que aparece en el libro?

Es realismo mágico. En el día a día pasan cosas esotéricas inesperadas. Siempre hay que estar preparado para las buenas noticias.

El humor es muy importante en esta novela, ¿qué papel tiene para ti?

Es fundamental, sobre todo, en momentos difíciles. A veces, en situaciones duras, el humor negro y divertido es lo que más ayuda.

¿Esta novela también visibiliza a las mujeres que viven una maternidad eterna, casi ancladas?

Sí, pero hay que evitar supeditaciones de ambos lados. Una madre que hace a sus hijos dependientes les impide volar, y unos hijos que vuelven dependiente a su madre la condenan a quedarse estancada. La autonomía es fundamental y aunque duela pensar que nos veremos menos, será una relación más libre, intensa y concentrada.

¿Cómo te sientes después de escribir el libro? Desde la lectura y como madre que ha vivido el nido vacío

Totalmente preparada, aunque a veces siento ganas de hacer como la protagonista y salir por la puerta. La maternidad es una etapa larga, 20 o 25 años con los hijos en casa, y da vértigo porque parece que esa es toda tu vida, pero para nada, esta dura mucho. Los cambios cuestan, pero siempre traen cosas buenas y sorpresas. La vida da regalos y hay que vivirla.

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