Mónica Pineda, veterinaria especializada en reproducción equina.

Mónica Pineda, veterinaria especializada en reproducción equina. Jose Verdugo

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Mónica Pineda y la reproducción equina: "No soy mamporrera, hago felices a los caballos"

Esta veterinaria extremeña, apasionada del campo y los animales, cuenta el funcionamiento de su oficio y habla sobre cómo es llevar las riendas en un mundo de hombres.

17 noviembre, 2022 11:31

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Mónica Pineda vive en Extremadura y se encarga, entre muchas otras labores veterinarias, de la reproducción equina, su trabajo preferido. Cargada con todas las herramientas necesarias, recorre campo por campo y atraviesa la dehesa hasta llegar a las fincas para extraer el semen de algún semental.

Y aunque parezca mentira, la pasión por los caballos no viene de familia: "Soy la primera y única veterinaria en mi casa, donde todos son empresarios. No ha habido ni finca ni ganao, nunca", cuenta. Se formó en el Depósito de sementales de Jerez de la Frontera, donde aprendió el oficio de la mano de grandes profesionales. La gente conoce una parte de su trabajo bajo el nombre de mamporrera. Sin embargo, ella lo odia: "Hago pajillas a los caballos, les hago felices, pero no soy mamporrera, es un término que no me gusta nada".

Con una labia y un acento que le caracteriza, se recoge el pelo para explicar el funcionamiento de su oficio: "Cuando tienes que sacar el semen a un caballo, alguien tiene que sujetar la yegua, otro tiene que entrar con el macho y yo utilizo la vagina artificial". Recuerda cómo en una finca de su región, una vez, tuvo que ordenar a los hijos del dueño que le ayudaran: "Eran chavales de 20 años que no habían visto un caballo en su vida y se asustaron cuando vieron al semental aparecer".

Mónica Pineda habla sobre su oficio.

Mónica Pineda habla sobre su oficio. Jose Verdugo

Pocas mujeres se dedican a esta rama veterinaria, recuerda que en Extremadura antes de 2010 no había muchas, por lo que estaba prácticamente sola. Se trata de un trabajo en el que, como asegura, "se necesita más maña que fuerza". Su condición física no ha supuesto un límite para poder dirigir al caballo: "No tengo absolutamente nada que hacer con esos animales a base de fuerza. Todo ha sido siempre estrategia". Basándose en su experiencia, cuenta que un caballo es fácil de engañar cuando se va a realizar una extracción. 

Ha enviado semen por toda Europa, México, Costa Rica y Estados Unidos, pues muchos ganaderos con los que trabajaba tuvieron grandes éxitos en competición con algunos caballos. Para que todo llegue de forma segura, cuenta el minucioso trabajo que realiza: "El semen tiene que viajar con comida y frío, para que se queden dormidos, pero no congelados. Les das glucosa y leche desnatada. Ahí viven dormidos y cuando vuelven a entrar en calor dentro de la yegua, van a su objetivo".

Hubo una época en la que España empieza a hacer mucho dinero con la reproducción equina: "Era muy emocionante tener una yegua, algo muy chick, una pijada, pero también una idiotez". Asegura que muchos compraban el animal para exhibirlo, sólo como escaparate: "No puedes tener caballos como el que tiene perros para contemplarlos, no tiene ningún sentido". 

Mónica Pineda reencontrándose con un caballo que castró hace años.

Mónica Pineda reencontrándose con un caballo que castró hace años.

Esto supone una de las partes más negativas de su oficio, por eso, le gustan los ganaderos con ideas y objetivos claros. No ve con buenos ojos que muchos valoren la calidad de los animales por su pelo. Y aclara: "Hay cosas que hay que mamarlas". Por eso, no trabaja con el toro bravo, no cree estar capacitada para tomar las decisiones de un veterinario en ese ámbito. 

Muchos no la escuchan

No se siente discriminada como mujer en su trabajo, pero sí lo sintió a veces por su edad. La mayoría de sus clientes son hombres ganaderos y lo que más enfada a Pineda es que no le hagan caso: "He visto tumores en yeguas que sólo pueden quitarse con operación y después de decírselo al dueño, me he enterado que ha llamado a un compañero veterinario porque no creyó lo que le dije".

Mónica Pineda con una oveja.

Mónica Pineda con una oveja.

Además, gran parte de los mayorales son hombres y "son los que mandan en la finca", explica. Aunque haya muchas mujeres que acompañen en esta labor, son pocas las que se encuentra a la cabeza del oficio.

Los días más duros para la veterinaria suceden cuando un animal fallece. Les ha visto morir porque el dueño no ha querido aplicar la solución adecuada. "He presenciado situaciones de caballos que están muriendo, sudando y padeciendo dolor. He pedido al dueño que lo lleve al hospital o que deje que lo duerma para que no sufra", detalla. Sin embargo, muchos no quieren seguir sus pautas y piensan que "haciendo un cortecito en la oreja al caballo o sacándole sangre del cuello se va a curar". No más lejos de la realidad, acaban muriendo con un gran dolor.  

Los peores momentos

Su hermano insiste en que monte una clínica, pero Pineda lo tiene claro: "Siempre campo, es lo que quiero, llevo toda la vida trabajando en la dehesa con cochinos. Me encantan los pequeños animales, pero no tengo una clínica porque me aburro".

Ha conocido a personas magníficas y consiguió que uno de sus clientes vendiera un caballo pura raza española capa negra a Miguel Ángel Gil. Sin embargo, no todo ha sido positivo, y aunque ha luchado contra algunos infortunios nunca ha pensado en dejar su oficio porque, como enfatiza: "Me encanta la reproducción y traer bichos al mundo".

Preocupada, se acerca con el móvil para enseñarnos la imagen de su brazo infectado por ántrax (también conocido como carbunco). Esta infección bacteriana, por la que mueren muchos carroñeros y animales del campo, casi le hace perder la mano. Tardaron 10 días en darle un diagnóstico. 20 días ingresada y penicilina cada 4 horas para, al fin, eliminar la bacteria que, afortunadamente, no consiguió colarse en su torrente sanguíneo.

Mónica Pineda realizando una ecografía a una yegua.

Mónica Pineda realizando una ecografía a una yegua.

En otra ocasión, realizando una ecografía a una yegua uno de sus clientes asustó sin querer al animal que se tropezó y cayó con el brazo de Pineda dentro: "Se me cayeron encima 500 kg. Entonces me llevaron al hospital con una hemorragia interna y me rompí todas las lumbares". Pensó que se desangraba en el camino al hospital, pero consiguió salir de este accidente tras una dura recuperación.  

Pineda no sólo atiende caballos y animales de ganadería también le apasionan los perros de caza. A veces, acude a monterías por si surge alguna urgencia con los canes: "Acompaño a varias rehalas porque los cochinos pueden dar a los perros varias palizas y si no actuamos allí se me mueren directamente". Después, el animal se traslada a la clínica donde es intervenido si es necesario. 

Le apasiona su tierra y todo lo relacionado con el campo, disfruta observando y ayudando a todos los animales con los que trabaja. Ahora, sobre todo, vacuna ovejas y vacas. Quiere seguir desempeñando su labor y recorriendo cada finca muchos años más porque como destaca: "Tengo vocación y me apasionan la medicina y los animales a un nivel enfermizo".